Regulación de la cannabis: el mismo prohibicionismo patriarcal

Con 82 votos a favor, 18 en contra y siete abstenciones, el día de ayer en el Senado de México se aprobó la  Ley Federal para la Regulación de la Cannabis. Un hecho histórico para les consumidores que durante años se han enfrentado a la criminalización del consumo. A pesar de ser un avance histórico, sigue siendo una ley prohibicionista y patriarcal. Las exigencias para que garantice nuestros derechos humanos deben continuar porque aún le falta llegar a la Cámara de Diputados.

Regulación patriarcal

El proceso de dictamen fue liderado por el senador, Julio Menchaca, presidente de la Comisión de Justicia, un hombre hecho por el patriarcado y el capitalismo. Julio Menchaca, emblema del prohibicionismo, se proclamó por una regulación restrictiva donde les campesinos quedan fuera del mercado de cannabis. 

Sí, la regulación mantiene condiciones de producción y limitaciones a la obtención de semillas por parte de campesinos, lo cual sigue restringiendo que estos puedan entrar al negocio legal. 

Dice Zara Snapp, cofundadora del Instituto RIA: “Nos preocupa que las comunidades no puedan transitar al mercado legal y que las empresas integren verticalmente varias etapas de la producción, con las licencias”.

Tras el hueso del gran negocio de la cannabis van desde el ex presidente Vicente Fox, hasta las grandes empresas canadienses y gringas. 

Regulación sin despenalización

La posesión entre 28 y 200 gramos será sujeta a multas de hasta 15,000 pesos mexicanos (unos 750 dólares). Quien tenga más de 200 gramos de cannabis puede enfrentar entre cinco y diez años de prisión. La posesión simple sigue siendo criminalizada y objeto de multas. Se permite el cultivo de hasta ocho plantas. 

Instituto RIA

El clasismo dentro de la regulación evidencia que los consumidores de drogas de los clubs o los de las empresas blancas con licencias no serán los detenidos y criminalizados. Son les compas del barrio los que seguirán sufriendo las golpizas y  la impunidad.

Tan solo durante noviembre en la alcaldía Azcapotzalco se realizaron varios cateos a predios del barrio, acusados de narcomenudeo. Entraron a las casas de vecinos y amigos aunque en algunas de ellas ni siquiera se vendían sustancias o estupefacientes. De cerca pude ser testigo de cómo se llevaron a mujeres y menores de edad. Mujeres que se relacionaron con la venta de drogas por la falta de empleo, jefas de familia que no encontraron otro camino más que el de ser mulas del crimen organizado. 

Regulación, sólo para algunos

Entre las que se llevaron fue a mi vecina Nancy, del barrio de San Bartolo Cahualtongo; una compa a quien el prohibicionismo patriarcal consumió y la alejó de programas de rehabilitación dignos. Una chica de 26 años que se perdió en el barrio, en el  amor romántico y en el estigma de ser una mujer consumidora.  

El día 19 de septiembre del 2020, Nancy se encontraba como siempre, en el barrio, viviendo y sobreviviendo a la calle. Sin saber lo que iba a pasar, se fue a comer a casa de otras compas de la colonia: el barrio nunca te deja sola y ella lo sabía. Fue a pedir alimentos a la casa de una de las mujeres acusadas de narcomenudeo y mientras comía les cayó el cateo policial. Ahora se encuentra en el reclusorio. Se le extraña y se le recuerda en las historias de la primaria juntas. 

Para la “Manzanita”, como se le conoce en el barrio, no llegó la regulación a tiempo. Y aún si hubiera llegado, ella no encaja con esos consumidores fresas o whitexicans. Ella es una víctima más de la guerra contra el narco, una guerra que no busca desmantelar al crimen organizado sino taparle el ojo al gato en un narco-estado como lo es el méxicano. 

Y las madres cannábicas

La regulación impone la necesidad de consumir alejados de menores de edad. La ley no pensó en las madres consumidoras, en esas mujeres que día a día cuidan a los hijos, madres solteras, jefas de familia; trabajadoras que consumen no sólo medicinalmente, sino que también consumen por placer. 

Ser madre es una labor que no es de color de rosa como la pintan. Las madres también necesitan despejarse y tener acceso al libre desarrollo de la personalidad. Dicha restricción estigmatiza a las mujeres consumidoras con hijos, cosa que nos pasa en el consumo de alcohol y tabaco.

Existe una clara necesidad de una regulación con perspectiva de género. Con más mujeres cabildeando con senadores y diputados. 

Prohibicionismo patriarcal

El período prohibicionista comenzó en el siglo XX en Estados Unidos, a través de políticas punitivas sobre distintas sustancias desde los diferentes estados, las cuales sirvieron para estigmatizar y perseguir a distintos grupos de personas. Uno de esos grupos somos las mujeres, inferiorizadas históricamente, pues hemos tenido que sufrir la violencia policial y de organizaciones criminales.

Fue el sistema patriarcal el instaurador del prohibicionismo y se ha ensañado contra las mujeres y otros grupos vulnerables.  Somos las mujeres el emblema de las prohibiciones, delimitadas al espacio privado y privadas de nuestra libertad. 

En específico, el prohibicionismo contra las sustancias o drogas, se ejerce en patrones socio-culturales. Esos patrones fueron y son marcados por el sistema patriarcal, el cual funciona para limitar el desarrollo de las mujeres. La ejecución patriarcal se realiza a través de la discriminación y la exclusión, las cuales colocan a las mujeres a merced del crimen organizado.

Sí, reconocemos lo histórico de la ley en México, un país que lleva una pseudo guerra de 15 años contra el narcotráfico. Pero las mujeres organizadas no nos conformamos con ella.

Queremos garantías para nuestros derechos humanos. Queremos la desmantelación de grupos criminales que nos aniquilan con la trata de mujeres. Queremos una amnistía para nuestras hermanas en cárcel. Queremos políticas de drogas con perspectiva de género y programas que incidan en el barrio, que incidan en las mujeres y los grupos más desprotegidos. 

Estefanía Millán

1 Comment

  1. free-da

    Del prohibicionismo al regulacionismo patriarcal

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