12 de junio: día mundial contra el trabajo infantil

En 2002, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) proclamó el 12 de junio como “El día mundial contra el trabajo infantil”. La principal intención es crear conciencia sobre esta problemática, tomar acción por parte de medios de comunicación, de los gobiernos locales y federales, la sociedad civil, y así, en conjunto cambiar esa terrible realidad. Y, aunque lanzar el día e inundar el Internet, la televisión y la radio sobre esta monstruosa situación sirve, no es ni de cerca la solución. ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo actuar? Lo primero es aclarar algunos términos.

Lo primero que me hizo mucho ruido cuando escuché el nombre de esta fecha fue la palabra “trabajo”. ¿De verdad se puede hablar de “trabajo” infantil? El artículo 2° de la Ley Federal del Trabajo nos define la palabra así:

Art.2°. […] Se entiende por trabajo digno o decente aquél en el que se respeta plenamente la dignidad humana del trabajador; no existe discriminación por origen étnico o nacional, género, edad, discapacidad, condición social, condiciones de salud, religión, condición migratoria, opiniones, preferencias sexuales o estado civil; se tiene acceso a la seguridad social y se percibe un salario remunerador; se recibe capacitación continua para el incremento de la productividad con beneficios compartidos, y se cuenta con condiciones óptimas de seguridad e higiene para prevenir riesgos de trabajo.

Ley Federal del Trabajo

Actualmente, 31 millones de mexicanos (más de la mitad de la población del país) tienen trabajos precarios: no tienen seguro social, ni reciben un salario justo; su jornada (inhumana) laboral va desde las 12 a 16 horas, con horas extras sin pago (en la gran mayoría de los casos) y un largo etcétera. En síntesis, si así está la condición para el adulto promedio, ¿qué podemos esperar para los niños? Trabajo forzado, invisible y normalizado: explotación.

Por otra parte, el Instituto Mexicano de la Juventud define trabajo infantil como “toda actividad económica que realice la población de 5 a 17 años. En México se consideran personas jóvenes a aquellas entre 12 y 29 años de edad, por lo que el grupo de 12 a 17 años que trabaja, se encuentra en condición de trabajo infantil”.

No obstante, no debe confundirse esta fecha con el 16 de abril Día Mundial contra la Esclavitud Infantil, día en el que se conmemora el asesinato de Iqbal Masih, un niño de 12 años de edad que fue esclavizado desde los 4 años (trabajaba jornadas inhumanas, haciendo artesanías para saldar una deuda infinita). Iqbal logró escapar cuando cumplió 10 años y dedicó el resto de su vida (3 años, pues lo mataron a los 13) a luchar en contra de la esclavitud infantil; su trabajo dio frutos, muchas fábricas fueron cerradas, y muchos niños, liberados.

Iqbal Masih

Aún con la diferencia de fechas, las causas son las mismas:

El sistema económico actual nos afecta a todos, en especial a los niños; hoy, todos le debemos mucho a la infancia. Click To Tweet

Trabajo infantil en el mundo

Según el último informe oficial de la Organización Nacional del Trabajo (OIT), que va de los años 2012 al 2016:

152  millones  de niños se  encuentran en situación de trabajo infantil, de  los cuales, 73 millones realizan trabajos peligrosos. Poco menos de la mitad.

¿Qué es trabajo peligroso? El Convenio de la OIT define el trabajo infantil peligroso del siguiente modo:

El trabajo que, por su naturaleza o por las condiciones en que se lleva a cabo, es probable que dañe la salud, la seguridad o la moralidad de los niños.

Cualquier empleo cuyo entorno laboral sea inseguro -por sus condiciones naturales-, insalubre y que además atente contra la salud física, mental y psicológica de un niño es un trabajo peligroso. ¿Qué imagen se te viene a la mente? Casi todos los sitios donde ves trabajando a un niño.

Volviendo al informe:

  • África es el país que más emplea niños (19.6%). América, nuestro continente, ocupa el tercer puesto (5.3%).
  • De los 152 millones de niños en situación de trabajo infantil, el 68% son varones. Cabe destacar que el informe señala que no se puede calcular exactamente la cantidad de niñas empleadas porque el trabajo doméstico (al que van en su mayoría) no es siempre se declara.
  • De esos 152 millones, el 48% son niños entre 5 y 11 años de edad.
  • La actividad económica que más los emplea es la agricultura: 70.9% de los 152 millones de infantes.

Acá te dejo el informe completo, por si quieres leerlo.

Respecto a la metodología de este informe: son estimaciones cuyos datos se basan en:

105 encuestas nacionales de hogares que abarcaron a más del 70% de la población mundial de niños de entre 5 y 17 años. [Como particularidad de este reporte], se han cubierto todas las regiones del mundo y, por primera vez, se han incluido datos de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y China.

Trabajo infantil en México

De acuerdo al Informe de avance cuatrienal sobre el progreso y los desafíos regionales de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe, México ocupa el segundo lugar en trabajo infantil y adolescente no permitido, con la cifra de 2, 217,648 de niños declarados en el 2015. El número uno de América es Brasil con 2, 671, 893 declarados el mismo año.

Según el Instituto Mexicano de la Juventud, hasta 2017 los principales motivos por los que los niños y adolescentes trabajan son:

  • Porque el hogar necesita de su aportación económica (28.5%)
  • Para pagar sus estudios y/o sus propios gastos (25.9%)
  • Por el gusto por trabajar o sólo por ayudar (19.4%)
La mayoría de los niños que trabajan en México no tienen otra opción, y al parecer tampoco una salida; el informe de la OIT sostiene que el trabajo infantil suele estar asociado con la marginación educativa. Click To Tweet

Ante una jornada laboral que un niño no debería tener, el tiempo que resta no lo puede dedicar a la escuela; y si lo dedica el rendimiento académico no es el mismo. Y se refleja en las cifras mexicanas: de la población adolescente que trabaja, el 42.7% ya no asiste a la escuela.

Entonces, ¿qué hacemos?

Lo primero y más importante: reconocer el privilegio que tenemos. Y no, no se trata de que “pudimos salir adelante gracias a nuestra dedicación”. Es absolutamente inhumano que creamos que un niño es pobre “porque quiere”, o por “culpa de sus papás”. Hubo y hay un millón de circunstancias que propiciaron el que muchos de nosotros lográramos (o al menos intentemos) subsistir a este sistema económico, y que los otros no lo puedan hacer. Conciencia de clase y empatía son los principales utensilios que se necesitan para lograr hacer una crítica e iniciar un trabajo.

Por otra parte, existe un esfuerzo mundial. A lo largo de 10 años de trabajo, según la OIT, se ha reducido el trabajo infantil, pero aún queda mucho por hacer. En 2015, se adoptaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que en su meta 8.7 hace un llamado de emergencia internacional para que se adopten “medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzoso; poner fin a las formas contemporáneas de esclavitud y la trata de seres humanos, y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados”. Este mismo tratado planea que para 2025, el trabajo infantil haya desaparecido en todas sus formas.

Sin embargo, no hay una fórmula universal para luchar contra el trabajo infantil. Los tratados, más allá de compartir información sobre una situación, sirven para dar alerta y meter presión. A lo largo de estos siete meses (hasta junio, 2019), el nuevo gobierno federal no ha mencionado el problema sobre el trabajo infantil en México. Así mismo, se debe tener como prioridad a las comunidades marginadas de la República; como ya mencioné, el mayor empleo de infantes va dirigido a la actividad agrícola, y en México se puede ver en cifras, pues el 71% de los niños trabajan en pesca, silvicultura, ganadería y acuicultura (tanto en cuidado como en distribución económica). Los niños que crecen en el campo son de los más vulnerables.

Atender a los llamados de la UNICEF, OIT y a la Convención sobre los derechos de los niños; crear trabajos dignos y bien remunerados para los padres de estos infantes; buscar nuevas alternativas económicas y sustentables en las actividades de agricultura; colocar centros educativos cerca de las comunidades más alejadas; brindar apoyos económicos a los niños; respetar las leyes que existen sobre el trabajo infantil y, de verdad, sancionar a los que violan estas normas… El trabajo es mucho y muy pesado, pero la primera pista ya la tenemos: no es un trabajo individual, ni es una situación de la que un niño se saldrá con “mucho esfuerzo”.

 

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