Ley Olimpia: ¿Es el punitivismo el opio del feminismo?

Primero que todo, me gustaría aclarar que este texto es una invitación a reflexionar cómo estamos construyendo nuestros movimientos y qué es lo que pretendemos lograr desde ahí. De ninguna manera aspira a criticar o cuestionar a las víctimas, a las activistas que han alcanzado importantes logros en materia judicial, ni a su búsqueda de la justicia. Aunque tampoco pretendo callar ante una problemática que todos los días veo con preocupación: las implicaciones que tienen algunas formas de lucha y las medidas punitivas.

El pasado jueves 4 de noviembre se aprobó la llamada Ley Olimpia contra la violencia digital, algo que fue recibido como un logro para un amplio sector del feminismo y partidos políticos. Sin embargo, también suscitó todo un debate en torno a las implicaciones que esta y otras medidas similares puedan tener, su aplicación y sobre todo, el riesgo de que puedan ser utilizadas para contravenir los derechos humanos de un gran porcentaje de la población. No fueron pocas las voces de activistas, tanto fuera como dentro del mismo movimiento feminista, que vimos con desconfianza la aprobación de dicha medida por varias razones.

Primero tendríamos que preguntarnos: ¿las medidas punitivas realmente funcionan?

En los últimos años se han impuesto condenas récord para feminicidios y otros tipos de violencia con motivos de género. Llegando, en Edomex, a tener hasta doble alerta de violencia de género, pero nada de esto ha servido, ni para erradicar, o mitigar siquiera, la oleada de violencia contra las mujeres que existe en todo el país. Todo lo contrario, en la última década los feminicidios han ido en aumento de manera gradual sin que alguna de estas medidas haya dado realmente resultados.

Que quede claro que la crítica no consiste en invalidar el trabajo realizado por activistas para alcanzar ciertas medidas. Concuerdo con que bajo las circunstancias actuales es importante tener certezas jurídicas, sobre todo cuando hablamos de un país con nulo acceso a la justicia por parte de mujeres y otras poblaciones vulneradas. Sin embargo, hay que plantearnos si estas medidas realmente están alcanzando los objetivos que buscamos para tener una vida libre de violencia, o si pueden prestarse a abusos. Sobre todo por parte de autoridades para fungir como un órgano censor que terminará como todo tipo de represión policiaca: traduciéndose en abusos contra las vidas de personas pertenecientes a grupos en vulnerabilidad, por motivos de clase, raza, género y diversidad sexo genérica.

¿Ustedes creen que la misma institución que nos golpea, nos gasea, nos viola (y recientemente, balacea) y reprime en manifestaciones, será la solución a la violencia que padecemos las mujeres? Es tan ingenuo como tratar de apagar un incendio con gasolina.

A propósito, la activista feminista antirracista Angela Davis, que siempre ha sostenido una postura muy firme ante la abolición del sistema carcelario, dijo en el marco del Día Internacional de la Mujer Afrolatinoamericana y Afrocaribeña en 2017:

“¿Cuánto de transformador hay en mandar a alguien que ha cometido violencia contra una mujer a una institución que produce y reproduce la violencia? Las personas salen aún más violentas de la cárcel. Adoptar el encarcelamiento para solucionar problemas como la violencia de género reproduce la violencia que tratamos de erradicar…Si el Estado utiliza la violencia policial para solucionar problemas, se transmite el mensaje de que la violencia también puede utilizarse para resolver problemas en otros ámbitos como en el de las relaciones de pareja. No podemos excluir la violencia de género de otras violencias institucionales”

También al respecto, la activista feminista Paulina Rocha, quien ha hecho una amplia labor apoyando a personas privadas de su libertad, menciona:

“El abolicionismo carcelario no niega la responsabilidad que cada individuo tiene por sus acciones. Habla del castigo como sinónimo de justicia en una sociedad donde la cárcel se volvió el epítome de esta. Habla de encontrar nuevas formas de resolución de conflictos. (…) Las mujeres que reivindicamos esta corriente somos también supervivientes de muchas violencias patriarcales, desde luego no queremos ignorar lo que nos ha sucedido. Pero yo sí les digo, la justicia no está en la cana. Basta pararte ahí pa convencerte al respecto.”

Medidas similares a la Ley Olimpia se han presentado en muchos congresos estatales, siendo aprobadas por gobiernos tanto de corte conservador como liberal. Pero como dice la frase popular: “en los detalles está el diablo”.

Estas medidas han encubierto varios tipos de enunciados que podrían enmascarar fines no muy positivos, como legitimar la censura digital, la persecución de mujeres que ejercen el comercio sexual a través de estos medios, entre muchas otras.

Ha sido una tendencia que grupos y gobiernos conservadores enmascaren de medidas a favor de las mujeres toda clase de medidas antiderechos, que incluso pueden afectar a las mujeres como las que algunas asociaciones antiaborto y anti derechos lgbt han postulado.

El punitivismo no solo es un camino para el patriarcado y sus fuerzas represivas, como la policía, para cometer abusos. También es una forma del estado de deslindarse de responsabilidades en la atención integral de la violencia. Esto incluye la prevención, la reparación del daño para las víctimas, la atención a su salud física, mental y emocional y un sistema funcional de rehabilitación para quienes ejercen la violencia, a fin de prevenir la futura reincidencia; además de un compromiso con un cambio estructural que permita erradicar los patrones machistas subyacentes en nuestra sociedad y cultura que generan y normalizan estos tipos de violencia.

Lamentablemente, los abusos que se pueden generar bajo la sombra del punitivismo no solo pueden venir por parte de las autoridades. También pueden comprometer al propio movimiento feminista y a nuestra integridad; llevarnos a un estado de posiciones antiderechos y abusos contra otras personas. Se pueden convertir, más que en búsqueda de justicia, en búsqueda de revancha y odio.

A propósito de esto, podemos recordar el caso sucedido el pasado 2 de noviembre del presente año. Dos youtubers que se encontraban realizando un live para sus seguidores, interactuando con la gente que circulaba por el centro de la Ciudad de México, fueron acusados por un grupo de feministas de acoso sexual por grabar e incluso realizar tocamientos indebidos contra un grupo de jovenes mujeres, con quienes únicamente tuvieron una interacción de pocos segundos. Como muestran los vídeos, nunca hubo tales agresiones. Los jóvenes fueron increpados y agredidos por el grupo mencionado de feministas, detenidos durante la noche y puestos en libertad al día siguiente. ¿Es esto por lo que estamos peleando como movimiento?

Otro caso lo vimos recientemente dentro de la okupa de la CNDH donde, para justificar sus expresiones de odio contra la comunidad trans, iniciaron una campaña de linchamiento e incitación de la violencia. Con acusaciones tan absurdas como empujar a alguien en un bar, y otras más, excusaban estigmatizar a toda la población trans como “violadores”.

Mucho me ha incomodado esta tendencia feminista que cada día se inclina más por lo policial y la represión. Que por buscar formas de resolución a los problemas con un enfoque estructural se usen frases como: “hasta que el miedo cambie de bando”, me hace estremecer. Formar parte de un movimiento que busque convertirse en parte del brazo represor del estado y cambiar la balanza de la opresión, no es ni de cerca por lo que yo estoy luchando.

Como una mujer que ha sido víctima de violencia sexual y otros tipos de violencia por identidad de género, clase y orientación sexual, puedo decir que el punitivismo no es un camino hacia la justicia. La policía nunca ha sido nuestra aliada y nunca lo será. La violencia que padecemos debe ser combatida pero de forma integral, no solo con medidas paliativas que pretenden apagar nuestro descontento y que al final terminarán convertidas en letra muerta.

Agradezco a las activistas que han compartido sus reflexiones para aportar una mirada más integral al tema que se aborda en este texto: Lupita Luttmann y las integrantes de Marcha lencha, quienes me recuerdan que la lucha es por y siempre debe estar con las víctimas. A Paulina Rocha por permitirme citar sus importantes reflexiones sobre el tema y en general a todas las mujeres que luchan incansablemente por que otras mujeres tengan justicia. 

Selene Miranda

Soy feminista con enfoque interseccional, activista independiente por los derechos de las mujeres y la diversidad sexual y de género, estudiante y autodidacta.

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