Glosario feminista: “R” de Responsabilidad Afectiva

¡Ay, la responsabilidad afectiva!

Conocí a sujeto X en una app de citas. Conversamos unos cuantos días y quedamos para ir al cine. “Uff, qué rico hueles”, le dije. Nos besamos, nos tocamos y tuvimos sexo (muy bueno, por cierto). Hablamos y acordamos que todo sería casual, sin compromiso; ninguno de los dos estaba listo para esas cosas, aún. ¡Qué viva el amor libre!, ¿no? Es lo de hoy. 

Duramos así dos meses. Tuvimos varios encuentros (sexuales y amistosos) y muchas pláticas de diversos temas (música, arte, cómics…). Todo iba fantástico, tanto que comencé a sentir un afecto especial. ¿Fue un error? No sé.

No quería salir lastimada, así que retomé el tema de los acuerdos con sujeto X. No, él no quería una relación seria, ¿qué me quedaba? Aguantarme. Ambos quedamos en seguir siendo “cogiamigos”. Pero, ¿qué pasó después? Nada. Literalmente, dejó de responder mis mensajes, aún cuando lo tenía en redes. Yo no le insistí, ¿para qué? No teníamos nada serio. Debía aguantarme. Un día, de repente, vi en su Instagram una foto de él muy acaramelado con una chica. Sentí un golpe en el pecho. “¿Por qué?”, me cuestioné. “¿Dónde está tu deconstrucción? ¡Debería darte gusto que esté con alguien y sea feliz!”. Fui muy dura conmigo y minimicé el dolor que sentía (¡el cual era completamente válido!). Él no fue empático conmigo, ni responsable con nuestra relación (libre o no) porque no me comunicó sus decisiones. No fue mi culpa, ni fui una exagerada. Él falló.

Responsabilidad Afectiva

La responsabilidad afectiva es un término que se originó en las reivindicaciones del movimiento feminista de la tercera ola con el objetivo de reflexionar sobre las formas en las que nos relacionamos. Implica tomar responsabilidad con respecto a las acciones que tienen lugar en una relación (amistosa o amorosa): por qué, cómo y qué consecuencias traerán, además del impacto que tendrá sobre los individuos involucrados en la relación. 

Su principal fin es evitar, en la mayor medida posible, daños por desacuerdos emocionales. El ejercicio de la responsabilidad afectiva es poder expresar los deseos propios para establecer acuerdos con los otros. Quizá, ningún miembro obtenga por completo todo lo que anhela, pero el sufrimiento innecesario se evitará. Ésta debe existir en todos los tipos de relaciones. No existe amor libre ni poligamia sin responsabilidad afectiva, su ausencia da pie al abuso y a la  violencia.

Para saber más…

Puedes ver leer Ética promiscua de Deassie Easton, el artículo “Amor libre y Poliamoría” de Coral Herrera Gómez y “Comunicación afectiva para derrumbar el amor romántico” de Lidia Gatica.

Oleaje

Colectiva Oleaje es un grupo por y para mujeres cuyo principal objetivo es generar espacios para discutir y compartir ideas y experiencias con el fin de generar estrategias para combatir las violencias de género que vivimos a diario.

Licencia

0 Comments

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *