Lo personal es político, un ensayo de Carol Hanish

Febrero, 1969

Para iniciar este ensayo quiero puntualizar algo de lo que se habla mucho en el debate izquierdista: “terapia vs. terapia y política” o también “lo personal contra lo político”, seguramente tiene otros nombres porque se ha extendido por el país. Todavía no he ido a visitar al grupo de Nueva Orleans, pero he estado participando con grupos de Nueva York y en Gainsville por más de un año. Ambos han sido etiquetados como “terapéuticos” y “personales” por mujeres que se consideran “más políticas”.

Aquí quiero hablar de esos denominados “grupos terapéuticos” desde mi experiencia.

“Terapia” es, evidentemente, la palabra errónea si tomamos en cuenta la definición formal. La terapia asume que el paciente está enfermo y que existe una cura, es decir: una solución personal. Primero que todo, me ofende muchísimo que se piense que yo, o cualquier otra mujer, necesitamos terapia. ¡A las mujeres nos joden, no estamos jodidas por default! Tenemos que cambiar las condiciones, no adaptarnos a ellas, y la terapia es adaptarme a mi pésima situación personal.

No hemos hecho mucho para tratar de resolver los problemas personales inmediatos de las integrantes. La mayoría de las veces elegimos los temas así: cuando nos es posible, nos turnamos para llegar a la reunión con algunas preguntas (por ejemplo: ¿Cuál prefieres, o preferirías, un bebé niño o niña? ¿O no tener hijos y por qué? ¿Qué pasaría en la relación si tu pareja (hombre) ganara más que tú? ¿Y si ganara menos?) y las respondemos con base en nuestra experiencia. Así todas hablamos. Al final de la reunión tratamos de hacer un balance general de todo lo que se dijo y ver cómo se relacionan las respuestas entre sí.

Ahora, o desde hace mucho tiempo, estoy convencida de que todo lo que hacemos en esas sesiones es un actuar político. No asisto porque quiera o necesite hablar de mis problemas, de hecho prefiero no hacerlo. Como mujer activista, se me ha presionado para ser fuerte y desinteresada, para hacer sacrificios y en general, para tener control sobre mi vida. Reconocer que tengo problemas es reconocerme como alguien débil. Quiero ser una mujer fuerte en el activismo y no aceptar que tengo problemas reales para los que no puedo encontrar una solución personal (a excepción de los que están directamente relacionados al capitalismo).

No voy a esas reuniones para resolver mis problemas personales. De hecho, una de las primeras cosas de las que nos dimos cuenta en el grupo, es que los problemas personales son problemas políticos. En estos tiempos no existen soluciones personales. Sólo hay una acción colectiva para una solución colectiva.

Fui y sigo yendo a éstas porque me dieron todo un entendimiento político que ni todas mis lecturas, discusiones, acciones políticas ni mis cuatro años en el movimiento me dieron. Tuve que quitarme mis lentes rosas y enfrentar la horrorosa realidad de lo terrible que es mi vida como mujer. Estoy obteniendo un crudo entendimiento de todo, opuesto a los entendimientos esotéricos, intelectuales y a los nobles sentimientos forzados que tuve hacia los problemas de otras.

No voy a negar que las sesiones tienen mínimo dos aspectos terapéuticos. Incluso prefiero llamarlos “terapia política”, opuesto a la “terapia personal”. Lo más importante es deshacernos de la culpa. ¿Imaginan lo que pasaría si las mujeres, las personas de color y los obreros (mi definición de trabajador, es la persona que necesita trabajar para vivir, a diferencia de las que no. Todas las mujeres somos obreras) paráramos de culparnos a nosotros mismos por nuestras tristes situaciones? Me parece que todo el país necesita ese tipo de terapia política. Esto es justo lo que hace el movimiento negro, a su manera. Y nosotras lo haremos a la nuestra. Apenas estamos dejando de culparnos.

También parece que estamos pensando por nosotras mismas, por primera vez en nuestras vidas. Como lo explica la caricatura en Lilith: “Estoy cambiando, a mi mente le están creciendo músculos”. Los que creen que Lenin, Marx, Engels, Mao y Ho tienen la última palabra y que las mujeres no tenemos nada que añadir, claro que ven a estos grupos como una pérdida de tiempo.

Los espacios en los que he estado tampoco se han inclinado por un “estilo de vida alterno” o por lo que significa ser una mujer “liberada”. Rápido llegamos a la conclusión de que todas las alternativas son pésimas gracias a las condiciones actuales. No importa si vivimos con o sin un hombre, en comunidad, en pareja o solas, si estamos casadas o solteras, si vivimos con otras mujeres, nos inclinamos al amor libre, al celibato, lesbianismo o a cualquier combinación, sólo hay cosas buenas y malas en cada situación. No existe una forma “más libre”, sólo tenemos malas alternativas.

Todo esto es parte de una de las teorías más importantes que estamos desarrollando. La llamamos “la línea pro-mujer.” La teoría dice, en pocas palabras, que las mujeres somos increíbles. Todo lo malo que se dice de nosotras como mujeres es un mito (“las mujeres son tontas”); tácticas que usan las mismas mujeres para pelear individualmente (“las mujeres son unas perras”); o cosas que en realidad queremos llevar a una nueva sociedad y compartir con los hombres (“las mujeres son sensibles, emocionales”). Como grupo oprimido, las mujeres actúan por necesidad (hacerse las tontas frente a los hombres) no por elección. Hemos desarrollado increíbles técnicas para nuestra supervivencia (vernos bonitas y sonreír para obtener/mantener un trabajo o a un hombre) que deben usarse cuando sean necesarias, hasta que el poder de la unidad las pueda reemplazar.

Las mujeres somos listas al no sufrir en soledad, como las personas de color o los obreros. No es peor estar en casa que en el horrible mundo laboral, ambas son malas. Las mujeres, como los negros y los trabajadores, debemos parar de culparnos por nuestros “fracasos”.

Tardamos diez meses en poder articular esto y relacionarlo con las vidas de todas las mujeres. Tenemos que considerar el punto en el que nos encontramos para decidir qué vamos a hacer. Cuando iniciamos el grupo, de haber sido por la opinión de la mayoría, habríamos salido a protestar a las calles en contra del matrimonio, embarazo, uso del maquillaje, trabajo doméstico… y a favor del amor libre, de la equidad sin el reconocimiento de las diferencias biológicas y quién sabe qué tanto más.

Ahora vemos todas estas cosas situaciones como solucionables desde lo personal. Muchas acciones de grupos – políticamente– activos han sido bajo esos lineamientos. Las mujeres que llevaron a cabo todo lo “anti-femenino” en Miss América son las mismas que gritan y exigen acción sin tener la teoría. Los integrantes de uno de los grupos quieren abrir una guardería privada sin un análisis real de lo que en verdad necesitan las niñas, mucho menos un análisis de cómo abrir esa guardería aceleraría la revolución.

Protesta política de las New York Radical Women. Fuente:
Bettmann Archive / Getty Images

Con esto no me refiero a que no debamos tomar acción. Estoy segura de que las integrantes del grupo que, de momento, no desean realizar nada, tienen muy buenas razones. Yo tengo una. Para mí, todo esto es sumamente importante, tanto que quiero asegurarme al máximo de que lo estamos haciendo de la mejor forma posible y de que sea la acción “correcta”, de la que me sienta segura.

Me rehúso a salir y “producir” para el movimiento. Tenemos muchos conflictos en nuestro grupo de Nueva York respecto a si actuar o no. Cuando se propuso la protesta a Miss América no hubo dudas, todas queríamos hacerlo. Y creo que fue así porque todas la relacionamos con nuestras vidas. Sentimos que participar era lo correcto. A pesar de que varias cosas se hicieron mal, la idea base estaba ahí.

Así ha sido mi experiencia en grupos acusados de ser meramente personales o “terapéuticos”. Tal vez algunos grupos deberían considerarlo. No es necesario dejar de analizar desde las experiencias personales a favor de la acción inmediata, sino descubrir qué se puede hacer para que funcione. En algún momento varias de nosotras comenzamos a escribir un manual sobre esto, pero nunca pasamos del esquema. Estamos trabajando en ello de nuevo y esperamos tenerlo a más tardar en un mes.

Es cierto, tenemos que aprender a sacar mejores conclusiones de las experiencias y de los sentimientos compartimos, a hacer todo tipo de conexiones. Algunas de nosotras no hemos dado el mayor esfuerzo para comunicarnos con las demás.

Una cosa más:

Fuente: Duke Libraries

Las mujeres que trabajamos 24/7 en el movimiento tendemos a volvernos muy cerradas. Cuando alguna mujer externa no está de acuerdo con nosotras, automáticamente asumimos que es por su falta de educación política. Nunca consideramos la posibilidad de nosotras estar equivocadas.

Las mujeres han dejado el movimiento en masa. Y es que estamos hartas de ser esclavas sexuales y de hacer trabajos de mierda para hombres cuya hipocresía es tan descarada en su postura política de liberación para todos (los demás). Y hay mucho más que eso, solo no puedo plantearlo todavía. Creo que las mujeres “apolíticas” no participan por muy buenas razones y mientras sigamos diciéndoles: “tienes que pensar como nosotras y vivir como nosotras para unirte a nuestro mágico círculo” vamos a fallar.

Lo que trato de decir es que existen cosas en las conciencias de las mujeres “apolíticas” (yo creo que todas son muy políticas) que son tan cálidas como cualquier conciencia política que creamos tener.

Habríamos de empezar a entender por qué tantas mujeres no quieren actuar. Tal vez hay algo mal en las acciones o con nuestras razones para actuar. O tal vez no tenemos suficientemente claro en nuestras mentes el análisis del porqué de nuestras acciones.


*Traducción

*Texto publicado con fines informativos y de difusión libre.

Sam Cremayer

Traductora, escritora y feminista. Medio geek, medio darks. Full Oleaje.

6 Comments

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