Tener un cuerpo no es fácil, por eso recomiendo About Betty’s Boob. A diferencia de las existencias primigenias, etéreas e infinitas, ser y habitar un cuerpo implica muchos problemas: que si el combustible, que si el tamaño varía, que si las enfermedades, que si se rompe… que si otros deciden su valor, que si lo entregas, que si no debe comportarse como materia orgánica, que si te lo arrebatan y dejas de sentirlo como tuyo. No es fácil.

Hace unos años, enfermé de bronquitis. No es padecimiento mortal ni mucho menos, pero, ciertamente, no es nada agradable. Recuerdo que empezó como un resfriado normal, pero la tos se fue agravando hasta que apenas podía dormir.

Cada mañana despertaba ahogándome, sin poder jalar o expulsar aire por varios segundos; corría desesperada al baño para apoyarme en el lavabo y hacer presión sobre mi diafragma con la esperanza de poder liberar el aire. Recuerdo que la úvula quedaba muy sensible; en varias ocasiones, la tos catalizaba el reflejo del vómito, una de las sensaciones que más odio en este mundo.

Recuerdo que en aquel entonces, mi pareja (con quien ya llevaba diez años) vivía conmigo. Las cosas iban mal. Este hombre “leal y honorable” me había engañado y yo trataba de reparar eso que no sabía cómo se había agrietado en primer lugar. Se quejaba diciendo que mi tos no lo dejaba dormir; solía hacer caras de cansancio, estupor o hartazgo cada vez que me ponía peor.

Cuando lloré de tristeza —ya inherente a la relación— y por la impotencia de tener un cuerpo que no podía controlar, me dijo desde su lado de la cama, sin acercarse: “No llores, sólo lo vas a empeorar”.

Qué sola me sentía a su lado.

En fin, la enfermedad pasó, me dejó una úvula y una garganta tan lastimadas que no podía reír a carcajadas sin vomitar. Poco tiempo después, él se fue para conseguirse una nueva pareja. Una menos rota, que sí le sirviera.

Así, hecha pedazos y, poco a poco, empecé a desconocer mi cuerpo. Había aprendido a verme con sus ojos. Siempre me había sentido insegura, por no tolerar muchos alimentos, por mi vejiguita nerviosa, por mi gastritis/colitis, por ser poco femenina, por no ser lo suficientemente fuerte; pero con él —por una u otra razón— muchos miedos se potenciaron; sobre todo, el miedo a darle asco, por mi apariencia, por mi olor, por mi sabor.

Por eso a veces me negaba a sus avances, porque me sentía un cuerpo demasiado cuerpo, demasiado materia. Entonces él hacía expresiones de frustración contenida y yo me sentía culpable por decepcionarlo. No me interesaba gustarle a nadie más (él había sido el primero en muchos aspectos); ahora que ya no estaba, ¿de qué me servía mi cuerpo de mujer?

Lo toleraba porque me permitía moverme de aquí para allá y desahogar el dolor de sentirme descartada; pero verlo me enojaba porque me recordaba el origen y el fin, la presencia y ausencia de su deseo. Así es nuestro mundo, ¿cierto? Nos enseña que debemos patearnos a nosotras mismas después de que otrxs nos han dejado en el suelo.

About Betty’s Boob

About Betty’s Boob (Archaia, 2018) apareció en el catálogo de cómics digitales como si quisiera alcanzarme entre la multitud para abrazarme. Vero Cazot y Julie Rocheleau, así, juntas, me contaron la historia de una Betty Boop un tanto distinta al personaje tan aniñado como sexualizado de los treintas.

Aquí la presentan como una mujer que se somete a una mastectomía para salvar su vida. Debido a su cuerpo mutilado, pierde tanto a su pareja como su trabajo antes de aprender que el mundo es mucho más grande y divertido de lo que imagina.

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(Página del cómic About Betty’s Boob)

El planteamiento, en términos de trama, no es la cosa más original del mundo; pero la manera en que lo cuentan es de una elocuencia tal, que me permitió darle forma a eso que me estaba envenenando por dentro.

About Betty’s Boob es un cómic mudo, es decir, carece de texto, de tal suerte que su lectura discurre de una manera más sensual, más visceral, más femenina. ¡Ah, sí! Porque si algo aprendí de Karin Littau (en Teorías de la lectura. Libros, cuerpo y bibliomanía, 2008) es que leer desde el cuerpo, desde los afectos, es un ejercicio eminentemente femenino. Es un modo de leer como mujer, y ello de ningún modo significa que sea básico o degradante con respecto de una lectura masculina/lógica/racional.

Es curioso porque Cazot y Rocheleau no se enfocan en el dolor de padecer cáncer y sus tratamientos, no exploran las imágenes del cuerpo que se mata a sí mismo desde el interior o el sentimiento de soledad que se cierne sobre quien sufre la enfermedad; lo que ellas quieren contar es lo que pasa después, lo que ocurre cuando desaparece ese cuerpo que no sólo te contiene o que habitas, sino que eres tú. De ahí About Betty’s Boob.

Porque es mentira que somos independientemente de nuestros cuerpos; nosotras somos gracias a que primero somos cuerpos mutables. Por eso duele tanto cuando esa persona que amabas empieza a apartar la mirada, con lástima, con asco, con indiferencia y caes en la cuenta de que los “Te amo” se hacen cada vez más escasos, más espaciados entre sí, hasta que dejas de escucharlos.

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(Página del cómic About Betty’s Boob)

Entonces tratas de sobreponerte al miedo de que ya no eres lo que él quiere y reúnes los poquitos destellos que te quedan de cuerpo sexual y deseante y los ofreces una última vez, esperando que todo sea como antes. Pero no. Ya nada es igual. Porque el tiempo ha pasado y eres cuerpo demasiado cuerpo (que hace ruido, que apesta, que escurre, que molesta) ya no el cuerpo que él podía disfrutar en una carnalidad medida de acuerdo con su deseo.

Y como te horroriza la idea de forzar a alguien que amas, te quedas ahí, expuesta y humillada ante un extraño al que sientes que debes pedirle perdón una y otra vez. 

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v(Página del cómic)

Al final, de entre todo lo que pierdes, te queda tu cuerpo, así que debes aprender a habitarlo de otro modo e intentar ser tú otra vez mientras te enteras de que hay cuerpos deseables y deseantes de todos tipos que buscan encontrarse y ser juntos.

Desde una experiencia muchas veces inefable, entendemos. Por eso no queremos que otras se sientan así. Porque no es justo.

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(Página del cómic About Betty’s Boob)

Pero la vida es necia y no le importa a quién complace, de manera que su pulsión también se manifiesta en la furia y dolor recurrentes que implican la memoria absorbida por medio de nuestros sentidos. Aunque su rostro, su voz y su presencia empiecen a desdibujarse en tu cabeza, el cuerpo se aferra a la pegostiosidad afectiva de los recuerdos (Sarah Ahmed, La política cultural de las emociones, 2018), permanece lejos de tu alcance obliterativo, ignora tus arduos procesos intelectuales y continúa su añoranza.

Entonces vuelves a odiarlo porque sientes que te traiciona, porque debería acompañarte a ti en lugar de buscarlo a él. En verdad, nunca estamos más cimbradas en el presente ni somos más conscientes de nosotras mismas en nuestra materialidad que cuando nos duele.

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(Páginas del cómic About Betty’s Boob)

Así aprendes que no hay desvanecimientos o elipsis que valgan. Estás obligada a habitar cada segundo de tu dolor y tu odio hasta que te rindes o hasta que tu propio cuerpo se harta y decida relevarte; te das cuenta de que cuesta trabajo llorar, te trasladas sin tener muy claro cómo, te encargas de mantener un espacio limpio, buscas tu comida favorita (aunque antes sintieras culpa porque eso solías hacerlo con él)… Y todos los días —cuando tocas a tus seres queridos o cuando cierras los puños iracunda, cuando es tiempo de menstruar y cuando la hinchazón te deja en paz, cuando caminas largas distancias o cargas algo pesado— vuelves a entender que, a pesar incluso de ti misma, tu cuerpo sigue ahí, lleno de cicatrices (unas más evidentes que otras), negándose a dejar de existir con todas sus fuerzas.

Y como otras mujeres hicieron contigo, buscas maneras de repararte, de darte motivos de orgullo, de regalarte alegría… Después de todo, siempre hemos estado juntas e intuyo que seguiremos así el resto de nuestra vida.

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(Página del cómic About Betty’s Boob)