Atlantique de Mati Diop y Mi carta más larga de Mariama Bâ: Senegal a dos voces

Una Griot es una mujer que se dedica a narrar historias a través de sus comunidades en algunos países de África occidental. Se convierten en poetas, historiadoras, narradoras, músicas ambulantes y transmisoras de los acontecimientos pasados, presentes, privados y públicos de su entorno. Es en cierta forma, la memoria viva de su tiempo. El oficio de Griot se hereda tanto a hombres como a mujeres. Los cantos/historias van acompañados de música y se dan en el espacio colectivo y en festividades especiales como bodas y bautizos. Ser una Griot conlleva orgullo y responsabilidad, porque quienes cumplen con esta labor son conscientes de que sus relatos perpetuarán la voz de su pueblo. 

Dos mujeres que rinden homenaje a la figura de la Griot a través de sus relatos son Mariama Bâ (1929-1981) y Mati Diop (1982), ambas senegalesas, ambas contadoras de historias fluyendo en ese vaivén entre lo evidente y lo profundo, desarticulando nuestros estereotipos de lo que significa ser mujer en Senegal.

Mi carta más larga de Mariama Bâ

Mi carta más larga de Mariama Bâ, es una novela publicada en 1979, veinte años después de la independencia de Senegal ante la colonización francesa. Ramatoulaye, la protagonista, nos cuenta en primera persona un fragmento de su vida, de la cual se hace consciente tras la muerte de su marido. El ritmo de la cotidianidad se percibe en una narración sencilla, nostálgica, que de ninguna manera opaca las interesantes reflexiones y confesiones que hace Ramatoulaye. La autora, Mariama Bâ, fue una mujer que contó con la oportunidad de graduarse como profesora de enseñanza primaria, incluso llegó a ocupar un puesto como inspectora escolar regional en su país. En sus escritos nos encontramos frente a una crítica a las condiciones desiguales en las relaciones familiares y matrimoniales para las mujeres en Senegal, además de una visión panorámica muy clara, sin falsas pretensiones, de las costumbres y tradiciones senegalesas.

En 2019, casi 30 años más tarde, llega a la pantalla Atlantique, una película de la también actriz franco-senegalesa Mati Diop. Atlantique convirtió a su directora en la primera cineasta africana en disputar la Palma de Oro en Cannes. La cinta de Diop se detiene en la vida de un grupo de mujeres jóvenes que viven la migración de sus novios/hermanos/amigos con la intención de alcanzar el sueño europeo. ¿Qué pasa con ellas? ¿Cuál es el camino que les queda en una sociedad deslumbrada por occidente y atrapada también por la realidad que ese “otro” mundo les ha legado? En primer plano destaca Ada, comprometida por su familia (y la pobreza) a un matrimonio arreglado, mientras en paralelo vive un amor secreto con Souleiman, un chico trabajador que ante el contexto de miseria decide embarcarse hacia el atlántico.

En ambas historias parece que el amor perdido (el que se da con la viudez en la escritura de Mariama Bâ, y el de juventud que narra Mati Diop) es lo que articula las vidas de los personajes. Sin embargo, conforme avanzamos en cada página, en cada minuto, las experiencias de las protagonistas profundizan de una forma muy orgánica en las complejidades y cuestionamientos propios de estas mujeres en un territorio todavía marcado por las huellas de la colonización y soterrado ante la dolorosa promesa de la migración a Europa.

Es por ello que estas voces senegalesas hablan de patriarcado, pero también de violencia y racismo estructural. Nos hablan de negritud, tradición y colonización, temas que casi siempre olvida e ignora el feminismo blanco hegemónico. Por ejemplo, en una pequeña frase que escribe Ramatoulaye a su amiga Aïssatou en Mi carta más larga, le comenta al recordar sus días de juventud mientras viven la transición de la “nueva África”: “Todo el mundo leía periódicos y revistas. África del Norte se estaba moviendo […] Sueño asimilatorio del colonizador, que atraía a sus terrenos nuestro pensamiento y nuestra forma de ser, sombreros a pesar de la ya protección natural de nuestros cabellos rizados […] Toda una generación tomó conciencia, de golpe, del ridículo que se estaba gestando” (p.46). 

En Atlantique estas cuestiones quedan reflejadas en la estética y en los referentes culturales de una generación senegalesa que (sobre)vive ante la sombra de occidente:

Atlantique de Mati Diop

La fortaleza de estas protagonistas se desvela en cómo enfrentan su cotidianidad, el destino impuesto por una sociedad machista, en cuyo caso tomar cualquier decisión es en sí un acto de resistencia ante ese sistema. Pero no es sólo el machismo lo que socava a las personajes y sus cuerpas, es también el capitalismo voraz. En Mi carta más larga, la ostentación del marido para conquistar a una segunda esposa, las modas recién llegadas de Europa, los códigos familiares que perpetúan roles y violencias: “Celebro cada vez que una mujer surge de la sombra […] las obligaciones sociales siguen vacilando y el egoísmo masculino resiste, instrumento para unos, cebo para otros; respetadas u odiadas, a menudo oprimidas, todas las mujeres tienen casi el mismo destino cimentado por las religiones y la legislación abusiva” (p.135).

En Atlantique la respuesta ante ese capitalismo se encarna en las chicas senegalesas que buscan justicia a causa de la falta de pago y las estafas cometidas a los jóvenes de su comunidad. Es la pobreza y explotación de los países del sur global a manos de occidente la que arroja a esos hombres, casi adolescentes, al mar. Basta recordar que al día de hoy, Senegal es uno de los países más azotados por la colonización económica de Francia, tomando en cuenta que la sede del Banco Central de los Estados de África Occidental (gestionado directa e indirectamente por la república francesa) está en Dakar y su moneda sigue siendo el franco.

Está claro que lo que entendemos y consumimos como cultura está marcado por nuestra herencia europea/occidental. Pero mirar otras realidades no sólo supone abandonar metafóricamente el diminuto espacio que reconocemos como cotidiano, sino también nos trae el riesgo de mirarnos frente al espejo de nuestro propio desconocimiento y de los muchos estereotipos que en ocasiones y sin ser conscientes, nos atraviesan y reproducimos.

Atlantique de Mati Diop

Un ejemplo puede ser la insistencia de lxs críticxs por catalogar como cine fantástico el “género” cinematográfico de Atlantique. Lo que resulta un juicio muy limitado, ya que más que ofrecer explicaciones “paranormales”, Diop intenta subvertir la representación de las lógicas de occidente al mismo tiempo que reivindica el mosaico de pensamientos, lenguas y tradiciones ancestrales en Senegal.

El sistema capitalista, patriarcal y racista nos enseña a diario que hay personas que sí importan, historias más valiosas que otras, palabras para ser escuchadas y otras para ser silenciadas. Frente a ello, la respuesta está en las voces y miradas de estas dos mujeres, memorias tan vivas y tan necesarias para los feminismos.

Agradezco a Bombo por enseñarme este pedacito de su tierra. 

Lucero Rivera

Estudié literatura.

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