El detective con pistola en mano, inteligencia y alcoholismo para rescatar a jovencitas desesperadas por acostarse con ellos me tienen francamente aburrida. La imagen  de la ciudad en peligro, envueltos en escenarios sórdidos, tristes y opacos llegó a su límite de repetición. Todo cambió con Killing Eve.

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Mujeres detectives

En las series policiales, todas las protagonistas femeninas parecían calcadas. Su vida personal está atravesada por su gran defecto trágico: ser mujeres poco normadas intentado sobrevivir entre dinámicas y narrativas masculinas. Pensemos en Stella Gibson, protagonista de The Fall, una clásica “come hombres” de mediana edad, fuerte, brillante, entregada, pero come hombres al fin. Ella no puede tener una pareja porque le importan poco los hombres. Eso sí, desarrolla una relación incómoda con el psicópata Paul Spector. Le atrae su inteligencia, su agilidad mental y por eso, ella es incapaz de relacionarse con “hombres comunes”. La serie comienza con ella sola en su casa y termina con ella regresando a su desesperanza.

Sí, porque la soledad es desesperanza, aunque sea una mujer con un trabajo de alto rango, salario estable y vida cómoda.

En contextos más obvios, tenemos a Marcella. Protagonista de la serie homónima, presenta un cuadro psicótico que se desata por completo cuando descubre que su ex esposo tiene una nueva relación. Porque su vida gira en torno a su matrimonio fallido. Un ejemplo más hermoso, y es mención forzosa, es Robin Griffin de Top of the Lake. Ella es una mujer fuerte, independiente, determinada y que logra descifrar el caso al romper el respeto a la jerarquía de poder en su trabajo. A pesar de ser una historia bien armada, con grandes guiños -como la comuna de mujeres en recuperación por violencia de género-, sigue atravezada por ese gran eje: su relación sexoafectiva con Johnno.

Podría seguir describiendo cómo las mujeres de este género llevan su arco dramático dependiendo de los picos en sus relaciones. Lo anterior, sumado a la narrativa visual en la que los momentos más oscuros y fríos ocurren cuando la relación con su interés romántico “está en riesgo”.

Nuevas narrativas

Este monótono panorama se quebró cuando topé con Killing Eve. Las ciudades (Londres, Moscú, París y Berlín) son grandes, espaciosas y no asfixian al espectador. Los cuadros son luminosos, amplios y debo mencionar que la tipografía que diseñaron para las cortinillas es simplemente perfecta. Además no podemos pasar por alto el excelente soundtrack en cada capítulo. La protagonista, Eve Polastri, es una de las mejores en la historia del policiaco. Es distraída, torpe, bromista, cariñosa y con una gran capacidad de socialización. En ella cobra vida el antónimo de la solemnidad, o lo mismo, el antónimo de Sherlock Holmes. Eve se detiene para comer, equivocarse, regresar sobre sus pasos, tener amistades profundas y cercanas, no compite con otras mujeres y desconfía sólo lo necesario.

Killing Eve
Fuente: BBC América

Podemos decir que el defecto de Eve es la relación de admiración y deseo que desarrolla con su antagonista, muy paralela a la de Stella con Paul en The Fall. El cambio radical es que el antagonista es una mujer. Villanelle es en pocas palabras preciosa, encantadora y terrorífica. En realidad es una mujer simple, disfruta de matar, no se cuestiona para quién o por quién trabaja, es cuidadosa, violenta, insensible y obsesiva. No hay más allá, su complejidad recae en la sofisticación de sus herramientas para sobrevivir. Intenta seducir a su jefe para obtener el poder y control sobre él, tiene una seguridad infinita basada en su experiencia, puede medir perfecto el miedo, odio y rencor en los demás y así logra salir de muchas situaciones de peligro.

Killing Eve y el humor

Sin embargo, hay algo que resuena ¿es de verdad una policiaca si no hay oscuridad y desolación en cada cuadro? Sí, pero es una policiaca hecha por y para mujeres. Killing Eve me ha hecho cuestionar la muy masculina narrativa detectivesca.

A diferencia de todas las series ya mencionadas, los chistes y errores son muy comunes en esta producción de BBC AMÉRICA. Vemos a la detective comprando comida, a un asesino profesional preguntando si todos fueron al baño antes de hacer su trabajo; al jefe de un departamento de policía escapando con unas muy torpes zancadas mientras en el teléfono Eve le pregunta: “¿Estás corriendo o estás llorando?”, a lo que él responde: “Estoy llorando mientras corro”.

No encontramos algo que obligue a la detective a encerrarse en sus pensamientos y dejar la vida cotidiana para salvar el mundo. Tal vez, porque el mayor miedo de aquellos que se han aferrado al viejo estereotipo es la verdad: las mujeres no necesitamos que los hombres salven al mundo, menos a nosotras. Todo este tiempo nos parecía ridícula la idea de que algún malcriado que dependiera de Mrs. Hudson, como Holmes, pudiera venir a descifrar el mundo, y por fin alguien lo dijo en voz fuerte y clara.

Es decir, la vida cotidiana domina la narración y esa vida es la que nos pertenece a las mujeres. Durante décadas (fuera de la respetable Agatha Christie y su  Miss Marple), nadie había demostrado que esa vida cotidiana, hilada por pequeños detalles y defectos, podía contener una historia de crimen, con personajes trascendentales y sin apelar a los comportamientos típicos del investigador macho. Killing Eve sale de planteamiento clásico y no piensa dar vuelta atrás. ¿Alguna de nosotras regresaría a nuestra vida antes del feminismo?

En escena no vemos a ningún discípulo de James Bond, no existe ningún hombre joven, viril y que tenga bajo su control todas las situaciones. Aparecen cuatro mujeres a cuadro constantemente, hablan entre sí, se confrontan, respetan, se apoyan y nunca hablan de hombres. Prueba de Blechdel superada. Para sobrevivir Eve bromea con su esposo, compañeros de trabajo y jefes. Ríe con ellos y de ellos, usa la risa para ganar simpatía, quitar lo solemne a las situaciones y ganar terreno.

¿Quieres salir a jugar?

Por su parte, Villanelle tiende a jugar con su jefe y con sus presas. Despliega juegos que al presentarse como tal, hacen a su contrincante olvidarse de la situación de peligro en la que se encuentra. Villanelle tiene el poder de casi todas las circunstancias porque ella diseña los juegos, tiende los caminos y prevé las conclusiones. Son la risa y el juego las grandes herramientas que históricamente han servido para desestabilizar al poder. Resulta evidente porque las dos protagonistas dominan a la perfección estas tácticas: son las dinámicas y planos de acción en los que siempre nos hemos reconocido las mujeres.

Tal vez lo más revelador de la serie es la capacidad de decisión de Eve: elige su trabajo sobre Nico, su esposo; , ignora a sus superiores; y entra de lleno al juego que Villanelle le propone. Por esto es tan revolucionaria la serie, Eve no tiene problemas con los “hombres comunes” como Stella, acá ni siquiera son relevantes para la trama. Tampoco sufre por su matrimonio como Marcella. Su atención está completamente centrada en Villanelle y eso nos encanta.

Killing Eve
Fuente: BBC América

Para concluir, vale rescatar una escena: Eve está sentada en la parada de un autobús, de pronto, nota un quiebre en el vidrio -en el que generalmente colocan publicidad- presiona ese punto, lo presiona y presiona, hasta que rompe por completo el aparador. Eso es lo que está haciendo Killing Eve con el panorama policial actual, notar un quiebre y presionar por ahí hasta terminar de romper todo. Muy similar a lo que las feministas hacemos con este mundo: sostener el dedo en un punto fijo, no porque busquemos tener la razón, sino para reventar este sistema.