Megan Fox y Lana del Rey: la misoginia de ayer y hoy

Lana del Rey publicó una carta el 21 de mayo de 2020 en Instagram; milagrosamente, condensó en unas líneas todo lo tóxico del feminismo liberal. Sin embargo, para efectos de este análisis, nos centraremos en la frase:

Seamos claros, no soy una feminista – pero tiene que haber un lugar en el feminismo para las mujeres que lucen y actúan como yo – (…) el tipo de mujer a la que le  son arrebatadas sus propias voces e historias por mujeres más fuertes y hombres que odian a las mujeres.

En seguida, las críticas se concentraron en el listado que introduce su texto, donde compara su aprobación pública con la de diversas cantantes como Beyoncé, Cardi B Nicki Minaj, etc. Ya que, desde la perspectiva de Lana, mientras que a las otras se les permite hablar de diversos temas, a ella la acusan por glamurizar el abuso, cuando, en realidad “solo es una chica glamorosa que habla de abuso”.

¿Lana del Rey tenía razón?

A riesgo de sonar exageradas, pensamos que, tal vez, Lana tuviera un poco de razón. El asunto no sólo son las letras de Lana, sino los videos y la industria detrás de ella. Éstos son los verdaderos responsables de la glamurización del abuso.

Pensemos en la canción “Blue Jeans”. Seguro, si la recuerdan, la imagen que viene a su mente, es la escena del video en la que el modelo Bradley Soileau entra a la piscina; desplegando, sin reparo, la nueva masculinidad hegemónica. La fórmula visual es simple: dos cuerpos atractivos enmarcados en una historia trágica narrada por la voz de Lana. Ésta, a pesar de simple, fue tan efectiva que la repitieron en  “Born to Die” y “West coast”. Y no es casualidad que dos de esos videos musicales fueran dirigidos por el mismo hombre: Yoann Lemoine.

Lana Del Rey video Blue Jeans

Entonces, no son únicamente las letras de Lana las que hablan de la violencia de pareja como deseable; es la industria la que vende esta narrativa como un “estilo de vida” al cual aspirar.

¿Cómo lo hacen? Concentrando la vista de los consumidores en cuerpos “modélicos”, estilizados y colocados en escenarios lujosos. Así, el mensaje completo es: “si deseas una relación con este tipo de hombre, deberás ser este tipo de mujer y tener esta clase de relación”.

Lana del Rey, video Blue Jeans

Megan Fox siempre tuvo razón

Esta reflexión me recordó un video ensayo de Lindsay Ellis. En este, la youtubera describe las violencias y acoso que sufrió Megan Fox en 2007 tras el estreno de la película Transformers. Ellis explica cómo, a pesar de que el guión pretendía profundizar en el personaje de Mikaela Banes, el director Michael Bayse esforzó por objetivizar a Megan; reduciendo la presencia de Mikaela como el interés romántico de Sam Witwicky.

También, analiza la escena en la que Mikaela abre el cofre de Bumblebee; dando paso a que Sam, la cámara y el espectador, concentren su atención en el abdomen aceitado de Megan. Así, la toma nos invita a ignorar las palabras de Mikaela. En este diálogo, ella admite saber bastante de coches y mecánica pero, añade, casi nunca puede demostrarlo porque “a los hombres no les gusta que sepas más que ellos de motores”. Y henos aquí, más de diez años después, recordando mejor el abdomen de Megan que su diálogo.

Después de esto, la carrera de Megan Fox no llegó muy lejos. Había acumulado demasiado odio misógino por parte de la prensa. A eso se sumó que Michael Bay se esforzó por invisiblizar todo el trabajo que hacía fuera de su mando. Así fue como en 2009 la crítica recibió de la peor forma Jennifer’s Body. Finalmente, éste largometraje adolescente que hablaba de feminicidio y el descubrimiento de la sexualidad, fue un fracaso en taquillas. Resulta curioso pensar cómo un sólo hombre pudo contra una producción comandada por mujeres.

Los efectos psicológicos que tuvo dicho sabotaje sobre el equipo, fueron detallados por Diablo Cody y Megan Fox a finales de 2019, en una entrevista para el canal Entertainment Tonight.

En seguida de la decepción de Jennifer’s Body , ambas decidieron tener hijos; como un rechazo, en palabras de Diablo Cody, a la vida dentro del mundo del espectáculo. Si pensamos con cuidado esta declaración, las implicaciones son enormes. Michael Bay logró el sueño del patriarcado: mandar de regreso a la casa y la cocina a la mujer rebelde.

¿Qué podemos aprender?

El caso de Lana del Rey es un poco diferente. Si dejamos de ver la imagen que proyecta,  nos encontramos con una mujer que reproduce bastantes violencias machistas. Revisando su “Pregunta a la cultura”, título de su carta en Instagram, sorprende su insistencia en envidiar a mujeres negras y racializadas; las mismas que han logrado abrir puertas y visibilidad a otras mujeres con cuerpos y pieles diferentes. Lana asegura que sus experiencias son arrebatadas por mujeres “más fuertes”. Lo que no entiende, o no quiere entender, es que las mujeres racializadas y negras se han tenido que configurar como sujetos fuertes, a consecuencia de vivir dentro de un sistema que insiste en invisibilzarlas.

La industria del espectáculo sigue operando igual que hace diez años, es decir, nos mantiene ignoradas, objetualizadas y explotadas. Actualmente, tiene más eco la foto en ropa interior de una mujer que una reflexión en torno a sus experiencias. Pensemos en la misma Megan Fox, quien lleva años denunciando el acoso laboral y sexual que sufrió por parte de Bay y los medios de comunicación. Sin embargo, sus declaraciones han sido sistemáticamente ignoradas y el odio que recibía cesó hasta que anunció su matrimonio; es decir, hasta que firmó un contrato con otro hombre.

Entonces, ¿simplemente “una es más buena que la otra”? No. Claro que creemos que ambas deben responsabilizarse de los discursos de odio que reproducen. Aunque, con todo, cabe hacer una última aclaración sobre la explotación de sus cuerpos.

Silvia Federici en Revolución en punto cero reflexiona sobre el trabajo en la industria de la moda. Y refiriéndose al modelaje explica: “Esta es una actividad en la que realmente la vida se difumina con el empleo, dado el continuo trabajo sobre el propio cuerpo y la percepción de la imagen propia mezclada con la proyectada”. De esta forma, “modelar” resulta un trabajo de tiempo completo, el cual exige trabajo sobre la vida íntima. Al mismo tiempo, representa un amenaza constante para el empleado, ya que la belleza que exigen los reflectores siempre tendrá fecha de caducidad.

Lo mismo pasa con cantantes y actrices de Hollywood, porque, ¿acaso su función primordial no es exhibir su belleza? No es secreto la exigencia de la industria sobre miles de mujeres para que moldeen sus cuerpos y sus vidas; presentando su intimidad como una marca de ropa, maquillaje, etc. Lana del Rey tiene que vivir acorde a la ficción que le construyeron. Y debe sustentarla con imágenes en instagram y posturas políticas tibias e, incluso, fascistas.

Vale preguntarnos, ¿cuánto del cuerpo, vida y mente de estas mujeres ha sido moldeado desde edades muy tempranas para la obtención de ganancias millonarias? ¿En qué medida, haber nacido con una raza y cuerpo afín a la belleza hegemónica las condenó a la explotación de su vida cotidiana? Claro que hay mujeres con mayores problemas que este par y, por supuesto, son más urgentes. Sin embargo, no olvidemos que son éstas mujeres las que la industria proyecta como un modelo a seguir, modelo que influye enormemente en esas mujeres que son nuestra principal preocupación. 

¿No hay espacio para Lana y Megan en el feminismo?

Tanto Megan como Lana han insistido en que, a pesar de apoyar la lucha feminista, no logran encontrar un espacio dentro del movimiento que las incluya y abrace. Ese discurso es un producto más de la industria que les confeccionó una carrera. Para ésta, nada importa si no es aplaudido y aceptado por todo el mundo. Es importante que las mujeres dejemos de ver el feminismo como un club social al cual sólo pocas pueden entrar dependiendo de las seguidoras en Twitter o Instagram. 

Debemos entender que históricamente, el feminismo se ha fundado en la capacidad de las mujeres para ayudar y trabajar en comunidad con las otras que les rodean. No se trata de que te den un pase de entrada: Por el contrario, se trata de entender y aceptar a las otras, al tiempo que hacemos trabajo de autocrítica, empatía, amor y sororidad. 

Tal vez por eso, muchas mujeres blancas y privilegiadas tienden a sentirse excluidas, ya que siguen esperando conservar su lugar de privilegio que las conserve en el centro de los reflectores. A ellas, sólo queda decirles: cuando estén listas para trabajar desde abajo, aprender a abrazar y ser abrazadas, iremos juntas de la mano. 

Lidia Gatica

Anarquista. Sindicalista. Ensayista feminista.

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