Regresé a Tinder en un momento donde me sentía sola y tenía ganas de conocer gente. No me planteé hacerlo por encontrar una pareja o sexo esporádico, simplemente quería tomarme una cerveza con alguien. No es la primera vez que uso una app de contactos. Lo he hecho a lo largo de mi vida, con más o menos interés, según el momento vital en el que estuviera. 

Mitos y realidades sobre Tinder

Mucha gente rechaza de pleno este tipo de aplicaciones alegando que únicamente se pueden encontrar a malas personas. No entiendo en qué mundo viven, sinceramente. Porque las malas personas no están sólo en una app de contactos, sino también en la discoteca de moda o en el bar de la esquina. Las app para ligar demuestran que las mujeres seguimos siendo “el cebo” y que en un sistema capitalista también se consumen cuerpos y personas. Pero esto yo ya lo sabía antes de usar este tipo de aplicaciones, porque como dije, la gente que hay en eso que llaman vida real (¿acaso no es real en la era de la tecnología hablar con gente por medio de un chat?) también consume sentimientos y físicos ajenos.

No esperaba que durante mi ausencia de Tinder aquello se hubiese convertido en una revolución de la izquierda. Me encontré con perfiles de todas clases, bastantes con dosis claras de machismo y gordofobia. 

Habitualmente mi estancia en Tinder dura, con suerte, apenas una semana. Me agotan las conversaciones insustanciales y tener que volver a empezar por el principio más básico y manido. Entendedme, ya no es por los demás, soy yo, que cada vez me canso más del heteroligoteo. Pasan los años y me convierto en una señora con menos paciencia, así de simple. Pero esta vez, cosas de la vida, estoy durando más en la aplicación. Además de haber conocido a algunos hombres interesantes, analizar los perfiles de Tinder es todo un estudio sociológico. Ánimo desde ya a personas con estudios en esta materia a desgranar este tipo de apps de contactos y más en concreto, a los perfiles que allí se albergan.

Todo comienza y termina en Tinder

Dice mi madre que debo confiar en los hombres, que hay hombres maravillosos. Lo dice desde esa postura de mujer que aun considerándose de izquierdas y sensible socialmente, mira con recelo el feminismo y no tiene claro eso de que vivamos en una sociedad heteropatriarcal. En mi caso, tras ponerme las gafas violetas, no he dejado de analizar mi entorno y veo heteropatriarcado hasta en la suela de mis zapatillas. Y es que el sistema no es algo que flota en el aire, como una nube que señalar; “mira, ahí está el heteropatriarcado pero… ¡en mi casa no!”. El heteropatriarcado se filtra en todo, es la esencia de un sistema construido por y para los hombres.

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En Tinder los hombres también esperan que las mujeres les cuiden y comprendan sin quejarse mucho o, mejor dicho, nada. Vamos, lo de toda la vida pero versión 2.0. Me cuentan algunas amistades, hombres heterosexuales, que en el caso de las mujeres, los perfiles se resumen en dos posibilidades: 1) Buscan una pareja con la finalidad de formar una familia con la impaciencia propia de quien siente que se le escurre el tiempo de las manos; 2) Buscan seguidores para sus redes sociales gracias a físicos considerablemente normativos.

Esto sólo confirma que Tinder es cuna del heteropatriarcado y que hombres y mujeres, criados y educados en este sistema, al final reproducen los estereotipos asignados a su rol de género. En este caso: mujer madre-cuidadora vs. mujer-objeto sexual. Quede claro por mi parte que no me parece negativo que una mujer quiera ser madre o haga de su físico una fuente para promocionarse, simplemente cuestiono las formas de hacerlo y señalo que en todo esto el heteropatriarcado y capitalismo tienen mucho que decir.

Por cuestiones evidentes, me centraré en los perfiles masculinos. Entre otros, también prefiero analizarlos a ellos como sujetos de poder con privilegios sobre nosotras. Voy a resumir algunos de los tipos de perfiles que he encontrado en Tinder. No están todos, pero seguro que os suenan.

El señor cómodo

“Si quieres algo, pregunta”

Esta puede parecer una frase inofensiva. Quién sabe, igual es así. Sin embargo yo lo que observo es una comodidad muy propia del género masculino. ¿Para qué esforzarme si alguna mujer vendrá a atenderme y escucharme? Es como decir “no voy a cuidar pero sí debo ser cuidado, recibiendo atenciones 24/7”. ¿Cómo qué si quiero algo? El fin del patriarcado, que los señores sean menos señores cada día, comer hummus sin parar… ¿Puedes especificar, criatura? ¿Puedes dejar de intentar que una mujer te limpie los mocos?

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El señor confuso con su matrimonio

“Casado. No me juzgues. Mujer sin malos rollos. Discreta”.

Se creen la mayor víctima de la monogamia impuesta, así que ¿por qué no mentir a esas que no les hacen felices?

Al parecer, hablar con su pareja y asumir un divorcio, separación, que el modelo de pareja puede cambiar (relación abierta, poliamor, anarquía relacional…), etc. no está entre sus planes. ¿Para qué hacer las cosas bien pudiendo engañar a otras mujeres y reclamar cuidados constantes? Porque eso es lo que buscan de nosotras aun cuando sólo buscan sexo esporádico. Atenciones sin cesar.

Es muy significativo que especifiquen que quieren mujeres sin “malos rollos y discretas”. Aquí piden cosas muy concretas: de una parte, que si no dejan a su pareja o si de hecho comienzan a engañarte a ti, no te sientas mal y no reclames tener una conversación incómoda, de esas que acaban con lloros; y de otra, que por supuesto les cubras las espaldas y no confieses a nadie que estás con un él, un hombre casado. Vamos, que les apetece aprovecharse de la gente, manipular y mentir. Todo esto maquillado con la pobre historia de un matrimonio acabado que les amarga como justificante para hacerlo todo mal.

El señor que va de amigo “pero”

“No he tenido suerte en el amor. Soy buena persona aunque las mujeres no me den oportunidades. Podemos ser amigos”.

Un nice guy de manual. Ese que se te pega como una lapa excusándose en la amistad cuando solamente está pensando en sexo y que confunde cualquier momento para intentar intimar contigo, aunque le hayas dejado claro que no te gusta. Se considera mejor que el resto sólo porque no es normativo físicamente, pero si lo fuera sería un superficial más. Si no quieres quedar con él, te chantajea; sales con otros, te chantajea; no haces lo que él quiere, te chantajea. Eres una puta. O mala amiga. Tal vez, todo junto. Acaso una lesbiana. Tampoco estás tan buena. O… Tal vez… O.

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El señor psicoanalista

“Seguro que te han tratado mal. Explícame. Cuéntame sobre el resto de hombres. No soy igual que ellos”.

Seamos claras: esta clase de hombres que se consideran así mismos seres de luz, quieren que les cuentes tus miserias para tirártelas a la cara en cuanto puedan, conocer tus vulnerabilidades para llamarte “loca” a la mínima. Es su manera de generar dependencia emocional y manipularte. Cuando estés “sujeta” a él, te acusará de no ser una mujer empoderada. Cuando te sientas “libre”, te acusará de no prestarle atención. Siempre serás menos que él. Siempre te mirará por encima del hombro. Es tu maestro, tú debes callar y aprender.

El señor “buen rollista”

“No quiero dramas. Mujeres con las ideas claras”.

De entrada, no parece una demanda nada fuera de lo normal. Las personas, por lo general, admiramos a gente que sabe lo que quiere y nos aporta felicidad. Sin embargo, mi suspicacia feminista me hace dudar de este “buen rollismo”.

¿No será que este hombre no quiere escuchar reprimendas cuando hace daño? Pidiendo que cuando trate mal a una mujer, la susodicha calle y sonría.

Mi teoría es que muchos hombres no ven su egoísmo y su machismo. Cuando una mujer, plenamente confundida, comienza a expresar su malestar (pudiera ser, no con las formas más correctas, ya que no nos han enseñado a verbalizar disconformidad pero sí a agradar todo el tiempo) se cierran en banda. Reducen todo a la inestabilidad emocional de la mujer.

Los hombres no saben qué es vivir en la piel de una mujer, partamos de ahí. No digo que en su rol de hombre no vivan experiencias traumáticas, posiblemente también derivadas del machismo y la masculinidad hegemónica. Pero hay un abismo brutal entre ellos y nosotras.

Tengo la impresión de que aunque mujeres y hombres vivimos juntos, nuestros códigos son distintos y todavía no nos hemos sentado a descifrar que dichos códigos son fruto del heteropatriarcado, del machismo e inclusive la misoginia. Así que cuando un hombre en Tinder hace un llamamiento a mujeres que le aporten “buen rollo” yo me pregunto, ¿se creen que nosotras queremos hombres que nos aporten “mal rollo”?

En algunos de estos perfiles tienen la osadía de hacer la siguiente petición: “Por favor, mujeres no traumatizadas”. A mí esto me indigna profundamente y me parece de una insensibilidad suprema. Si el hombre ha escrito “no traumatizadas” es porque ha conocido a mujeres muy heridas, sanándose o intentándolo. Pero lejos de comprender el porqué del sufrimiento ajeno, decide vetar a las “traumatizadas”. Es muy lícito que alguien no quiera gente con malestares emocionales a su lado (aunque se me antoja de una inmadurez importante). El problema es que en un sistema hecho por y para los hombres, es cuanto menos irónico e injusto que los mismos que nos hieren y nos traumatizan, después nos pidan que no estemos traumatizadas.  

El señor “el sexo esporádico me permite ser idiota”

“Quiero sexo. Pasarlo bien. Libertad”.

¿Qué hay de malo en querer encuentros sexuales? Nada. No me molesta el hecho de que no busquen una relación a largo plazo, sino lo que suele significar para ellos querer divertirse.

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A menudo, consideran que si tú también quieres sexo, eres una especie de tienda 24 horas. Que deben pedir turno y serán los siguientes. Que estarás disponible cuando ellos gusten, a la hora, lugar y momento que concreten. La masculinidad es la búsqueda permanente del control. Así que hasta en las relaciones “no formales” tienen que controlarlo todo. 

Hice una prueba un día. Puse en mi perfil que deseaba conocer gente para tener encuentros sexuales. También escribí algunos criterios sobre cómo quería que se produjeran dichos encuentros y que estaba abierta a tener simplemente amigos o a lo que me deparase la vida.

Muchos hombres me escribieron hablando directamente de sexo y sus gustos. Otros me daban ya un día y una hora para quedar (me produjo mucho rechazo un tipo que asumió desde primer momento, sin yo mostrarme interesada, que iba a coger un tren para acercarme a donde veraneaba, mientras sus criaturas estaban en la playa jugando). Otros reconocían estar excitados (un hombre me dijo que no podía dejarle así… ¿así cómo?, si no me mostré interesada en quedar para tener sexo). El hecho de que una mujer quiera relaciones sexuales les hace entender que dicha mujer no tiene criterio, ni filtro y que puede ser tratada de forma grosera o impertinente.

Creo firmemente que proyectan sus miedos como hombres en nosotras y que la necesidad de controlarnos o de manifestar sus preferencias sexuales de forma tan descarada es otro modo de recordarnos que ellos están ahí para que tú les complazcas (además de ser una muestra clara de que tienen problemas con su propia sexualidad). No parecen vernos como sujetos con opinión. Lo cual me hace volver a pensar lo mismo que he ido señalando durante todo el texto: la mayoría sigue considerando que nuestra labor es cuidar y atenderles, sexual o emocionalmente.

La vida real en Tinder

Estos perfiles reflejan lo que nos encontramos en cada esquina de nuestro barrio, pueblo o ciudad. No son casos aislados que se reúnen detrás de una aplicación de contactos. Estos hombres trabajan con nosotras, frecuentan salas de conciertos con nuestras amistades o forman parte de nuestra vecindad.

Hombres que posiblemente no se hayan siquiera preguntado cuánto tienen ellos de machistas en su día a día y especialmente en sus relaciones sexo-afectivas con las mujeres, reproduciendo esquemas que, si bien han cambiado en las últimas décadas, siguen situándolos en una posición privilegiada desde donde pueden juzgar a las mujeres como amantes y cuidadoras. Da igual si buscan una relación monógama, sexo esporádico o poliamor, por lo general, no han hecho esa auto-crítica con perspectiva feminista y lo que buscan en realidad es ser el centro permanente de una relación que lejos está de la igualdad real.

Muchos de ellos niegan esta realidad, incluso consideran que exageramos. Son los mismos que curiosamente, mientras se ríen, te confiesan que jamás te presentarán a uno de sus amigos porque son unos “capullos” y que todos los hombres tratan mal a las mujeres. ¿Por qué será que se les escapa de vez en cuando este halo de sinceridad?