Como todas las mañanas, el pasado 9 de enero, el presidente Andrés Manuel López Obrador salió a responder las preguntas de los reporteros. Una de las primeras giró en torno a la salud pública y, específicamente, al “problema de la obesidad”. De inmediato el mandatario refirió a la nueva Ley de etiquetado frontal, aclarando que su creación estaba pensada para regular los “productos no nutritivos y que producen obesidad”.

Esta noticia fue abordada por Carmen Aristegui. Cabe aclarar que su noticiero actualmente cuenta con la mayor audiencia a nivel nacional. También reconozco que, en un mundo de hombres, se ha convertido en la periodista más reconocida y respetada en México.

Después de escuchar el audio del presidente, Aristegui invitó a una colaboradora experta en temas de salud y, en seguida, añadió una opinión personal sobre el tema. Recalcó la importancia de revisar nuestros hábitos alimenticios y nuestro entorno. Y así, con un comentario aparentemente inocente en cadena nacional, reafirmó la posición institucional y mediática de criminalizar a los cuerpos en vez de responsabilizar al sistema. Vámonos por partes.

¿Los cuerpos gordos son culpables?

En todo el discurso estatal sobre el derrame económico que implica la atención médica a las enfermedades cardiovasculares, se sobrepone ante toda lógica la causa de “la obesidad”. La lógica, que se desprende de lo anterior, es que “los obesos” son los culpables de nuestra pérdida del 5.3% del producto interno bruto. Luego entonces, pobre de ti si eres uno del 60% de los mexicanos con sobrepeso, porque serás señalado y recriminado porque “tu bocota” nos hace perder dinero a todos.

El asunto es que no logramos entender el origen de la diabetes, hipertensión, colesterol alto, hipotiroidismo y todas las enfermedades que en efecto, están ocasionando una derrama económica importante.

¿Genes de cuerpos gordos?

Debemos informarnos detalladamente acerca de las causas y cuidados de las enfermedades que nos aquejan como sociedad. 

Para empezar, la diabetes. Recientes estudios han demostrado que en América Latina hay una gran presencia del gen de la Diabetes tipo 2. Aunado a esto, como todos sabemos, si alguno de los padres padece o padeció diabetes, aumenta la posibilidad de que los sujetos la contraigan.

Cabe recalcar que la diabetes tiene relación con el Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP). Si bien, no implican lo mismo, las mujeres que padecen SOP presentan cierta resistencia a la insulina. Es decir, el origen de la diabetes en muchos casos de mujeres con SOP no está EN LO ABSOLUTO relacionada con el tamaño ni forma de sus cuerpos. Una cosa más, el índice de grasa corporal (IMC), que sí está relacionado directamente con la diabetes, tampoco tiene relación directa con el tamaño de las personas. Es decir, hay flacos muy grasosos.

¿Enfermedad o estigma?

Otra enfermedad de la que tenemos poca información es la hipertensión arterial. A grandes rasgos, se da cuando la tensión de las arterias es muy alta y, por lo tanto, la presión de la sangre aumenta. Esto conlleva riesgos a la salud, como abrir paso a un derrame cerebral, entre otras complicaciones. Esta enfermedad se liga a la obesidad, ya que tiene una relación directa con la grasa acumulada en arterias, pero, al igual que en el caso de la diabetes, existen personas muy delgadas que presentan dichos síntomas.

La realidad es que la hipertensión arterial encuentra una gran base en un ritmo de vida sedentario. Por lo que la mejor forma de prevenirla es una actividad cardiovascular frecuente que permita el mejoramiento de la circulación, y por ende, el tono venoso. 

Así que resulta que no todo está causado por tener una figura redonda y pachona.  Entonces, ¿por qué los medios de comunicación insisten en que ser gordo es lo peor que nos puede pasar?

Gorditos y bonitos 

El pasado 17 de enero de 2020, Carmen Aristegui retomó el asunto en su programa de radio matutino. Junto a Fabrizio Mejía Madrid y Ana Lilia Pérez, la renombrada periodista llevó a cabo su semanal mesa de análisis. Sin embargo, aquí se contrapusieron dos discursos que vale la pena detallar.

Por un lado, Fabrizio Mejía señaló severamente al 32% de la población mexicana que padece obesidad y cerró con una frase invaluable: “México es el segundo país más gordo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)”.

Ana Lilia Pérez abordó el tema desde un ángulo opuesto. Para empezar, enmarcó el problema de la obesidad con el servicio de salud nacional, los desvíos de recursos de las administraciones pasadas, la pésima calidad en el servicio médico público y el enorme reto que se avecina. Cerró su participación con lo que debería ser la postura nacional de medios de comunicación: “hay que tener empatía con los pacientes”  y remarcó que “estamos hablando de la vida de las personas”. 


Más amor, menos gordofobia

Para prevenir y combatir muchas de las enfermedades relacionadas con la obesidad, se pueden pensar alternativas que no impliquen pedirle a las personas que odien y rechacen sus cuerpos y genes, ni que los orille a tener depresión y baja autoestima. Las verdaderas políticas públicas integrales deben partir de un cambio de discurso, uno en el que de verdad se responsabilice al gobierno y las políticas económicas neoliberales del problema.

 Al mismo tiempo, debe informarse sobre las enfermedades que atentan contra nuestra salud, las formas en las que el cuerpo funciona, los tipos de cuerpo y las inclinaciones genéticas. 

Ante todo, debe pararse inmediatamente el señalamiento y la culpabilización de un problema de índole nacional sobre los sujetos y sus cuerpos. No olvidemos que la salud emocional y mental de un país es igual de importante que la física. 

Las políticas públicas deben atacar directamente a las industrias que nos roban recursos y nos llenan de azúcar procesada como Bimbo, Nestlé, Coca-Cola, etc. También, deben perseguir la reducción de la jornada laboral, porque no pueden esperar que una madre soltera regrese de una jornada laboral de diez horas, o más, atienda a sus hijos y salga a practicar ejercicio al tiempo que se procura una dieta balanceada.

En el mismo sentido, los gobiernos deben respetar el derecho de los ciudadanos a acceder a espacios libres de contaminación y seguros para ejercitarse. Otra vez, las industrias deberían verse completamente restringidas en este aspecto.

Amor gordo colectivo

La gordofobia de los medios de comunicación y del discurso institucional están impulsados por el miedo a los empresarios. Buscar culpables en los individuos y no en su origen, es decir, la economía capitalista. Los gobernantes y sus administraciones prefieren una población deprimida, anoréxica, bulímica y ansiosa, antes que enfrentarse al gran capital. Si el Estado no puede garantizar una vida digna, al menos, dejen de estigmatizar nuestros cuerpos.

Desde los espacios colectivos debemos resistir a estos discursos. Las compañeras que conformamos Oleaje, sabemos que el cambio no está en nosotros mismos, estamos seguras de que el capitalismo patriarcal nos está matando y que los derrames económicos no importan más que nuestra felicidad.

No olvidaremos que nuestra mejor arma siempre será amarnos más, aceptarnos más y fortalecer nuestros vínculos.
Si has sido víctima de los discursos godófobos mediáticos o institucionales envíanos tu testimonio a contacto.oleaje@gmail.com.