Divide et impera: las luchas sociales bajo el capitalismo

Si luchamos contra el sistema primero tenemos que entender, ¿qué es el sistema? Algunas personas lo definen como el capitalismo, otras como el patriarcado, otras como el colonialismo, pero el sistema es, de hecho, los tres a la vez: el CIS-Hetero/ Sexismo, el clasismo, las guerras, la explotación, el racismo, etc. Son mecanismos de un único sistema de explotación humana, una bestia de tres cabezas (como el Cerbero resguardando las puertas del infierno) y, si no caen los tres, no caerá ninguno.  Si queremos erradicar la opresión y la injusticia social, las luchas deben ser contra el sistema en su conjunto, no solo contra el aspecto que nos resulte más inconveniente.

El feminismo y el análisis de clases afirman que la división sexual del trabajo en las sociedades sedentarias estableció la diferencia entre hombres y mujeres a nivel social. Sin embargo, esto omite un hecho fundamental, para el nacimiento del patriarcado/sociedad de clases fue necesario un componente: el colonialismo.

Solamente entendiendo la división sexual del trabajo no se explica la desigualdad entre clases sociales ni su nacimiento; pero entendiendo la explotación de clase, se explica cómo surgió esta división sexual en función de la reproducción de un sistema de propiedad privada. Sin embargo no se explica completamente por qué surgieron explotaciones de seres humanos sobre otros y la clave es: la guerra.

Las sociedades bélicas de conquista fueron el punto en el que se estableció un sistema de castas, sexista, de explotación y esclavitud a través de la violencia y el despojo. En ellas se crearon las relaciones de poder del género, clase y la raza, colocando al hombre como conquistador, guerrero patriarca y amo. Pero sobre todo a los hombres de ciertos grupos sobre otros, puesto que, aún en una sociedad sedentaria organizada, las desigualdades no implicarían un nivel de explotación y violencia que solo podría existir a raíz de la explotación de un pueblo sobre otros. No es casual que la construcción de la identidad de los hombres y la masculinidad hegemónica occidental, esté constituida sobre la violencia, la falta de empatía, el dominio, la competitividad y la fuerza. Estas son las características que históricamente se necesitaron para los guerreros, es decir, opresores.

En tanto se vea a los otros como diferentes e inferiores es fácil explotarles. Es decir, la deshumanización, los estados, las religiones y los poderes económicos convirtieron la explotación en un derecho y hasta un deber para “protegerles y llevarles la civilización o darles un sustento”, por encima de las mujeres y pueblos oprimidos. Por ello, la cultura, la religión, las ciencias y el estado, usan al hombre blanco como medida universal.

Luchas sociales capitalismo

Historia de las luchas sociales bajo el capitalismo

Las luchas sociales han existido a lo largo de la historia. Las revoluciones dieron inicio a un periodo de cambio donde la antigua clase dominante  (la aristocracia) pasaba a ser reemplazada por la burguesía, pero la justicia que se le prometió al pueblo a costa de su sangre y sacrificios, nunca llegó. Las revoluciones nacen del descontento del pueblo y del deseo de justicia, es entonces cuando las clases acomodadas que desean hacerse de más poder se apropian de las legítimas causas para sus intereses. La mayor contrarrevolución han sido siempre las clases dirigentes.

La revolución haitiana sería el ejemplo para  las revoluciones posteriores. Los Cimarrones eran grupos de hombres y mujeres esclavizados que huían para construir sus propias comunidades, representando a las primeras luchas anticoloniales. El caso de Haití fue de los primeros en que las potencias establecieron sanciones y bloqueos económicos. Su crimen fue ser una revolución liderada por y para los oprimidos. No importa la época, las “potencias” siempre van a ver por sus intereses racistas y de clase, mientras las poblaciones racializadas y  empobrecidas continúan alzándose, para posteriormente ser traicionadas por aristocracias y burguesías locales. Aún después de las independencias, el racismo y desigualdad siguió presente.

Durante la revolución industrial, las condiciones de la clase obrera fueron deplorables: jornadas laborales injustas, trabajo infantil, sueldos muy precarios y empresas que contrataban mujeres ofreciendo un sueldo inferior. Explotación que continúa hoy día.

Fue en Inglaterra donde se vieron los primeros movimientos sindicales durante el siglo XIX , procesos que motivarían a los teóricos marxistas en su análisis de la lucha de clases.

Tras los conflictos bélicos de gran escala y la incorporación de las mujeres al ámbito laboral, los movimientos de mujeres organizadas para exigir el sufragio, el derecho al trabajo ya la  educación fueron precursores del movimiento feminista.

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Por otro lado, las luchas anticoloniales han sido parte indispensable para entender las luchas sociales. La revolución haitiana; en EE.UU., la lucha afroamericana por los derechos civiles; las luchas antiimperialistas en Vietnam, la India y África, fueron procesos importantes que cambiarían el panorama geopolítico. En México, el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional fue un punto clave en las luchas indigenistas de la región.

La lucha por los derechos LGBT+ también ha sido un punto importante en la actualidad. Integrado el movimiento por  disidencias sexuales y de género, mujeres racializadas, trans, lesbianas, bisexuales y pobres, estuvieron siempre a la vanguardia de la lucha.

Marx definía la lucha de clases como el motor de la historia, por ello cuando la Unión Soviética llegó a su fin con la caída del muro de Berlín y  más tarde con la desintegración del Bloque Soviético, el economista Francis Fukuyama declaró que: “La historia había llegado a su fin”(Fukuyama. The End of  History and the Last Man). Así, el Capitalismo se ostentaba ganador y obtendría la hegemonía global política, económica, social. Pero esto no solo tuvo impacto sobre los pueblos que vivieron bajo los regímenes socialistas, fue el último clavo del ataúd para los llamados “Estados del bienestar”, el sindicalismo y la implantación global de un modelo que se había estado gestando desde tiempo atrás pero que, debido al conflicto con el Socialismo y el riesgo de alzamientos proletarios, no se había implementado ampliamente: el Neoliberalismo.

Los años 90 fueron la época dorada del Capitalismo, pero el costo no fue menor: las guerras para preservar el control de los recursos petroleros fueron el primer indicio de que no era el sistema perfecto que se prometió. Las crisis económicas, privatizaciones y rescates bancarios fueron una constante en el mundo, en México con el FOBAPROA, la privatización de la banca, carreteras, telefonía entre otras. Ahora, sin oposición, no nos quedaba más que observar cómo nuestro futuro nos era arrebatado para enriquecer más a los ricos y empobrecer más a los pobres.

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Divide et impera

Cuando la abogada feminista antirracista Kimberlé Crenshaw estableció el término de interseccionalidad, dio a conocer la forma en que las opresiones actúan, no de manera lineal, si no cruzándose sobre grupos atravesados por más de una. De esta manera se entendía que la opresión no es algo aislado, sino que está profundamente integrado por sus múltiples dinámicas. Si las luchas sociales nos habían hecho alzarnos contra las diferentes opresiones, ahora, gracias a la interseccionalidad entendemos que estas parten de un mismo sitio y que NINGUNA LUCHA ESTÁ AISLADA DE LAS DEMÁS, puesto que el sistema que nos oprime no está compuesto por varios, es UNO mismo con diferentes mecanismos de opresión, y en todas las luchas nos encontramos ante diferentes realidades atravesadas por más de uno de estos (esto es lo que se conoce como la matriz de las opresiones).

Antes mencioné como las revoluciones habían sido cooptadas por personas pertenecientes a las clases dirigentes para sus intereses y esto continúa hasta la fecha. Muchos movimientos hegemónicos se han convertido en un simple paliativo para apagar el descontento. No existen derechos bajo este sistema (Capitalista, Colonialista y Patriarcal), puesto que este sistema se sostiene por la desigualdad, nos darán concesiones temporales y cuando vean comprometidos sus intereses, nos las arrebatarán.

¿Vale la pena luchar bajo estas condiciones? Sí, siempre que tengamos claro contra qué luchamos. Las luchas bajo el capitalismo se han vuelto marketing, obtención de recursos económicos del Estado, la iniciativa privada y competencia por estos. En este juego capitalista entra la famosa frase romana: “Divide et impera”.

Gente perteneciente a las clases privilegiadas con acceso a educación e influencias convierten las luchas en su moneda de cambio con el Estado y el capitalismo, para obtener más poder, escalar en las posiciones y jerarquías del sistema, no para acabar con ellas. Escalar dentro del sistema no es luchar contra él nos han hecho perder de vista esto por unas migajas.

En estas luchas por recursos y poder, es donde vemos violencia alimentada por los propios activismos hegemónicos: transfobia y racismo en el feminismo, racismo y clasismo en la comunidad LGBT+, misoginia y lgtbfobia en el socialismo, etc. El factor común: gente (por lo regular privilegiada) queriendo preservar su nicho de poder afirmado sobre su identidad, ignorando las intersecciones y el problema de fondo. Es aquí donde nace la exclusión con frases como: “no somos la madre de todas las luchas” y “la trampa de la diversidad” para reducir las luchas a su círculo de privilegio. No es raro encontrarse hoy en día, agrupaciones marxistas y feministas generalmente de Europa, cuyo principal posicionamiento político es atacar los derechos humanos de grupos vulnerados, como la comunidad trans, las personas racializadas, migrantes y mujeres que ejercen el comercio sexual, etc. Colocando sus análisis más cerca a la extrema derecha tradicionalista que a un enfoque de luchas sociales, tales como el Frente Obrero (España) que ha recurrido a acoso y hostigamiento de activistas antirracistas, o el Partido Feminista de España, cuya lider, Lydia Falcón ha publicado en medios pertenecientes a agrupaciones antiderechos como Hazte Oír (el famoso grupo del camión anaranjado) como es la revista Actuall con la única finalidad de atacar los derechos y la dignidad humana de las personas trans. Tal como mencionó la feminista antirracista Angela Davis:

“Cualquier feminismo que privilegia a quienes ya tienen privilegios será irrelevante para las mujeres pobres, las mujeres de la clase trabajadora, las mujeres de color, las mujeres trans, las mujeres trans de color”.  razonamiento que se puede extender a todas las luchas sociales.

¿Qué hacer?

Consolidar luchas integrales donde el enfoque sea contra el sistema en su conjunto, no solo el aspecto que atraviese nuestra identidad. Grandes ejemplos de esto son las luchas decoloniales y antirracistas que han creado estrategias de unidad y apoyo sin precedentes, como los que pudimos observar recientemente durante las protestas del “Black Lives Matter”, las luchas anticoloniales que llevan a cabo los pueblos originarios como el EZLN y los feminismos con perspectivas decoloniales, antirracistas, interseccionales. Son necesarias formas de organización comunitarias y solidarias.

Para construir redes basadas en la lucha y objetivos, desde mi punto de vista personal y posicionamiento político, la clave es la interseccionalidad y la descentralización de los movimientos. No solo política, sino también social y académicamente, integrando a las poblaciones oprimidas, no sólo a los círculos intelectuales de las clases dominantes como sucede actualmente, que al final, su sesgo de clase e intereses llevan al deterioro de las luchas y a su parcialización.

Mientras tanto, la historia está lejos de llegar a su fin.

Selene Miranda

Soy feminista con enfoque interseccional, activista independiente por los derechos de las mujeres y la diversidad sexual y de género, estudiante y autodidacta.

1 Comment

  1. Susy

    Muy buen análisis. a veces siento que aún estamos lejos de entender, de lograr construir una comunidad de colaboración y apoyo =(

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