La lucha por la presidencia de MORENA: ¿las feministas debemos preocuparnos?

El día de ayer se llevaron a cabo las elecciones internas por la presidencia de MORENA. Este proceso arrojó algunas sorpresas; la de ayer fue que Gibrán Ramírez quedó fuera de la contienda para presidente de dicho partido y también quedó fuera Antonio Attolini para candidato a Secretario General, dejando a Citlali Hernández como la mejor posicionada para el puesto.

Candidatos a la presidencia de MORENA
Antonio Attolini y Gibrán Ramírez

Este tipo de procesos son de interés para el feminismo, ya que nos brindan pistas sobre las representatividades femeninas y el papel de las mujeres en la toma de decisiones dentro de la política mexicana.  

Actualmente, sabemos que la discusión sobre el papel de la mujer en la política ha ido cobrando más fuerza. Esto lo podemos ver desde las leyes de paridad y la mayor ocupación de mujeres en puestos de representatividad. Queda claro que, el hecho de que haya más mujeres con puestos de representación o en cargos públicos ayuda, pero no es suficiente, ya que ocupar un cargo de manera oficial no necesariamente significa que quien lo ocupe lo haga desde una auténtica autonomía o independencia del poder masculino.

Pese a las dificultades, ha incrementado el número de mujeres que asumen con responsabilidad y determinación puestos de representatividad. Un ejemplo importante es la senadora Citlali Hernández, que no solamente busca ser reconocida por su condición de mujer, sino que ha mostrado un verdadero compromiso con las causas feministas y para ejemplo de ello está el valiente gesto que le hizo a la senadora Lily Téllez al dejarle el famoso “trapo verde” en su curul. 

Sin embargo, en las últimas semanas, esta misma senadora ha sido criticada por algunas feministas debido a su alianza o cercanía con Porfirio Muñoz Ledo, quien ha sido señalado por acoso de parte de varias mujeres,  además de hacer comentarios desafortunados entorno a la lucha feminista.

Es en este punto donde creo que debemos prestar atención y analizar a profundidad la complejidad de las representaciones femeninas antes de emitir conclusiones. Primero que nada, es muy  importante reconocer lo mucho que hemos avanzado, no para conformarnos, porque falta muchísimo, sino para motivarnos y recordar todo lo que hemos logrado y lo que podemos lograr.

Ocupar espacios en la política nunca ha sido fácil para nosotras y, aunque ahora se nos dice que hay paridad y hasta se nos da “prioridad”, es importante recordar que los retos no sólo implican la aplicación de las leyes, sus limitaciones, la estructura de los partidos, sino del sistema político en general. Aquí es donde se enfatiza que “lo personal es político” porque, aunque esa frase aplica realmente para TODO, cobra todavía mayor fuerza cuando hablamos de representación, pues hay muchas cuestiones íntimas y personales que interfieren en esta situación. Y es que es obvio que por más leyes que se aprueben para que las mujeres tengamos mayor participación en los puestos representativos, los hombres siguen sintiendo (aunque demuestren otra cosa en el discurso) que el poder y la cosa pública les corresponde a ellos y que las mujeres no entendemos lo suficiente.

No quiero darles la razón, pero es que realmente ellos tienen SIGLOS abarcando todas las decisiones políticas de los países y del mundo, no están más preparados, pero por lo menos sí están más acostumbrados. En ese sentido, ellos tendrían que trabajar un montón con su misoginia interiorizada y dejar de aferrarse al poder de la forma en que lo siguen haciendo. Por ejemplo, en México, los hombres sí buscan la manera de darle espacios a las mujeres pero muchas veces tiene su origen en el interés político de aparentar “consideración” hacia las mujeres, más que un verdadero compromiso con nuestra participación política. El ejemplo más mediatizado se dio con Margarita Zavala, la única candidata a la presidencia de la república en la historia, participó en la contienda electoral del 2018, pero siempre fue percibida a la sombra de su esposo Calderón y este es un ejemplo de muchos, pues estas situaciones se reproducen constantemente en diferentes ámbitos, en todos los partidos y corrientes políticas. 

presidencia morena
Margarita Zavala en campaña por la presidencia de México en las elecciones del año 2018

Así como ellos llevan toda la vida ocupando los puestos de poder y están acostumbrados a éste, a las mujeres también nos cuesta trabajo asumir esta responsabilidad, porque, aunque sea un derecho que nos fue arrebatado, también conlleva una responsabilidad. Pero asumirla no es fácil, sobre todo si desde pequeñas nos enseñan que los hombres de nuestro entorno (papá, hermanos, tíos, vecinos… ) son los que se encargan de la vida pública y las mujeres (mamá, hermanas, tías, vecinas…) de la vida privada. Con el entorno en el que crecimos, sumado a la discriminación que sufren las mujeres que deciden asumir puestos representativos, es normal que nos sintamos inseguras, que nosotras mismas creamos que no somos capaces y que optemos por la opción en la que ellos siguen tomando decisiones que nos afectan a todas.

Para cambiar esto, es necesario cambiar la forma en la que nos dirigimos a las niñas, es necesario cambiar todos los mensajes que se les transmiten desde películas, cuentos, libros y, por supuesto, la educación.  En lo anterior, tanto hombres como mujeres tenemos una responsabilidad que nos ha quedado grande.

Por un lado los hombres deben de aprender a cuestionarse de manera profunda y constante sus acciones y sus dinámicas dentro de la política, necesitan esa humildad que les ha arrebatado la política patriarcal para realmente reconocer los aspectos en los que siguen en deuda con nosotras. Por otro lado, las mujeres que participan también deben de repensarse y asumir que, pese a lo mucho que nos hemos acostumbrado a que siempre haya un hombre que tome o respalde la última decisión, es imprescindible autoeducarnos en la vida política de México, sin esperar que alguien más lo haga por nosotras. También, necesitamos perder el miedo a que nuestras decisiones sean interpretadas como erróneas. Podemos hacer muchas cosas por las mujeres de las generaciones venideras, pero lo más importante es el ejemplo que podamos darles y para eso necesitamos ocupar esos espacios con total autonomía.

Como siempre, indispensable creer en nosotras mismas.

Celeste Taddei

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