La violencia muda: ¿Qué pasa con los hombres gordos?

Los hombres gordos existen, pero poco se habla del rechazo del que son objeto. El machismo también ejerce sus violencias en ellos, sobre todo a través la gordofobia.

Mi interés por la gordofobia como un tipo de opresión ha ido en aumento desde que conocí la página de Facebook Stop Gordofobia (en la cual colaboraría después), pues soy una mujer gorda con especial conciencia social feminista. Cada vez se habla más de este tema, no sin encontrar resistencias.

En los espacios políticos se prefiere hablar de presión estética hacia la mujer de manera general, las personas que gozan del privilegio delgado no lo reconocen y los hombres simplemente lo suelen ver absurdo. ¿Cómo van a querer ellos dejar de juzgar el físico ajeno, especialmente si son heteromachos hablando de mujeres?

Tampoco podemos dejar pasar por alto que el sistema está intentando reapropiarse de movimientos que apuestan por visibilizar corporalidades de todos los tipos y todas las tallas. Los conceptos body positive y curvy usados por las grandes marcas de cosméticos y ropa son un gran ejemplo de ello.

Tal y como expresa Antonio R: “Hay actores y actrices gordas, pero no los veo interpretando el objeto de deseo de un protagonista de comedia romántica. Ya hay mujeres gordas que son modelos. Pero claro, tienen cuerpos compensados y armoniosos, lo que las introduce en la normatividad aunque sea por la puerta de atrás”. 

Juan Gabriel Torres, 40 años, Colombia, proyecto en IG @chupameungordo

En estos años me he preguntado cómo interaccionan otras opresiones con la gordofobia, debido a que los materiales son todavía escasos. Una de las preguntas más recurrentes para mí ha sido: ¿cómo experimentan los hombres la gordofobia? (en este caso, me centraré en los hombres cis). Prácticamente todas las personas conocemos a algún hombre gordo que relata situaciones de acoso escolar, sin embargo, no me parece que el tema se trate abiertamente. ¿Cómo es la vida de un hombre gordo después de la etapa escolar? ¿Sigue experimentando rechazo o se transforma de alguna forma?

Masculinidad y gordofobia

Los hombres no suelen hablar de estos temas por culpa del heteropatriarcado. Así, prefieren vivir sus heridas en silencio, para que no se les señale como sensibles: “Es difícil poder abrirse con otros hombres, aunque también sean gordos, pareciera un tabú hablar de ello” (Aaron). Aun con todo lo anterior, existe un privilegio asociado al hecho de ser hombre cis: sus cuerpos gordos no son rechazados con la misma intensidad que los de las mujeres. Al fin y al cabo, a los hombres se les permite ser grandes físicamente, no como a nosotras, que tenemos que ocupar el mínimo espacio posible. 

Así pues, contacté a once hombres haciendo uso de las redes sociales – algunos de ellos son amistades o conocidos -, de edades comprendidas entre los 25 y los 41 años; cinco de ellos son de países de Latinoamérica y el resto, del Estado Español. Todos forman parte de familias gordas y cuatro de ellos reconocen haber estado a dieta buena parte de su vida.

En mi familia todes somos gordes. Y todes hemos estado siempre a dieta. Es como el cuento de la marmota, pero seguimos todes gordes.

Arkaitz

Es posible que de los once no solo estos cuatro hayan estado a dieta, pero igualmente es significativo que el tema no se mencione con mayor frecuencia a lo largo de cada testimonio. Me atrevo a afirmar que, de haber sido once mujeres, las once hubieran abordado explícitamente y de manera casi inmediata su relación con las dietas para perder peso.

Estos son los participantes del pequeño análisis:

  • Esteban (33 años, Uruguay).
  • Óscar (41 años, España).
  • Antonio R (32 años, España).
  • Antonio (29 años, España).
  • Arkaitz (27 años, España).
  • Aaron (30 años, México).
  • Juan (25 años, Argentina).
  • Gaston (39 años, Argentina).
  • Enric (36 años, España).
  • Juan Gabriel (40 años, Colombia). 
  • Màxim (32 años, España).

Esteban (33 años, Uruguay) no recuerda un momento de su vida donde la palabra gordo no le haya acompañado, aunque con el tiempo aprendió a vivir con ella de manera positiva. La niñez y adolescencia han marcado buena parte del relato de estos once hombres. Aaron, Óscar, Antonio R, Antonio, Juan, Enric y Gaston reconocen que se les ha llamado “gordos” con connotaciones negativas. Algunos de ellos han intentado reapropiarse de dicha palabra, con el fin de que se convierta en una mera descripción de su corporalidad y no un insulto. Arkaitz reconoce que su relación con la misma viene y va, mientras que para Esteban ha acabado formando parte de su identidad y siendo un reflejo de su belleza.

Pero ya no es la gordura en sí misma, la sociedad lee el cuerpo de un hombre gordo como un cuerpo que ha perdido su masculinidad. Esteban realiza un aporte muy interesante a este respecto: “No es novedad que los gordos solamos tener los pechos más grandes, muchas veces caderas prominentes, grandes pompas y eso, en una sociedad hipócritamente machista, nos lleva a ser objeto de burlas”. ¿Qué otras razones existen que hacen que la gordura y la masculinidad parezcan conceptos opuestos?

Un gordo no podía gustarle a las chicas, un gordo no podía correr como se esperaba que lo hiciera un hombre, un gordo se cansaba antes… Ser gordo y ser viril se antojaba bastante complicado. Un gordo era una <nenaza> al que nadie quería en su equipo de fútbol”

Óscar

“Que no nos llamen gordos, sino gordas. Porque ser gordo es una debilidad equivalente a la de ser mujer”.

Antonio R

Yo creo que lo que más he sufrido ha sido el tema de la relación entre masculinidad y fuerza física (…). Entonces, una situación que he sufrido más de una vez, estando de fiesta, es el típico chulo, musculado, que por ser gordo cree que eres débil y se acerca a intimidar y a crear problemas”.

Antonio

Algo de lo que no hablamos casi nunca los hombres gordos es que la grasa se acumula en la base del pene y hace que parezca pequeño, otro de los pilares de la masculinidad y eso a mi me hizo siempre sentir mucho miedo al rechazo…Es difícil aceptarte cuando te han bombardeado durante años con el estereotipo del porno del pene enorme”.

Enric
Gaston Farias, 39 años, Argentina, se puede seguir su obra en @gastonfariasbbw donde comparte sus retratos de mujeres gordas.

Cuerpos gordos y misoginia

Los hombres gordos son considerados una especie de no-hombre en el ideario colectivo: su cuerpo adquiere formas redondeadas asociadas habitualmente a la feminidad. ¿Existe en este rechazo misoginia e incluso algo de transfobia? Nuestros cuerpos deben encajar en las dos categorías oficiales, hombre o mujer. Salirse de dicho esquema es tener un cuerpo disidente e infringir la norma.

A un hombre gordo no se le permite traspasar esa línea o que su masculinidad no sea fiel a los mandatos del patriarcado; además, es inconcebible que se parezca al género teóricamente débil, la mujer. Y, ¿existe algo peor que ser una mujer cis para este sistema intolerante? Sí, ser una persona trans. El cuerpo del hombre gordo se observa como ese cuerpo que está en transición hacia otra cosa, o en medio de dos o varias cosas, algo que no se entiende y muy a menudo se ataca.

La masculinidad, tal y como la conocemos, es misógina y tránsfoba, y esto es una muestra clara de ello. Por suerte, nuestro entorno va cambiando (quizá no con la rapidez que nos gustaría) y encontramos a hombres como Juan que cuestionan el propio concepto de masculinidad: Creo que a estas alturas cabe preguntarnos qué es lo masculino, quién determina qué es masculino y qué no, si realmente debo dar la impresión de una imagen masculina para ser masculino”. 

En el caso de Arkaitz, interseccionan tres opresiones; la gordofobia, la homofobia y la plumofobia. Es innegable que, dentro del colectivo gay (Arkaitz prefiere autodenominarse marika en una muestra de compromiso político), existe también un latente culto al cuerpo y la delgadez, así como un rechazo a lo femenino y una fuerte tendencia a mostrar la virilidad. “Ese canon de hombre varonil, musculoso, velludo… es el que he deseado toda mi vida”, dice. Un hombre gordo en un espacio gay no es bien recibido. Un hombre gordo con pluma viene a ser rechazado por partida doble. La homosexualidad puede ser real, como en el caso de Arkaitz, pero también <supuesta> Y ambas formas ponen de manifiesto la homofobia de la sociedad.

Antonio R cuenta cómo algunas personas se burlaban de un amigo gordo y de él llamándolos novios. Al parecer, un gordo con pluma no es tolerable, pero tampoco se concibe otro escenario posible para el gordo que no sea el de la homosexualidad, afianzando más (si cabe) esa idea del no-hombre.

Los fofisanos

En contraposición a estos relatos, encontramos a esos gordos con cierto privilegio, los considerados atractivos, los proporcionalmente grandes, los llamados fofisanos por la industria estética (algo similar a las gordibuenas pero en versión masculina). Gaston, Màxim y Juan Gabriel son tres casos de gordos a los que no les importa usar la palabra (¿puede ser que no haber percibido tanto rechazo hacia sus cuerpos les haga poder usarla con mayor naturalidad?) y que se sienten bastante felices en su propia piel.

Gaston disfruta de su cuerpo y se ve a sí mismo como un hombre viril, una especie de vikingo con un cuerpo fuerte: “Soy gordito con mucho músculo, mi panza me conecta con mi parte masculina y animal (…) El tipo físico opulento da esa sensación de virilidad”.

Por su parte, Màxim no ha experimentado grandes problemas relacionados con su corporalidad. Su entorno lo percibe más bien como un hombre fuerte y no tanto como gordo, haciendo ese tipo de diferencia entre lo que se permite (la fuerza) y lo que no (la gordura). Es aquí donde se reconoce privilegiado como hombre, pues las cosas serían diferentes en el caso de haber sido una mujer.

Juan Gabriel no se percibe precisamente masculino, considera tener éxito en las relaciones sexo afectivas y pertenece a una familia que le apoya (rodearse de una comunidad donde la diversidad corporal es bien recibida, ha sido también clave para él). ¿Será entonces que las personas acabamos siendo el resultado de nuestra relación con el entorno?

Por Godino

En estos años de lecturas anti-gordofóbicas siempre ha salido a colación la argumentación del amor propio. Parece que todo se pueda sanar con decirte a ti misma que te quieres, inclusive cuando el entorno es hostil con tu persona. Estos análisis planos y carentes de profundidad, dan cobertura al discurso neoliberal que señala que, si no tienes éxito, es que no te has esforzado lo suficiente. Vaya, que la responsabilidad es totalmente tuya. Somos el resultado de muchas interacciones y factores en los que influyen la educación, la cultura, las características personales, el entorno más inmediato (la familia y amistades) y un largo etcétera, pero es innegable que necesitamos sentir el afecto y el respeto de otras personas para construirnos desde el amor y los cuidados.

“Todos quieren hacerte creer que tu cuerpo es imperfecto, que tu apetito es malo y que las personas que suelen gustarte, solo te gustan por qué estás resignado. Muchísimas veces las personas gordas padecemos patologías psiquiátricas como depresión, angustia, baja autoestima y esto es generado por la sociedad” .

Esteban.

Familia

La familia es el espacio primario de socialización e indiscutiblemente marca nuestro relato personal. En estas once historias se encuentran realidades dispares: hombres como Enric, Gaston, Juan Gabriel, Arkaitz o Esteban tienen en su familia un espacio para mostrar su gordura sin recibir desprecio, incluso en algunos casos, celebrando la vida de sus panzas, pero también hombres que han experimentado gordofobia en comentarios y gestos por parte de sus seres más cercanos.

En México a los cerdos se les llama marranos, cuinitos, mote que no faltó por parte de la familia.”.

Aaron

“Toda mi familia me decía <pensábamos que ibas a venir más gordo>. 11 años tenía. Hacían que me pusiera espalda contra espalda con un primo alto y delgado. En mi familia siempre me han tratado mal por ser gordo”. 

Óscar

Mis padres, especialmente mi madre, me han tenido toda la vida a dieta (una dieta totalmente errónea, por cierto) y han hecho comentarios a diestro y siniestro. <Las chicas no te van a querer así>, <ya verás el día que adelgaces y te puedas ver la pilila>… Lo que más me dolió fue que mi madre siempre me obligaba a encorvarme un poquito para disimular mi estómago”.

Antonio R

“Te dicen que estás gordo y a continuación te dicen que lo dicen por tu bien, por tu salud. Que da igual que no fumes, no bebas casi nunca, comas sano y hagas ejercicio, al final estás gordo y eso es lo que se ve y lo que cuenta. Y claro, tu salud mental empeora y te crea ansiedad tu físico, lo que te lleva a comer de manera compulsiva y a engordar más”.

Antonio

Cuando engordo mi madre siempre me lo dice de manera positiva, para tratar que baje unos kilos. Mi hermana y mi padre no han sido tan cuidadosos, sus comentarios han sido más directos y de alguna forma más crueles”. 

Màxim

Trabajo

No en todos los trabajos se le da la misma importancia al aspecto físico y al peso, sin embargo la gordura siempre es motivo de prejuicios varios en relación a la baja productividad y a la falta de competencias.

Màxim ha trabajado por mucho tiempo en el campo, un trabajo que ha realizado prácticamente en soledad por lo que no ha experimentado discriminación alguna, tampoco ahora que ejerce como profesor. Gaston tampoco ha sido discriminado en el ámbito laboral, aunque sí ha percibido grados diferentes de tolerancia hacia la corporalidad gorda. Juan Gabriel resalta que siempre ha ocupado puestos de liderazgo y que muy posiblemente eso le ha hecho no enterarse de si existen burlas o no sobre su peso. En otros casos, como el descrito por Arkaitz, la discriminación es de tipo más indirecto (en relación con el uniforme).

hombres gordofobia
Enric, 36 años, España
Serie fotográfica: “Mirar-me. Disfruta de tu forma”. Colaboración Enric y Alazne. 
Binomio Mujeril, proyecto de fotografía amateur feminista, Valencia, España (actualmente no activo)

Enric, 36 años, España

Serie fotográfica: “Mirar-me. Disfruta de tu forma”. Colaboración Enric y Alazne. Binomio Mujeril, proyecto de fotografía amateur feminista, Valencia, España (actualmente no activo)

“Tuve que renunciar a un excelente salario y a una antigüedad de 13 años por ya no soportar las burlas y los abusos físicos por parte de compañeros de mi jefe e incluso de dirigentes sindicales”.

Esteban

“Algunas personas tienen el precepto de que al ser gordo uno será más lento, bobo o torpe al trabajar. También hay cierta burla al estereotipo de ser cocinero y gordo. Muchas veces parece que independiente a las muchas cualidades o talento que se tiene, queda relegado todo por el hecho de ser gordo”. 

Aaron

En mis puestos de trabajo, más allá del comentario jocoso de <te has puesto fino a birras> si he engordado, no he sufrido ningún desprecio. Sí que lo he visto, por desgracia, con otras compañeras. Y reconozco que nunca he reaccionado, por miedo”.

Antonio R

“Así como disciminación, la más común es no encontrar uniformes de mi talla. Y tampoco es que sea una talla exageradamente grande. Pero siempre está el comentario de turno graciosito que, alguna vez me he tragado, pero que opté por confrontar”.

Arkaitz

“Me ha influido a la hora de hacer entrevistas de trabajo, me han hecho comentarios compañeros y jefes y yo creo que los que más me molestan son los que me han hecho clientes. Aunque no tenga justificación en ningún caso, creo que los más gratuitos y menos sentido tienen son los de estos últimos. ¿En qué momento una persona se va de vacaciones a un hotel, por ejemplo, y sin ton ni son decide que es apropiado o necesario decirle algo a un trabajador sobre su físico?”.

Antonio

Relaciones sexo afectivas

hombres gordofobia
Arkaitz, 21 años, España

Mientras leía cada testimonio, he podido sentir lo complejo de esta área. Lo que ha afectado a muchos de estos hombres el rechazo y el estigma para ser deseados o amados. Vivimos en una sociedad donde no se concibe una existencia sin tener una pareja ni sexo, según los mandatos del coitocentrismo, la genitalidad y la heteronorma, muy especialmente en el caso de los hombres.

La masculinidad se refuerza con cada encuentro sexual. Cada “conquista” es un trofeo que mostrar. Curiosamente, algunos hombres han experimentado estigma al sentir atracción por mujeres gordas. Tal y como han relatado Aaron y Esteban; la sociedad percibe la relación entre personas gordas como una muestra de resignación al no poder aspirar al éxito sexo afectivo. Durante un tiempo, Óscar mantuvo encuentros íntimos con una mujer casi de forma clandestina, a petición de ella misma. No entendía el por qué hasta que le confesó que los hombres preferían esta forma de vivir la relación debido a su corporalidad gorda y la vergüenza que ella les causaba. 

“Siempre me sentí en desventaja cuando era adolescente y entra la curiosidad de saber si uno es rechazado por ser gordo. Viví con la idea de que no era una buena opción de noviazgo porque era gordo, no encontraba alguna otra razón que no fuera esa”.

Aaron

“Sin lugar a dudas, pienso que lo más difícil de ser gordo es cuando nos toca pasar por relaciones sexo afectivas. En aplicaciones de citas como Tinder, siento la necesidad de aclarar que soy gordo para que no haya malos entendidos. Mis kilos siempre terminan hablando por mí, y ya estoy cansado. Yo también quiero sentirme deseado”.

Juan

Siempre me he sentido un fetiche. Creo que la única persona que nunca me ha tratado como un fetiche es mi marido. Antes de conocerle, pensaba que como soy gorda, tenía que currármelo bien en el sexo, y reforzaba ese ideario de seguro que la come bien porque es gorda”. 

Arkaitz

“La verdad es que esto ha sido lo más difícil a lo largo de mi vida, el rechazo que creía que tendrían hacia mi, el miedo a desnudarme y que no les guste lo que venMe comparaba con mis amigos más delgados y su éxito con las mujeres”. 

Enric

: Yo siempre he sido muy tímido y bastante raro, entonces de por sí siempre me ha costado y me ha impedido tener ciertas relaciones. Y claro, la gordura me ha creado siempre inseguridades, lo que ha dificultado todavía más el tema. Generalmente no creía que pudiera atraer realmente a nadie”.

Antonio

“Mi ex-novia me dejó por dos cuestiones: mi salud mental y el aumento de peso que me llevó a la obesidad. Por lo demás, nunca he ligado ni he notado que atraía a ninguna desconocida teniendo sobrepeso”.

Antonio R

Máxim: “En general, siempre he tenido la percepción de que si hubiera pesado 20 kilos menos hubiera sido más fácil tener relaciones con chicas, pero es cierto que nunca le he dado demasiada importancia”.

hombres gordofobia
Esteban, 33 años, Uruguay, activista gordo, FB Activismo Gordo Uruguay.

Como dije anteriormente, es complicado mantenerse a flote en una sociedad que te indica que la corporalidad gorda es un defecto que hay que eliminar. Muchos de estos hombres han desarrollado temores, depresiones y ansiedad social en algún momento de sus vidas, lo que se ha traducido en una baja autoestima: Todos hablan y debaten acerca del amor propio y sobre el quererse a uno mismo, como si sólo se tratara de un fenómeno que dependiera de nosotros” (Juan).

Antonio R cree que es fácil entrar en lo que él llama “la espiral”, un bucle donde el rechazo por el físico deriva en comportamientos compulsivos y destructivos, como puede ser comer más, aislarse y evitar las relaciones sociales:Recuerdo a algún adulto de 30 años llamándome <gordo de mierda> en un parque. O a mi entrenador de futbito agarrándome las tetas y diciéndome <eso te lo vamos a tener que quitar, porque así no vas a ningún sitio>”, cuenta. 

Para Juan ser gordo es una especie de sentencia: “Soy gordo, entonces no puedo vestirme bien, o no puedo conocer a alguien, o no puedo comer de más, o formar una relación amorosa (…) En todas las ocasiones en las que he tenido que asistir a un cumpleaños o fiestas, he convivido con este temor a usar la ropa que me gustaba, a ir con un nuevo corte de pelo… Hasta he dudado sobre tomar la ruta más sencilla y recluirme en casa para evitar miradas embarazosas”.

El temor volviéndose auto-estigma y anticipándose para no encontrarse con situaciones gordofóbicas: Cuando eres gordo se nota que no recibes el mismo trato por parte del entorno, tanto íntimo como exterior. Siempre hay amigos que tienen menos en cuenta lo que dices o propones. Camareros y camareras que te atienden un pelín peor que a otros clientes normativos. Por supuesto, nadie te mira dos veces. No son agresiones abiertas y a <cara de perro>, sino desprecios sutiles. He sufrido mucha ansiedad y en cada bar o discoteca en la que he estado me he sentido fuera de lugar” (Antonio R).

Sin embargo, la gordura es percibida de manera diferente según desde donde nos situemos. Juan Gabriel es de Colombia y experimenta su relación con su corporalidad de manera muy distinta al resto de testimonios ya desde la base de su cultura:

“Mi familia es grande, aunque no necesariamente gorda. La cultura paisa (así les dicen a las personas de la región en la que vivo) se divide en dos bloques, a mi modo de ver. La cultura traqueta: que tiene que ver con todo el tema del narcotráfico y las mujeres de la mafia que introduce estereotipos, sobre todo en las mujeres, de cuerpos voluptuosos y cirugías estéticas, etc… Y la visión de que tenés cierta tranquilidad económica porque no te ves flaco. Hay un dicho que dice <un flaco se ve como todo pobre>. Y eso está muy entronizado en la cultura paisa y en mi familia. No tiene que ver con que seas gordo, sino con que no te veas flaco”.

No obstante, tal y como apunta Gaston; “La gordofobia te aísla de gente buena, de gente hermosa, del disfrute”. Por ello, es necesario implicar a todas las personas, haciendo visible este tipo de discriminación y el respeto por la diversidad corporal: “Al final no es cuestión de promocionar la gordura, como mucha gente cree, sino de luchar por el derecho a sentirse una parte de la sociedad y que no te vean como una anomalía” (Antonio).

Activismo y lucha conjunta

Las habilidades sociales, la inteligencia emocional, la interseccionalidad de las diferentes luchas, son necesarias para poder caminar hacia una sociedad donde quepamos todas las personas, así como la construcción de otra masculinidad donde los hombres abracen la sensibilidad y puedan compartir temores entre ellos mismos, no para que sigan dominando los espacios, esta vez bajo el lema del “soy sensible”. Sino precisamente, para saber cuándo hay que callar, acompañar y escuchar.

El activismo – como en el caso de Esteban (Activismo Gordo Uruguay en Facebook) y de Juan Gabriel (@chupameungordo en Instagram) – y el arte como las obras de Gaston (@gastonfariasbbw en Instagram y Facebook) – en las que retrata a mujeres gordas, son un paso más al frente para salir de las sombras de la gordofobia. Aunque a veces no sea fácil – Juan Gabriel recibe más ataques gordofóbicos desde que es activista -, esta visibilización pone de manifiesto que ninguna persona gorda tiene que pedir perdón ni mostrar arrepentimiento por su corporalidad.

hombres gordofobia
Juan, 25 años, Argentina

Aunque Antonio R y Arkaitz no tienen muchas esperanzas puestas en lo colectivo, no puedo evitar que en mi rostro aparezca una sonrisa de alegría cuando este último expresa: “Que me dejen vivir en paz, que yo seguiré siendo una ladilla marika y gorda”, una frase que no solo me suena a una declaración de intenciones en toda regla, sino a un un acto de resistencia tremendo.

Nota

Recomendaciones de activismo gordo por parte de los hombres entrevistados: Stop gordofobia, Activismo Gordo Uruguay, Luna Prieto, Jessi Kreyslier, La mondonga, Tais Lechendfor, Caio Revela, Gorda Irredenta, Komando Gordix, Gordxs con Alma, Magda Piñeiro, Carmen Godino, Adnaloi Vila, #chupameungordo, Nicolas Cuello.

Godino

País Valencià. Educadora Social. Antigordofobia y antipatriarcado. Se va a caer.

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