Lélia Gonzalez y la lucha amefricanizada. Entrevista a Flávia Rios (parte 3)

En esta última parte de la entrevista con la profesora e investigadora Flávia Rios, nos despedimos de Lélia Gonzalez. La activista negra que amefricanizó la lucha feminista desde nuestro continente.

De la mujer reinventada a la mujer militante, pasamos a la mujer de la política partidaria. Ella creía que el negro y sobre todo, las mujeres negras, deberían estar presentes en todos los espacios. Migrando, así, sus pautas y agendas tan arrinconadas por las instituciones públicas – espacios de representación política ocupados por una mayoría de hombres blancos hasta la actualidad.

En los años de apertura democrática, su candidatura constituía una representación política de mucho peso, pues en ella pulsaba la lucha contra el sexismo y el racismo. Hubo decepciones en el camino que movieron a Lélia, una vez más, a alzar la voz con respecto a la simulación de estas pautas en ciertos partidos políticos. Sin embargo, Lélia Gonzalez mantuvo su brillantez y autenticidad hasta la muerte.

Fue una mujer que en la política se expresaba a través de la samba (música popular brasileña) para explicar las cosas que deseaba comunicar a la gente en los comicios. Sin duda, una mujer que ha dejado un valioso legado para todas nosotras: negras, indígenas, mestizas, migrantes, periféricas, pobres, trabajadoras, urbanas, rurales, comunitarias y muchas…

Es innegable que el feminismo como teoría y práctica ha jugado un papel fundamental en nuestras luchas y logros, ya que al presentar nuevas preguntas, no solo estimuló la formación de grupos y redes, sino que desarrolló la búsqueda de un nueva forma de ser mujer. Al centrar su análisis en torno al concepto del capitalismo patriarcal (o patriarcado capitalista), puso en evidencia las bases materiales y simbólicas de la opresión de la mujer, lo que constituye una contribución vital para la dirección de nuestras luchas como movimiento.

Lélia, 1988

Lélia contra contra la dictadura

Nicole: “De piel negra, usa peluca color cobre [rojo] y gafas oscuras”. Esa fue la descripción de Lélia suscrita en el Departamento de Orden Político y Social (DOPS) de Río de Janeiro. ¿Qué razones llevaron a la búsqueda de Lélia por parte del régimen militar brasileño?

Flávia: Su primer registro en el DOPS fue en 1972. En ese tiempo, Lélia participaba en grupos de estudios marxistas y feministas –una práctica común en aquel contexto- y se reunían en casa o en la universidad. Ese periodo fue el más duro de la dictadura militar, conocido como los “años de plomo” en la región. Hubo mucha persecución política hacia las organizaciones políticas revolucionarias, es decir, de intensa búsqueda de líderes revolucionarios.

Lélia no estaba en estos grupos clandestinos (como había sido la lucha armada). Ella estaba vinculada a la universidad. Sin embargo, había mucha vigilancia debido la presencia de estudiantes infiltrados del régimen. Lo más probable de esa historia es que uno de esos infiltrados pasara información acerca de las actividades de Lélia. Luego, cuando se involucró más con las organizaciones políticas, siguió siendo vigilada, pues el régimen entendía que se mantenía como una persona de potencial subversivo. En este sentido, la dictadura militar colocaba a todo y todos/as bajo control: lo hizo también con los contenidos del feminismo y antirracismo.

Las clases y conferencias que Lélia dio en las calles fueron transcritas por el organismo de represión, así como sus discursos en las marchas. Cuando estuve en el DOPS llevando a cabo la investigación, encontré muchas fotos de ella en distintos lugares, por ejemplo, en las protestas en la Baixada Fluminense (Rio de Janeiro). Su registro (historial) era enorme, tanto, que si la hubieran sorprendido en una situación o reunión con personas vinculadas a la lucha armada, podría habérsele aplicado la Ley de Seguridad Nacional. Es decir, habría sido encarcelada y/o torturada. Lo que sabemos es que no hay registro de que haya sido sometida a interrogatorios. 

Ella se movió mucho en las redes democráticas que emergieron en la superficie, que si bien estaban posicionándose como contrarias a la dictadura militar, no se planteaban la lucha armada como vía. Su caso es distinto al de Thereza Santos, otra mujer militante negra que estudié. Ella sí era comunista y participó activamente en las organizaciones clandestinas: circulaban personas (compañeros/as de organización) e informes (documentos) frente a su casa. En un determinado momento huyó de Río de Janeiro y se fue a São Paulo, donde cambió de nombre y, cuando pensó que sería arrestada, se exilió en África. Como vemos, son distintas historias de acción política en diferentes redes contra la dictadura militar.

Carrera política y la lucha partidista

N: En 1981, en su historia política institucional se unió a la Dirección Nacional del Partido dos Trabalhadores (PT). Su contribución junto a hombres y mujeres de esa instancia fundó el partido. Y en 1986 pasó a integrar el Partido Democrático Trabalhista (PDT), lanzándose a candidaturas en ambos partidos políticos, en distintos momentos. ¿Cuáles fueron las motivaciones y/o preocupaciones que marcaron su entrada en la disputa política institucional?

F: Ella entendía que tenía que adentrarse en la arena política, que no solo se trataba de fundar el partido, sino que debía participar en la campaña electoral. Así se lanzó a la política. En ese momento no existían reglas institucionales de equidad entre hombres y mujeres, como son los cupos (cuotas) y/o recursos asignados a campañas electorales de mujeres en el Brasil actual. Así que esas mujeres entraron con todo lo que tenían.

Tal vez si Lélia se hubiera postulado para otro cargo hubiera tenido más oportunidad. La campaña para diputado/a del estado era más dura, tenía una mayor competencia y con la poca experiencia que tenía, el reto se hizo más difícil. Sin embargo, ella y otras mujeres se lanzaron, y creo que esto es muy hermoso. Ella comprendía –así como muchos movimientos sociales latinoamericanos– que era necesario transformar el Estado desde adentro. Actuando en los movimientos sociales, podrían llevar esa transformación social al sistema político.

Pautando la lucha de género, raza y clase

Hay una entrevista muy hermosa que le hicieron a Lélia en Mulherio en la que dijo: “No se trata de votar por cualquier mujer”. Como diciendo que no por ser mujer tienes que votar por una mujer, o por ser negro tienes que votar por el negro: hay que votar por la mujer que esté comprometida con las luchas de las demás mujeres.

De esa manera, Lélia, junto con otras mujeres, se estaba dando cuenta de que el sexismo ya estaba asumiendo la agenda de género, pues surgieron muchas candidaturas de mujeres en partidos conservadores en aquella época. Lélia mencionó mucho este tema, acerca de la necesidad de una representación sustantiva de mujeres preocupadas por el tema de género. 

Por ejemplo, Lélia estaba a favor de la legalización del aborto, en el sentido de que las mujeres tenían el derecho a decidir sobre sus cuerpos, conscientes de las formas de prevenir el embarazo. Si esos son temas muy difíciles de trabajar en el ámbito público en la actualidad, imagínate en los años ochenta… Obviamente no eran agendas que tuvieran éxito en Brasil en una campaña electoral.

Y ella reúne estas pautas con otras mujeres. No estaba sola: fueron muchas las mujeres que incursionaron en la política pautando los temas de género, igualdad racial y sobre la población más pobre y periférica.

Estrategias para el Brasil del presente

N: Flávia, aprovechando tu participación y para concluir la entrevista… ante el contexto de la pandemia lleno de atrocidades (retirada sucesiva de trabajadores y trabajadoras), sumado al programa bélico y genocida del presidente Bolsonaro, te pregunto: cumé que a gente fica? [frase de Lélia que quiere decir: “¿En qué quedamos nosotres?”]

F: Quedamos en una situación muy difícil, lo que puedo intentar mostrar aquí son las estrategias que he visto, algunas exitosas y otras no.

En Brasil ha habido una internacionalización de la lucha a través de la denuncia del Estado brasileño en organismos internacionales. No solo presentando quejas y denuncias ante las Naciones Unidas (ONU), alegando que vivimos bajo el régimen genocida y racista de Jair Bolsonaro. También ha habido articulaciones para difundir la imagen de este gobierno como es: agresivo con las poblaciones negras, el ecosistema amazónico; responsabilizándolo de nuestra situación crítica, una de las más fuertes en esta pandemia. 

También ha habido denuncias en torno del hecho de que este gobierno ha rechazado adoptar medidas para salvaguardar la vida de las poblaciones más vulnerables. Especialmente la de los pueblos indígenas, que han sido severamente golpeados por la pandemia. De esa forma, al bloquear Bolsonaro las medidas sanitarias que se presentaron, dejó aún más vulnerable a esta población. Esto es muy serio, ya que la población indígena en Brasil es la que menos acceso tiene a servicios hospitalarios públicos y privados. Negar un tratamiento adecuado y focal a las comunidades indígenas es un crimen y nos revela la política genocida del gobierno. Tendría que ser llevado al Tribunal de La Haya.

Foto: El País

El otro punto que llama la atención es la violencia urbana, el papel de la policía militar en los gobiernos de ciertos estados brasileños. En el contexto de la pandemia, siguen adoptándose políticas agresivas, principalmente contra los habitantes de barrios populares y periféricos. Las operaciones militares continuaron en las favelas, lo que significa que estas poblaciones siguieron muriendo en manos del Estado.

Por citar ejemplos, un niño fue asesinado a balazos en su propia casa en São Gonzalo (Río de Janeiro). También está el caso de los agentes comunitarios que realizaban acciones sociales para proteger a las comunidades de la pandemia y fueron asesinados en estas operaciones militares, que se consideran “rutinarias”. En un contexto de excepcionalidad por la pandemia, cuando las personas están especialmente vulnerables ya que el Estado está ausente, han pasado estas crueldades, precisamente en las periferias. 

Realmente estamos viviendo un momento trágico. Sin embargo, los movimientos sociales aprovecharon el contexto del asesinato de George Floyd para salir a las calles. Y esto fue de gran importancia para la realidad brasileña, porque se generó un entorno de protestas y contestación al gobierno. Hasta hace poco tiempo, solo la derecha estaba en las calles defendiendo a Bolsonaro y ahora han emergido más críticas contra su gobierno.

Por lo tanto, existen estos escenarios en Brasil en medio de la pandemia: por un lado una política genocida del Estado en curso; por otro lado, la resistencia del pueblo. Al menos las manifestaciones nos han sido de mucho aliento y a pesar de este preocupante momento de contagios (en el que todavía es muy problemático salir a la calle), que muchas personas tuvieran el coraje de hacerlo nos llena de esperanza. Además demostró que estamos dispuestas a resistir.

En el momento que comenzamos a hablar del racismo y de sus prácticas entorno a las mujeres negras, ya no hubo más unanimidad. Nuestra voz fue criticada de emocional por unas y e incluso de revanchista por otras, sin embargo, las liderazgos de regiones más pobres nos entendían perfectamente (eran en su mayoría mestizas).

Lélia Gonzalez, 1982.

Nicole Andrea

Feminista interseccional, latinoamericana, migrante, estudia feminismo y espacio social.

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