Lélia Gonzalez y la lucha antisexista y antirracista en Améfrica Ladina: una entrevista con Flávia Rios (Parte 2)

En esta segunda parte de la entrevista a Flávia Rios, profesora e investigadora de la Universidad Federal Fluminense (UFF), hablaremos de Lélia Gonzalez como mujer militante. Para refrescar la memoria sobre esta increíble activista, te recomendamos leer la primera parte de la entrevista aquí.

Precursora del pensamiento amefricano, Lélia González contribuyó significativamente a la lucha antirracista y feminista en Brasil y el mundo. Su participación en la Conferencia Internacional sobre Negritud, Identidad Cultural y Africana, realizada en Miami en 1987, fue una muestra del brillantísimo pensamiento de la autora. Y, justamente en ese encuentro, fue que conoció al intelectual y militante negro Aimé Césaire. En otras salidas de Brasil, también se hizo cercana a Angela Davis, así como a otras y otros activistas situados en ambas luchas: la feminista y la antirracista.

Lélia también sostuvo la tesis de que el sistema colonial, capitalista y patriarcal debía observarse bajo la perspectiva de las mujeres. Ya que aún post-abolición, se trataba de un sistema forjado bajo valores de hombres blancos: valores que desean infundir en todas nosotras.

Flavia Ríos, autora de la biografía sobre Lélia Gonzalez publicada en 2010.

Además de esa reflexión, Lélia avanzó en la crítica racial que entrecruza género y clase, pues cuestionó en su discurso:

“Esas mujeres que ustedes vinieron a homenajear aquí, están (ahora) trabajando… moviendo sus cuerpos porque sus hijos necesitan escuelas, comida y muchas otras cosas más”.

El hada negra, a los ojos de la hija de la costurera y la valiente hija de Oxum, desempeñó un papel fundamental en la creación del Movimiento Negro Unificado (MNU) y años después en la creación del Colectivo de Mujeres Negras Nzinga en Brasil, como revisaremos a continuación.

Aportaciones desde el activismo político

Nicole: ¿Cuál fue el período más intenso de producción académica de Lélia Gonzalez sumado a su activismo?

Flávia: Podemos decir que comienza como traductora. Por haberse graduado en Filosofía, Historia y Geografía, su trayectoria estuvo marcada por la traducción de obras de psicoanálisis (especialmente de Freud) del francés al portugués.

Luego, pasa a una producción muy intensa sobre temas históricos, sociológicos y antropológicos, tanto brasileños como latinoamericanos, en la década de 1970. Discutió los problemas socioeconómicos e históricos relacionados con el sexismo, el racismo y el capitalismo. Dialogó con las teorías del capitalismo dependiente, influyentes en la región. Sostuvo esa intensa producción hasta 1994, cuando falleció.

N: ¿Cuál fue la contribución de Lélia en la creación del Movimiento Negro Unificado (1978-2020)?

F: Este movimiento fue fundado en julio de 1978 y al principio se conocía como Movimiento Unificado contra la Discriminación Racial. Solía estar compuesto por una base amplia: organizaciones de izquierda, principalmente trotskistas. También tenía una base de organizaciones negras que existían antes de la MNU.

La presencia de Lélia González, marcó el acto público de fundación que ocurrió en la ciudad de São Paulo. Se integró al movimiento participando en distintas actividades: marchas, tareas cotidianas, tomando el megáfono, distribuyendo panfletos, organizando protestas… Eso hasta fines de la década de 1980, cuando se salió del movimiento.

¿Cuál es su contribución entonces? El MNU tenía una propuesta muy fuerte que cuestionaba la democracia racial como un mito en la sociedad brasileña. Ella sostuvo un debate público sobre la discriminación que enfrenta la población negra brasileña hasta la actualidad.  Y ya en ese tiempo, cuestionaba el hecho de que los asesinatos y las torturas de muchas personas durante la dictadura (1964-1984)—personas comunes que no estaban vinculadas a organizaciones políticas — ocurrían en las cárceles a personas negras y de las periferias. 

Lelia en protesta del Movimiento Negro Unificado. Fuente: Januário Garcia.

Es decir, planteaba la discusión de que esas muertes negras y periféricas no solían entrar en el debate de la izquierda política como muertes políticas. Y por tanto, también como víctimas de violencia por parte del Estado (bajo la represión del brazo armado de la dictadura militar).

Lélia se enfocaba mucho en mirar a las madres, hermanas, hijas de esas víctimas. En sus crónicas y textos ella retrataba la peregrinación que vivían esas mujeres. En ese sentido, podemos decir que Lélia contribuyó mucho al tema de género en el MNU.

Género, raza y clase: la lucha es en conjunto

F: No se puede dejar de mencionar que, en ese momento, el movimiento era extremamente machista y masculinizante. Ella, siendo una intelectual establecida, tenía un nivel superior al “esperado” para esos hombres, por lo que era muy respetada. Con inteligencia y habilidad logró comunicar y luego fortalecer un discurso antisexualista en el movimiento, pero no fue suficiente, así que terminó renunciando. Y se fue a construir organizaciones más autónomas.

Es interesante que nunca adoptó una actitud del tipo: “como estamos formando estas organizaciones autónomas, no hablaremos con ellos [la MNU] ni con el feminismo en general”. ¡No! Ella pensaba que tenía que existir esa autonomía. Sin embargo, acudía y participaba en otras organizaciones (no autónomas).

N: ¿Qué representó el Colectivo de Mujeres Negras Nzinga en la trayectoria feminista de Lélia?

F: Ella ya estaba involucrada con el feminismo teórico desde su formación y como maestra participaba en grupos de estudio vinculados al tema. Se relaciona con el activismo feminista cuando las mujeres se organizaban aún bajo la dictadura militar (a principios de los años 70).

Al final de la década, sintió la necesidad de formar un colectivo de mujeres negras junto con otras mujeres, ahí mismo en Rio de Janeiro, en las periferias. Con este colectivo luego formaron el primer periódico de prensa negra y feminista llamado Informativo Nzinga.

N: ¿Entonces la colectiva comienza a actuar en las cuestiones sociales con respecto a las mujeres de la comunidad y luego ellas crean el periódico?

F: Sí. Ellas construyen el colectivo para dar lugar a las experiencias de estas mujeres, negras y periféricas y en 1985 decidieron formar pequeños periódicos. En ese momento en Brasil era muy común que los movimientos sociales hicieran sus propios periódicos y revistas. En ellos comentaban libros lanzados, informaban de encuentros feministas, expresaban sus opiniones políticas coyunturales o hablaban de luchas comunes como el alcantarillado de la favela.

Actividad Nzinga. Fuente: Acervo Lélia Gonzalez Projeto Memoria

El periódico duró de 1985 a 1989. Incluso se publicó acerca del Primer Encuentro de Mujeres Negras en Brasil, que fue en la ciudad de Valença (Río de Janeiro) en 1989. Muchas de las mujeres que acudieron, desde varias partes de Brasil, enviaron sus escritos narrando sus experiencias sobre el encuentro. En síntesis, el colectivo se dedicó a fortalecer acciones junto a las comunidades periféricas y sostenía un esfuerzo de auto organización, atravesando muchos temas: el cuerpo, violencias, política, etc.

Candomblé y feminismo, una fusión subversiva

N: Algo que me llama mucho la atención en su trayectoria feminista tiene que ver con su exploración de la ancestralidad africana en el Candomblé. Es una de las pocas religiones que adora figuras femeninas y creo que eso emerge como una potencia de construcción de la mujer negra en la lucha. Sobre todo, leyendo esas experiencias feministas desde Brasil. ¿Cómo es que Lélia comunicó todo eso?

F: En sus escritos hay una gran preocupación por recuperar tres perfiles de la figura femenina. La madre es una de ellas. Lo que Lélia hace es una reconstrucción muy significativa de la madre negra, que hasta ese momento estaba enmarcada en una idea de mujer servil. Es decir, una madre descrita a partir de la visión del patriarcado, leída como una figura de benevolencia, que no tenía resistencia, despojada de su cuerpo y de sus emociones. Y Lélia rompe con esta narrativa.


Ana de Sousa o Ngola Ana Nzinga Mbande. La “Reina Nzinga”.

Ella pensaba que estas mujeres que transmitían conocimiento y afecto, situadas en la base del cuidado, de la subjetividad de los niños blancos y negros, a pesar de ser subyugadas, tenían un espacio de agencia muy fuerte a través del lenguaje y la cultura. Por lo tanto, Lélia subvierte la interpretación de que esa mujer estaba allí sin agencia, sin acción.

Consigue rescatar sus formas de agencia, en el sentido de la transmisión de conocimiento, de historia, de narrativas. El conocimiento de Lélia sobre el psicoanálisis le permitió analizar en detalle la subjetividad de estas mujeres, a partir de una lectura del inconsciente centrada en lo que aprendieron.

Otro elemento muy fuerte son las referencias de mujeres guerreras que desempeñaron un papel destacado en la historia. Por citar algunos ejemplos: la propia Reina Nzinga, así como Luísa Mahin. Insistía mucho en relacionarlas con las madres de los liderazgos negros, madres que perdieron sus hijos, asimilándolas con un papel importante en la historia.

Y el otro perfil viene de las Orixás [u orishás]. Ella se presentaba como la hija de Oxum [Oshún] una orixá de la belleza, la seducción y las palabras, que carga un conjunto de elementos relacionados con la noción occidental de la feminidad que logra poner a la mujer en ese rol de seductora. Pero que, para la cultura yorubana (constituida en Brasil a través de la religiosidad afrobrasileña), las mujeres tienen estos dos trazos: simultáneamente, representan la feminidad y el lugar de la guerrera, de la mujer que construye el mundo, que lo forja y que lucha por él.

Lélia extrapola elementos de esta religiosidad de una manera sutil. Por ejemplo, los colores utilizados por ella en los comicios electorales fueron el amarillo y oro (colores de Oxum), pero también trajo los colores del feminismo, el morado. Ella hizo esa fusión y eso es muy bonito. Tuvo este sincretismo religioso con el secular del activismo político.

N: ¿A partir de estas influencias (de Orixás y de ese sincretismo religioso), nos podemos situar en otro lugar de lucha feminista, como de potencia?

F: Sí, porque estamos hablando de una religiosidad violentada. No se trata solo de dejar un mundo religioso católico, que era de donde ella salió para ingresar a otro mundo religioso afrobrasileño. Se trata de abandonar una religión dominante, que en ese momento y a la fecha, es el catolicismo.

El Candomblé (religión de Lélia) aún hoy es una religiosidad perseguida. Ya había sido perseguida por el Estado (con intervenciones policiales a través de invasiones en los cultos) y hoy lo es por civiles (personas de otras religiones) que agreden a las personas. Incluso los paramilitares fomentan una fuerte intolerancia desde el racismo religioso.

Por lo tanto, migrar estos elementos de Oxum, traer a las Orixás y cargar con esa religión, fue una actitud de subversión por parte de Lélia. Ponía de manifiesto que una cultura masacrada había resistido siglos de violencia estatal e intolerancias de la religión occidental dominante. Lélia logró esa especie de fusión entre el Candomblé y el feminismo. Hoy encontramos movimientos que no se asumen feministas, que rechazan el feminismo debido a sus creencias y religiones. Ése no es el caso de Lélia.

Criticar la dominación para construir algo nuevo

F: Algunos movimientos en defensa de la mujer africana se basan en una idea de la mujer del África tradicional, que es un África imaginada. Imaginaban mujeres libertarias. De hecho, a pesar de haber tenido un grado diferente de poder en la sociedad, no por eso se mantienen fuera del patriarcado.

En resumen, existe una tendencia hoy en día para quienes defienden el mulherismo africano al decir que no son feministas y que el feminismo es occidental. Lélia González está en otra postura política: soy una feminista negra y eso significa criticar lo occidental y occidentalizador en el sentido del eurocentrismo.

Lelia y Angela Davis (1985). Fuente: Acervo Lélia Gonzalez Projeto Memoria

No quiere decir que Lélia haya negado el occidente. Era una autora que apreciaba mucho el conocimiento y todo lo que podía representar algo crítico para el mundo. Rechazaba el eurocentrismo. A todo lo que pertenecía a la dominación, ella se opuso. Estaba tratando de hacer una fusión de lo que era importante en África, Europa y América Latina, para luego construir algo nuevo.

N: En los años que vivió Lélia la ebullición feminista era otra y ella tuvo el papel de develar lo que estaba velado. Entonces, por supuesto que incomodaba (a propósito obviamente). De esa forma, fue rompiendo con el pensamiento eurocéntrico en la academia, como con el feminismo blanco…

F: Sí. Y ella también criticó el feminismo negro. Hay un texto de ella en un periódico llamado Raza y Clase (de los fines de los años 70) que hizo una dura crítica al feminismo negro. Después del primer encuentro de mujeres en 1988, se dio cuenta de varios problemas. Luego fue al periódico y criticó la organización de las mujeres negras, hablando de los límites de la organización. Ella era irreverente. La crítica para ella era importante, pero no es una crítica de ruptura, para romper y no construir nada. Veía la crítica como necesaria para explicitar temas y mejorar o profundizar la lucha feminista.

“Al reivindicar nuestra diferencia como mujeres negras, como amefricanas, sabemos bien cuánto llevamos en nosotras las marcas de explotación económica y subordinación racial y sexual. Por lo mismo, llevamos con nosotras la marca de la liberación de todos y todas”.

Lélia, 1988.





Nicole Andrea

Feminista interseccional, latinoamericana, migrante, estudia feminismo y espacio social.

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