Mujeres que padecemos depresión en el trabajo: otra brecha de género

Decidí escribir esto para no caer en un momento de debilidad y reiniciar una espiral de conductas que terminarán en otra depresión. De eso vengo huyendo desde hace un par de años, cuando mi último episodio depresivo me paralizó físicamente, perdí mi empleo y mi departamento. Sí, me quedé en la calle. Por ello, es imperativo que hablemos sobre la depresión en el trabajo cuando somos mujeres que no tenemos el privilegio, o la garantía, de sufrir este trastorno sin que nuestras vidas se destruyan por completo.

En terapia me diagnosticaron depresión o trastorno del estado de ánimo (de acuerdo con la Cuarta versión del manual diagnóstico y estadístico de las enfermedades mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-IV) y la Décima revisión de la clasificación internacional de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud). Como tal, no existe una definición totalmente aceptada sobre la depresión, pero se ha tratado de describir en función de algunos síntomas. En mi caso, son: pérdida de interés en las actividades que me apasionaban; aumento de peso; hipersomnia (exceso de sueño); baja autoestima; culpa; pensamientos suicidas; entre otros. 

Del 40 al 85% de las personas que hemos sufrido depresión, tenemos alguna recaída durante nuestra vida. (González-González S, Fernández-Rodríguez C, Pérez-Rodríguez J, Amigo-Vásquez I. Variables predictoras de los resultados de un programa de prevención secundaria de la depresión. Int J Psych Psychol Ther 2007). Yo he designado a esos episodios como “Aullidos”.

Aullidos a la distancia

Desde niña, tengo estos momentos de quiebre: a veces me veo fuera de mi cuerpo, observo el lugar donde me encuentro como si fuera una película, y entonces cae dentro de mí, llenando cada espacio disponible, es una sensación parecida a cemento paralizándome. A los ocho años de edad, asocié esto con una pesadilla recurrente donde aparecía un lobo.

Depresión en el trabajo

Por supuesto, el “lobo” no se fue cuando crecí, sólo se volvió más nítido: era el conjunto de síntomas propios de la depresión.

No estoy sola. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), por cada hombre diagnosticado con depresión, hubo cuatro mujeres, al cierre de 2018. Es el trastorno número uno en México para las mujeres y el noveno para los hombres. Se considera que en 2020 será el problema de salud más peligroso a nivel mundial.

La depresión se vincula con otras grandes dificultades: adicción a sustancias, problemas académicos, conflictos en las relaciones interpersonales, etc. Todos tienen su importancia, pero considero que para nosotras, como mujeres, el más preocupante es el relacionado con el espacio laboral.

He aprendido, de la peor manera, que sin un ingreso económico estable, aunque sea pequeño, no puedo protegerme de las consecuencias que genera mi depresión. Por ejemplo, hace algunos años, sentí que mientras no encontrara trabajo sería imposible escapar de la relación tóxica con mi ex.

Pero, ¿qué sucede cuando estamos en un trabajo y de pronto llega un Aullido, un episodio depresivo? O peor aún, ¿qué pasa si estamos en un trabajo que nos deprime?

Según Factores psicosociales y depresión laboral: una revisión, algunos de los elementos que generan depresión, en el caso específico de las mujeres, son:

“Estar separada de la pareja, tener menor educación, laborar en un trabajo no profesional, recibir un menor ingreso, tener un trabajo menos satisfactorio y padecer más de una enfermedad crónica”.

¿Cuántas de nosotras cumplimos con la mayoría de esos elementos?

Consecuencias de la depresión en las mujeres

Cuando estos episodios o Aullidos terminan, las repercusiones son obvias. Dependiendo de qué tanto permití hundirme en la autocompasión y tristeza, es la gravedad de la situación que tengo que resolver tras el episodio.

En perspectiva, lo que siempre termino destruyendo son mis trabajos o proyectos personales. Es una trampa a la que soy adicta. Con la depresión justifico si mi vida no avanza o si no tomo decisiones. Al no hacerme responsable de mis sentimientos, consigo fracasar una y otra vez para tener el pretexto ideal de volverme a deprimir.

Conozco a otras personas con tendencia depresiva, pero con el tiempo me he dedicado a dar mayor contención a las mujeres. La razón es muy sencilla: a nosotras nos cuesta el doble o triple de esfuerzo recobrar el ritmo y la estabilidad de nuestras vidas, tras el episodio. 

A una mujer deprimida se le reclama, exige, culpa y descalifica. En cambio, a los hombres se les trata compasivamente, bajo la percepción de que algo sumamente malo debe tenerlos así, porque ellos no son de emociones débiles.

Viví este estigma en uno de mis antiguos trabajos: mi compañero pasó meses deprimido por su divorcio; maltrató a todo el departamento, llegó tarde un sinnúmero de veces, en ocasiones olía mal, traía la ropa arrugada, etc. Sin embargo, todo esto se justificaba porque fue abandonado por su esposa y estaba deprimido. Un par de meses después, tuve uno de mis Aullidos. A mí no me perdonaron los retardos, la falta de ánimo (a pesar de que jamás fui grosera con mis compañeros) o la ausencia de maquillaje. En especial, no les pareció verme sin una sonrisa.

La depresión es otro factor que visibiliza la brecha de género. Pero no estamos solas ni tenemos que aislarnos sin hablar de esto. En Oleaje creemos que cada mujer es distinta y merecemos descubrir qué nos detona y qué nos impulsa. Además, en Oleaje siempre recomendamos la terapia, porque no importa cuántas experiencias compartamos sobre esto, las herramientas que debemos construir para cambiar dependen de cada una, pero me atrevo a sugerir algunas.

Asustar al lobo antes de que regrese

¿Qué hago para retomar el control? Estas son herramientas que he desarrollado toda mi vida. Algunas han funcionado por etapas y otras son una garantía para cualquier situación.

1. Me recuerdo quién soy en realidad

“Esta persona quebrada que desea llorar sin control no soy yo”. Pienso en el esfuerzo que hago otros días cuando estoy feliz, alegre, inspirada. Me concentro en esas emociones, que soy capaz de experimentar, para recuperarlas. Esa es la persona que quiero y amo ser.

2. Me obligo a respirar profundo

Ejercito esta herramienta cuando me siento más tranquila y segura de mí. Respirar profundo, durante cinco o diez minutos, no es tan fácil como suena. Te distraes, te aburres, no terminas ni dos minutos, etc. Por eso lo hago cuando tengo mayor control de lo que siento, para que cuando llegue un Aullido tenga dominado este ejercicio que me calmará muchísimo.

3. Hago alguna actividad mecánica que me aleje de la depresión

Me gusta hornear, así que hacer una tarta o brownies es una solución en mi caso. El trabajo mecánico, que sé de memoria por años de práctica, me distrae y me mantiene activa. Además, tiene su recompensa cuando termino. Esto también me motiva a llamar a gente que amo para compartirles de la tarta, y rodearme de personas brillantes que me animen.

4. Juego videojuegos

Tras un episodio de depresión muy fuerte, lo que necesitaba era mantener mi rutina (trabajo, quehaceres domésticos, amigos, etc.), pero no importaba el esfuerzo, en algún momento me encontraba sola. Y eso detonaba muchos Aullidos. Así que prendía la consola y me ponía a jugar. Esos momentos de abstracción en medio del resto de súper esfuerzos agotadores para no caer en depresión de nuevo, fueron maravillosos. Aclaro que no invertía cada tiempo libre en jugar videojuegos, sino que eran una última opción rápida y a la mano para distraerme.

5. Me alimento de manera equilibrada y con gustitos extras

La comida es esencial. Nuestro cuerpo puede deprimirse si lo único que le damos es chatarra, grasas, drogas y alcohol. Poner en peligro a nuestro cuerpo es abrirle la puerta al lobo. Yo procuro llevar una dieta medio equilibrada, sin matarme en ver cuántos carbohidratos llevo, porque también el estrés es amigo de la depresión. En cambio, me como un chocolate a veces. Sigo este canal de YouTube que me anima a cambiar un poco el menú semanal, sin mucha preocupación:

6. Paso tiempo con mis amigas

Reunirme con mi grupo de amigas es lo más terapéutico para mí, incluso en esas ocasiones cuando ellas tampoco traen ánimos o parecen tener vidas demasiado ocupadas. El contacto con otras mujeres siempre me devuelve la perspectiva de que todas estamos juntas luchando en este mundo. 

Venciendo al lobo

Ahora me dedico a ejercitar hábitos que mantengan lejos al lobo. Hago planes realistas y alcanzables con personas que amo para tenerlos como pequeñas metas felices. En especial, no pierdo de vista que tener un trastorno emocional no está relacionado ni debería ser exacerbado por el sistema económico y laboral donde vivimos. 

El capitalismo nos tiene convencidos de cumplir expectativas que, en general, son imposibles de alcanzar por la mayoría de las personas. Mucho más para las mujeres mexicanas. No somos rubias, no somos herederas, no somos delgadas, ¿cómo entonces alcanzar la autorrealización

En definitiva, en los trabajos para la clase baja y media baja, no encontraremos la solución, pero desde ahí debemos hacer el cambio: mantener siempre una entrada económica, mientras concentramos lo poco que nos queda de energía para realizar proyectos personales.

Para mí, Oleaje fue el principal impulsor de ese cambio de vida. Aunque no es mi proyecto personal, ya que se trata de una colectiva, mi participación y contacto constante con sus integrantes me devolvió la perspectiva.

Sí es posible ser una mujer con un trastorno emocional, y cuidarnos de no perderlo todo cuando un episodio tome control de nosotras. Debemos recordar que nuestros patrones y compañeros laborales no harán nada por nosotras, pero no es necesario, porque hay otras formas y personas con las que podemos construir herramientas. 

Sofía Rescala

Feminista, escritora, orgullosa integrante de la Colectiva Oleaje. Puedes leer todos mis artículos aquí.

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  1. Snibexy

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