Paternidad ausente: otra forma de violencia estatal

Recientemente he estado pensando en mi padre y en nuestra relación familiar. Hace tres años, mis padres se separaron y yo me quedé con mi madre. La relación con ella siempre ha sido muy cercana, mientras que con mi padre nunca lo fue y esto se agudizó con la separación.

Yo he sido quien ha buscado reconstruir esa relación, pero hoy me pregunto: ¿Qué orilla a los hombres a ser indiferentes en la construcción de vínculos afectivos con sus hijos? ¿Cómo han sido educados para carecer de empatía por los seres vivos que dependen de ellos no sólo económica, sino también emocionalmente?

Estas dudas surgieron debido a una charla que tuve con mi hermano menor. Mis padres se divorciaron cuando él tenía 8 años de edad. A ambos nos educaron del mismo modo, conviviendo mucho más con mi madre.

Decidí repensar lo que la ausencia de mi padre significa, y la forma en que me ha lastimado cuando mi hermano me hizo una pregunta. La misma que yo me planteé durante años: “¿Por qué a mi padre no le importa saber de mí?”.

La única explicación lógica para mí, es que nuestro padre ausente fue educado bajo reglas patriarcales. Para él no es necesario ni preocupante pensar en el bienestar de los hijos, ya que le enseñaron que esa no es su responsabilidad.

Entendí que si la relación emocional entre nosotros es difícil, con mi hermano debe ser inexistente, y me planteé las implicaciones no sólo emocionales, sino legales de esta situación.

La respuesta me pareció más clara tras leer a Sara Ruddick y su ensayo “Pensando en los padres”, donde explica que:

Los padres que mejor mantienen materialmente a sus hijos muy raras veces comparten verdaderamente el trabajo emocional y la responsabilidad de la crianza.

Sin embargo, seguí dándole vueltas al asunto y conforme pasó el tiempo, entendí que nuestra relación se percibía más lejana porque ya no vivimos en la misma casa. Hoy me doy cuenta de que mi padre fue un “padre ausente”.  

¿Que es la paternidad ausente?

Francisco Cervantes define en Paternidad equitativa: Una propuesta para hombres que desean mejores relaciones con sus hijas e hijos, dos tipos de paternidades ausentes: la primera, donde los padres se muestran indiferentes hacia sus hijes, algunos permanecen grandes lapsos literalmente alejados —han migrado, trabajan largas jornadas y/o invierten su tiempo libre con amistades— y la segunda, abarca a los que aun estando físicamente presentes, no comunicativos y comparten poco con sus familiares.

Es este caso, mi padre fue del segundo tipo. Por su lado no fue un hombre trabajador. En realidad casi siempre estaba desempleado y aunque estuviera en casa, no cuidaba de mí ni me llevaba a la escuela; a veces mi mamá tenía que pagar para que alguien más lo hiciera.

Es normal que cuando somos infantes no prestemos atención a quién se encarga de cuidarnos, alimentarnos, llevarnos a la escuela, cubrir nuestros gastos, etc. Por suerte, en mi caso, gracias a la relación tan cercana con mi madre, poco a poco entendí quién era el miembro de la familia encargado de mi bienestar.

Si sentía hambre, ella cocinaba; cuando me enfermaba, ella me llevaba al doctor y me cuidaba toda la noche; para hacer mi tarea siempre me apoyé en ella y además, fue una madre trabajadora de doble jornada laboral, pues siempre se encargó del trabajo doméstico, sin paga alguna, obviamente.

Por lo anterior, la ausencia de mi padre se fue fortaleciendo a lo largo de mi vida de diversas formas: en lo emocional, lo económico, en mi desarrollo psicológico y social, etc. En este punto, para mí era natural que mi madre fuera la única persona presente en todos los ámbitos de mi vida emocional. Mi infancia y adolescencia las pasé con ella.

En “Pensando en los padres”, Ruddick reflexiona acerca de la nula eficacia de los sistemas legales que permiten el fortalecimiento de esta violencia en la vida de los infantes:

Los padres son apenas conocidos o escasamente reconocibles; la “ausencia” del padre permea las historias feministas. Algunos padres literalmente se han perdido o ido; otros pueden ser localizados pero no darán nada, ni dinero ni servicios, a menos que estén bajo, la muy pocas veces eficaz, presión legal.

Debemos recordar que es obligación de ambos progenitores procurar el bienestar y desarrollo en todos los ámbitos de los hijos; del mismo modo en que las leyes y el Estado se encargan de garantizar que los padres cumplan dichas obligaciones y los infantes gocen de estos derechos. Pero la realidad en la que muchas de nosotras nos desarrollamos, es totalmente distinta a los ideales de justicia. 

La paternidad ausente es otra forma de violencia

Ahora me pregunto si es obligatorio que los padres ejerzan la paternidad de forma responsable, ¿dónde se encuentran las leyes que garantizan el cumplimiento de este rol? Vale la pena recordar lo que Sandra Escutia Díaz refiere en su tesis Feminismos y masculinidades. Aportaciones dialógicas para la construcción de nuevas sujetividades y subjetividades en la segunda mitad del siglo XX en Latinoamérica:

La violencia económica y patrimonial, la descalificación de las capacidades laborales e intelectuales, los ataques físicos, las agresiones emocionales redundan en la no voluntad del estado por poner fin a la trata de mujeres para la prostitución y el trabajo forzado, las bajas remuneraciones del trabajo femenino, la pésima atención de salud a las mujeres y la violencia obstétrica, las mayores dificultades para acceder a la educación de las niñas y, en general, el abandono jurídico de las mujeres. Los Estados, en todos estos casos, administran los privilegios ocultos de las masculinidades incuestionadas.

Por todo lo anterior, el padre ausente es una figura que reproduce los esquemas estatales de violencia sistemática contra las mujeres y los infantes. Debemos entender que los hombres han sido educados para tener interés en las actividades de renombre y poder. Por ello los labores domésticos y de cuidado han sido trabajos que no se les enseñan.

Los padres aprenden a llevar el orden en la familia como una reproducción, en lo privado, del orden público establecido por el Estado. Vivimos bajo jerarquías de poder para controlar nuestro desarrollo. Por ende, el hombre/padre es quien mantiene el control de las jerarquías y las reproduce para que siga funcionando esta forma de organización.

Los hijos aprendemos que si nuestros comentarios no son sobre temas importantes para los padres, es mejor evitar hacerlos para no incomodarlos.

A su vez, esta organización respalda el machismo donde el hombre no necesita hablar de emociones, miedos, ni dudas, porque eso no permite el mantenimiento de las jerarquías que les dan el poder de nuestro desarrollo, pues los hace ver como seres débiles.

Eleonor Faur indica en su libro Masculinidades y desarrollo social al respecto que:

La familia se encuentra atravesada por prácticas de poder y autoridad, y por ende, es también en este ámbito en donde se inicia la construcción de sujetos con distintos grados de autonomía y capacidades de decisión.

En este caso, por medio de la ausencia de la figura paterna, les hijes no tenemos voz ni voto frente a alguien que no nos presta atención, que no está o que simplemente nos ignora. Del mismo modo en el que el Estado nos mantiene callados, nuestros padres nos aleccionan para mantener el silencio y la obediencia. ¿Qué más nos queda si no nos escuchan? ¿Cuál es el punto de protestar si nos ignoran?

Cómo crear herramientas contra esta violencia

Sabemos que es complejo replantear estas formas de relacionarnos. Pero es necesario comenzar a preguntarnos qué herramientas tenemos a la mano desde el feminismo para poder detectar, cambiar y frenar esta violencia sistemática que vivimos día con día. Desde nuestra infancia hasta nuestra adultez.

Me parece importante mencionar que el hecho de que no contamos con políticas públicas ni legislaciones que busquen el cambio de los modelos de paternidad; ni tampoco se promueve con programas sociales el ejercicio responsable de la paternidad; es sólo el reflejo de que esta violencia sistematizada contra mujeres e infantes es provocada y solapada por el Estado.

Como indica Hernández Abarca:

Por el contrario, la legislación mexicana continúa reproduciendo una visión restrictiva y tradicional de la paternidad, limitada al reconocimiento de los hijos e hijas y a los deberes de asistencia económica.

Es importante repensar nuestras herramientas y compartirlas en la medida de lo posible con las mujeres e infantes de nuestros entornos. Trabajar en cambiar la idea con la que crecimos, donde la mujer es proveedora emocional única y exclusiva del hogar. Hay que replantearnos la organización jerárquica en nuestras familias y cuestionarla, así como exigir políticas públicas que garanticen el ejercicio de las paternidades responsables. Pues las pensiones alimenticias obligatorias o la extensión de los permisos de paternidad ante el nacimiento de un hijo no son suficientes.

Desde Oleaje entendemos que el trabajo no es sencillo; sabemos que nuestras mejores herramientas son la constante reflexión sobre estas vivencias y las conclusiones que obtenemos. Por ello las invitamos a contarnos sus experiencias y a reflexionar en torno a ellas.

Eva Leyva

Feminista ante todo, escritora, estudiante, lectora y orgullosa integrante de Oleaje

8 Comments

  1. Carmen

    Nuevamente me atrevo a comentar, con sentimientos y emociones encontrados, pues mis hijos y yo vivimos en carne propia una situación así!! Para mi resultó muy difícil la vida durante el matrimonio con un esposo físicamente presente pero ausente en todos los sentidos.
    La separación fue el desenlace inminente pero siempre me pregunte hasta que punto afectaría a mis hijos, inevitablemente afecto a los dos, y yo pues creo que he tratado de no dañar a mis hijos en sus sentimientos respecto a su padre!
    Pero lo que no puedo evitar es que al paso del tiempo ellos solos se formen una opinion, un sentimiento y un criterio propio con el cual podrán expresar su opinión y sentir respecto a esa etapa de su vida tan significativa.
    Como mujer, madre, proveedora, y educadora por supuesto que me he visto muy afectada, física, emocional e intelectualmente, pero nada de lo que hice, haga o tenga que seguir haciendo por mis hijos sera demasiado, no me pesa, ni me cansa, por el contrario, pero lo que también no puedo perder de vista es el poco apoyo que a nivel gobierno y autoridad reciben los hijos y esposas de hombres poco o nada responsables!
    Soy madre de una damita y un varón, y creo que mi obligación es educar de manera responsable a mi pequeño para que sea un hombre cabal, responsable y buen padre!!
    A mi hermosa hija,toda una mujer ya dentro de la vorágine de actividades que teníamos trate de enseñarle responsabilidad, valores, amor y respeto a si misma .
    Es para mi un placer leer sus publicaciones, me dejan grandes enseñanzas y me ayudan a tener panoramas y puntos de vista diferentes, gracias y felicidades!!

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