En el marco de la conmemoración del natalicio de Virginia Woolf, en Oleaje nos parece importante releer Una habitación propia para reflexionar qué tanto hemos avanzado en la independencia económica y la lucha de las mujeres en los últimos 90 años.

Virginia Woolf (Adeline Virginia Stephen) nació en Londres el 25 de enero de 1882, fue una importante escritora modernista anglosajona y feminista. Entre sus textos destacados se encuentran: La señora Dollaway, Orlando: una biografía , Las olas y Una habitación propia

Hace unas semanas releí este último, después de casi 10 años de haberlo hojeado por primera vez. En Una habitación propia, Woolf diserta sobre la importancia de la independencia económica de las mujeres para poder crear. 


Portada Una habitación propia
Foto: Muchachas que leen

Lo que inicialmente pretendía ser un análisis sobre la mujer y la novela, es un acercamiento a la independencia intelectual de las mujeres, quienes desconocen, o carecen, de una genealogía respecto a su género. ¿Qué ha cambiado en 90 años? 

¿Hemos alcanzado libertad económica?

Si bien el feminismo ha avanzado estas últimas décadas respecto a los derechos de las mujeres y el acceso de éstas a puestos de poder y representatividad, la independencia económica de la mayoría no se ha alcanzado o se ha hecho a costa de la explotación laboral, la salud mental y un sin fin de violencias. 

No es raro encontrar casos de mujeres que viven en pareja violencia económica (sin mencionar la psicológica y física). Tampoco lo es que muchas de nosotras tengamos que estudiar y trabajar a la vez; tener más de un trabajo; trabajar en algo que nos da solvencia económica pero nos nos satisface profesionalmente; trabajar soportando violencias machistas y abusos; etc. 

Ni 500 libras, ni habitación propia

Además tenemos a cuesta el trabajo de cuidados y del hogar: se nos reprocha no ser “buenas mujeres” o ser egoístas cada vez que pensamos en nuestro bienestar y autocuidado. El trabajo no pagado nos resta tiempo y energías para desarrollarnos como individuas, para organizarnos, para buscar nuestra felicidad y libertad (individual y colectiva).  

Protesta en una ONG en Santiago, Chile
Foto: Pamela Pulido 

Para el caso de México la OECD, en su informe del 2017, señala que “Las mujeres dedican al trabajo no remunerado alrededor de cuatro horas más que los hombres por día, la diferencia más grande entre los países de la OCDE.” Lo cual porcentualmente representa el 24.2 % del PIB.  

También menciona que:

Las mexicanas ganan 16.7% menos en promedio que los hombres lo que en parte es el resultado de las interrupciones en la carrera profesional de las mujeres, la segregación ocupacional y sectorial en trabajos informales mal pagados, los efectos de las barreras laborales, las preferencias, limitaciones, diferencias en horas laborales remuneradas o no remuneradas y la discriminación en la contratación y los ascensos .

OCDE, 2017.

Capitalismo y trabajo no pagado

Aunque ejerzamos laboralmente, ello no significa que desaparezca de nuestras vidas el trabajo de cuidados. Se ha normalizado, con la idea de “igualdad” (en el “desarrollo” capitalista), que la mujeres llevemos dobles y hasta triples jornadas laborales con la paga de una o ninguna. Lo cual se transmite en menos tiempo para nuestro desarrollo personal y libertad. 

Al respecto Silvia Federici, en El patriarcado del salario, menciona: 

La jornada laboral que efectuamos para el capital no se traduce necesariamente en un cheque, que no empieza y termina en las puertas de la fábrica, y así redescubrimos la naturaleza y la extensión del trabajo doméstico en sí mismo. Porque tan pronto como levantamos la mirada de los calcetines que remendamos y de las comidas que preparamos, observamos que, aunque no se traduce en un salario para nosotras, producimos ni más ni menos que el producto más precioso que puede aparecer en el mercado capitalista: la fuerza de trabajo.

Silvia Federici
Silvia Federici y mural de protesta
Foto: La ciudad de las diosas

La metáfora de la libertad

Una habitación propia, con cerrojo y sin ruido no sólo es ideal, es necesaria. Para crear o descansar, para hacer lo que necesitemos y lo que nos venga en gana. Al igual que es necesario hacer vínculos entre nosotras, reconocernos en nuestra genealogía, reconocer los logros de la lucha de mujeres, enfocarnos en nuevas metas, romper el paradigma impuesto que no responde a nuestro ser (económico, político, social, sexual, etc). 

En cada relectura una encuentra nuevas certezas, guiños y dudas. A los 16 años entendí, por ejemplo, la importancia de tener un espacio propio y privado para ser libre (al menos en una habitación). Entonces eso era importante para mí, soy la menor de dos hijas, compartía cuarto, juguetes y ropa (quisiera o no).

Gracias a una primer lectura de Woolf comencé a buscar mis espacios de libertad y privacidad, a poner límites, a reclamar lo que es mío. Ahora, 10 años después, a mis 26, tengo mi espacio propio (más que sólo una habitación); pero comprendo diferente la metáfora woolfiana. No me basta un espacio si no tengo lo esencial, quizá no necesito sólo una habitación, también requiero una comuna u okupa feminista.

Virginia Woolf
Collage: Catarina Pessoa

Lo significativo y revolucionario respecto a las 500 libras anuales que plantea Virginia Woolf en Una habitación propia no es el dinero en sí, sino la idea de libertad, estabilidad e independencia económica para las mujeres. 

Libertad colectiva

500 libras al año no nos vendrían mal para, por ejemplo, dedicar el tiempo que queramos y podamos a crecer y crear, a cuidarnos entre nosotras; o para tener libertad y no soportar violencias o abusos por necesidad económica; para hacer nuestros sueños colectivos realidad; para sostener una revista electrónica, para dar talleres a mujeres, para apoyar los proyectos hechos por y para mujeres, para cuidar de nuestras madres, hijas y hermanas, para cuidar de nosotras mismas. 

En Oleaje creemos que es necesario reconocernos entre nosotras, apoyarnos unas a otras, abrir espacios de convivencia y creación. Releer a Woolf es un paso para crear cuestionamientos y encontrar certezas, para generar trabajo en conjunto y buscar nuestra libertad y felicidad.