Sí. La posibilidad de ser adicta al azúcar es real. La palabra “adicción” se relaciona con el consumo dependiente de sustancias, como tabaco, alcohol o drogas no legalizadas. Por ello, pareciera que la “inofensiva azúcar” tiene un riesgo adictivo y destructivo menor al que poseen, por ejemplo, la heroína o la cocaína; sin embargo, puede acabar con nosotras y generar daños permanentes en grandes niveles. 

El azúcar es de los productos más vendidos en el mundo: está dondequiera y sus diversas presentaciones son cada vez más variadas y asequibles. Esto ha propiciado que las empresas relacionadas con el azúcar sean muy poderosas.

Para salvaguardar este poder, las compañías generan publicidad masiva, que minimiza las consecuencias que provoca el consumo de azúcar al organismo humano, en especial al de las mujeres.

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No, éste no es un manojo de argumentos conspiranoicos. Está pasando, y lleva más tiempo en tu vida del que crees.

¿Cómo llegó el azúcar a mi casa? 

La alimentación de las mujeres modernas ha ido cambiando con los acontecimientos políticos y sociales a lo largo de los años. Antes de las guerras mundiales, las familias consumían alimentos poco o nada procesados, casi siempre preparados por mujeres en casas o comedores.

No había altos índices de enfermedades relacionadas con la ingesta excesiva de algún macronutriente. 1)Aquellos elementos nutricionales que aportan el mayor porcentaje de energía al organismo; también otorgan los elementos necesarios para reparar y construir las estructuras celulares y regular los procesos metabólicos. Éste grupo está compuesto por proteínas, grasas y carbohidratos, y se llaman macronutrientes porque necesitamos un porcentaje mucho mayor de ellos que de los micronutrientes -las vitaminas y minerales., ya que todo lo que ingerían las personas provenía de la naturaleza cercana, pues aún no eran posibles tantos procesos que transformaran las materias primas. 

Después de la revolución industrial, la publicidad que incentiva el consumismo alimenticio tuvo gran auge, lo que generó la superproducción del azúcar. De esta manera la gente comenzó a añadirla a sus alimentos y bebidas, haciéndola parte de su alacena y su vida diaria.

Azúcar políticamente correcta

El consumo de azúcar aumentó después de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Muchas mujeres fueron abandonadas por sus familiares cuando éstos marcharon a  la batalla. Las necesidades afectivas, económicas y sociales de estas mujeres cambiaron, por lo que buscaron alternativas para sostenerse económica y socialmente, atender a sus hijos y mejorar su ánimo, todo al mismo tiempo, por lo que debían estar alertas y activas la mayor parte del día.

Los hombres que sobrevivieron tenían afecciones físicas, traumas y adquirieron otras necesidades, entre ellas la de sentirse mejor por cualquier medio. Tanto para ellos como para las mujeres, los productos azucarados ofrecían una alternativa económica para cubrir estas necesidades.

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La industria se dio cuenta de que a la gente le gustaba consumir azúcar. Las secuelas psicosociales de la guerra mantenían una atmósfera deprimente, que parecía mejorar con el consumo de azúcar y dulces; desde entonces, fueron relacionados estrechamente con alegría, bienestar, recompensa y colores agradables, que contrastaban con lo gris del ambiente.

Sociedad al servicio de la industria

Si bien los dulces estaban destinados a los niños, el azúcar era consumido por los adultos en otras presentaciones. Un ejemplo es el café, que cumplía el objetivo milenario de despertar a la población trabajadora y ahora, endulzado, aportaba energía y sensación de bienestar. Gracias a esto se crearon los shots de azúcar por excelencia: los refrescos.

Los productos con azúcar refinada en altas cantidades tuvieron mayor demanda: se puso de moda consumirlos y compartirlos; pues el azúcar estimula las neuronas de la recompensa y la motivación, además es aceptada en la sociedad. 

No obstante, las personas necesitaron cada vez mayor estimulación para recibir el mismo efecto: como sucede con cualquier otra sustancia adictiva, el cerebro la asimila y se acostumbra a su presencia. A la par, también aumentó el sentimiento de ansiedad cuando no se consumía.

Por ser altamente adictiva la sensación de placer que provoca el azúcar, la industria decidió agregar ésta, y otras sustancias parecidas, a la fabricación de todo tipo de productos alimenticios; aumentando la cantidad y variedad de productos con azúcar., Llegando a convertirla en parte de la cultura o apropiándose de ella.

Como siempre, el capitalismo

La manipulación comercial siguió en aumento dejándonos rodeadas de esta droga: restaurantes, casas, oficinas, comercios grandes y pequeños, las calles llenas de publicidad… todo tiene productos con azúcar. Prácticamente la consumimos todas porque es muy difícil escapar de ella.

Llevar una alimentación balanceada y saludable es algo casi utópico, por el ritmo de vida al servicio del capitalismo. Las mujeres no tenemos tiempo de preparar comida en casa para alimentarnos  adecuadamente, y acceder a una alimentación de calidad en la calle es caro y complicado. 

Por su parte, la industria alimenticia ha simplificado nuestro acceso a refrescos, botanas, galletas, pan o dulces; es comida que nos quita el hambre por un rato, además de práctica y barata;, pero que no alcanza a cubrir nuestras necesidades nutricionales, pues hace que el hambre regrese en poco tiempo y con más fuerza: un par de horas después volvemos a buscarla como remedio a nuestra hambre.

Por todo ello hay un aumento exponencial en padecimientos como hipertensión, diabetes, hipotiroidismo, síndrome de ovario poliquístico (SOP) y otras enfermedades hormonales y metabólicas desde hace más de veinte años.

Es importante remarcar que estos hábitos de consumo los creó la industria, y no son culpa de las mujeres. Es un círculo vicioso, en el que nuestros cuerpos ya no están acostumbrados a usar las reservas grasas para satisfacer las necesidades energéticas. Vivimos  con hambre, sueño, dolor de cabeza, inflamación, de mal humor y aumentando la cantidad de síndromes y padecimientos que nos aquejan.

El campo, esclavo de la industria azucarera

Los productos frescos y naturales se han ido encareciendo en comparación con todos estos placebos alimenticios. La industria azucarera y harinera han conseguido apropiarse de grandes superficies de tierra y convertirla en monocultivo, abaratando sus costos de producción y venta, gracias a la explotación humana y del campo.

Aquí van unos datos para enfrentar la realidad: en México, los cortadores de caña trabajan 6 días a la semana, 13 horas diarias y ganan entre $640 y $768 pesos por semana, según lo que hayan cortado. La zafra (temporada de corte de caña) dura de noviembre a mayo o junio; el resto del año ellos no tienen empleo. 

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Toda la cadena productiva relacionada con el consumo de azúcar, está ligada a la explotación de sus empleados; mientras los dueños de la industria obtienen un enorme margen de ganancias. Una parte se invierte en publicidad descontrolada, distribución y creación de mas productos.

¿Qué es el azúcar entonces?

Hay dos tipos de carbohidratos: simples y complejos 2)Los carbohidratos simples están constituidos por moléculas más pequeñas, carecen de fibra y no se encuentran enlazados con ningún micronutriente, por lo que se descomponen más rápidamente por el organismo y son usados como fuente de energía de manera inmediata. . Los primeros los encontramos en productos procesados y endulzados, así como en la mayoría de las frutas, lácteos, miel e incluso algunas verduras, aunque en menores cantidades. 3)Los carbohidratos complejos, por el contrario, son ricos en fibras, suelen estar enlazados con vitaminas y minerales; tardan más en procesarse, absorberse y ser utilizados por el organismo. Los segundos los encontramos en cereales naturales  como la avena, hojas verdes, granos integrales, entre otros.

El azúcar se encuentra agrupado dentro de los carbohidratos simples, y su única función nutricional es el aporte de energía de consumo inmediato; a diferencia de otros carbohidratos como la fibra, que ayuda a regular la digestión y no aporta tantas calorías de consumo inmediato, por lo que su degradación es más compleja y la saciedad que proporciona dura mucho más.  

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Azúcar y mujeres

Los efectos de estos hábitos alimenticios en los cuerpos femeninos son mucho más dañinos: generan alteraciones hormonales al exacerbar la expresión de la insulina, que a su vez altera otros tejidos y hormonas; provoca dolores de cabeza, colabora con la deshidratación y hace más lentos los procesos metabólicos; genera periodos menstruales más dolorosos e irregulares; en casos extremos, incluso puede causar infertilidad. Según el archivo del blog de ciencias médicas

Estudios científicos han comprobado que la elevación de la insulina como consecuencia de la ingesta de azúcares, aumenta las hormonas masculinas en las mujeres. Las mujeres que comen azúcares, sobre todo al atardecer, presentan un aumento de testosterona en la sangre. La insulina actúa directamente en los ovarios estimulando la producción de la hormona masculina.

Desde niñas comenzamos el consumo de esta droga; el capitalismo, la industria y los malos hábitos alimenticios nos han hecho adictas a temprana edad. Esto prepara el terreno para todos los problemas que vienen al comenzar a expresar hormonas sexuales, que pueden venir de glándulas poco desarrolladas o alteradas, teniendo esto efectos visibles en el desarrollo y en la vida adulta.

¿Parece exagerado? No lo es. El azúcar es tan adictiva que incluso fue comparada con la cocaína en un estudio hecho con ratas. A los roedores -adictos, desde antes, a la cocaína- se les ofreció agua con azúcar como alternativa a su dosis diaria de coca intravenosa. Sorpresiva y escandalosamente, las ratas comenzaron a olvidar la cocaína para consumir cada vez mayor cantidad de agua azucarada. Cuando se analizó su ingesta de azúcar en proporción a la liberación de dopamina (la misma sustancia que libera el cerebro con el consumo de drogas fuertes), ésta era muy similar a cuando las ratas recibían su dosis de cocaína. 

¿Cómo dejo de ser adicta al azúcar?

Luchar contra esta adicción es una valiosa forma de autocuidado que las mujeres podríamos empezar practicar ya; pues protegemos nuestro cuerpo, estado anímico y bolsillo, contribuimos a reducir la ansiedad y el hambre entre comidas, además de que evitamos alterar nuestros ciclos hormonales.

Dejar de ser adictas al azúcar es luchar contra las mentiras de la industria alimenticia, y dar un gran paso a favor de nuestro bienestar. ¡Atrévete! 

Puedes comenzar tomando pequeñas acciones, como beber agua simple, cuando tengas ansiedad o muchas ganas de comer azúcar; evitar refrescos, bebidas energéticas o deportivas, cambiar el pan dulce por galletas altas en fibra o algún snack sin harina ni azúcar añadida o, mejor aún, por una fruta. Aumenta éstos hábitos hasta darte el tiempo de comer bien y balanceado para mantener a raya el hambre durante suficientes horas.

Si aún no estás segura de qué efectos tiene el azúcar en tu cuerpo, experimenta un poco: come bien por una semana, en un día come toda el azúcar que puedas, y pon atención a la forma en que tu cuerpo reacciona. Verás que la inflamación, letargo (mal del puerco), indigestión, mal humor, acné, piel reseca y otros problemas no se hacen esperar.

Formando redes: morras help morras

Te recomendamos consultar a una especialista para asesorarte y hacerlo de la mejor manera posible para tu cuerpo. También apóyate de una psicóloga que te auxilie para sostener los cambios que hagas a tu alimentación.

Contar con otras mujeres que te escuchen y animen es vital para poder sostener con la voluntad suficiente un cambio como éste, ya que requiere fuerza y determinación para llevarse a cabo. Incluso pueden hacerlo juntas y darse apoyo colectivo, para que la fuerza de todas las haga invencibles.

Es importante vivir este proceso con el objetivo de tener juntas una salud plena, y no por gordofobia ni por competir con las otras para conseguir una figura apegada a los estándares. Las mujeres tenemos derecho a la salud, y eso incluye la alimentación y las relaciones sanas con otras mujeres; por lo que dejar juntas el azúcar es el pretexto perfecto para construir colectivamente.

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Las mujeres tenemos derecho a la salud, y eso incluye la alimentación y las relaciones sanas con otras mujeres; por lo que dejar juntas el azúcar es el pretexto perfecto para construir colectivamente.

En mi experiencia, todos los años de tortura, recaídas diarias y alteraciones hormonales crecientes que viví tratando de liberarme de mi adicción al azúcar y los carbohidratos simples hubieran sido más sencillos si no lo hubiera hecho sola desde el principio.

La mejor manera de sostenerme y terminar con mis malos hábitos, fue formar redes sólidas de mujeres, como la que encontré en Oleaje, y gracias a la cual pude conocerme mejor y aceptar mi condición para poder cambiarla con amor. Todas las mujeres merecemos una vida libre de adicciones. Liberémonos también de la esclavitud alimenticia.  

 

Notas al pie:   [ + ]

1. Aquellos elementos nutricionales que aportan el mayor porcentaje de energía al organismo; también otorgan los elementos necesarios para reparar y construir las estructuras celulares y regular los procesos metabólicos. Éste grupo está compuesto por proteínas, grasas y carbohidratos, y se llaman macronutrientes porque necesitamos un porcentaje mucho mayor de ellos que de los micronutrientes -las vitaminas y minerales.
2. Los carbohidratos simples están constituidos por moléculas más pequeñas, carecen de fibra y no se encuentran enlazados con ningún micronutriente, por lo que se descomponen más rápidamente por el organismo y son usados como fuente de energía de manera inmediata.
3. Los carbohidratos complejos, por el contrario, son ricos en fibras, suelen estar enlazados con vitaminas y minerales; tardan más en procesarse, absorberse y ser utilizados por el organismo.