Testimonio: Gaslighting institucional al usar métodos anticonceptivos

Hace poco me retiré el implante subdérmico Implanon NXT, tuve una experiencia horrible con este anticonceptivo hormonal que duró tres años. Hoy puedo nombrar mi experiencia, la violencia obstétrica y gaslighting institucional del que fui víctima. 

Decidí usar un método anticonceptivo de amplio espectro por varias razones. Fue una decisión que en su momento medité mucho a partir de los recursos con que contaba. Acudí a asesoría en el Centro de salud que me correspondía y me persuadieron sobre los “beneficios” del implante subdérmico. Me dijeron que mi menstruación podría desaparecer o disminuir, eso me preocupaba porque entonces ya tenía un proceso de reconocimiento con mi ciclo menstrual. Sin embargo decidí colocarlomelo.

Mi menstruación no desapareció ni disminuyó, aumentó significativamente. Tenía sangrados leves a moderados por hasta 25 días seguidos. Esto me preocupó bastante y acudí a consulta con los mismos especialistas que me habían colocado el método. Su respuesta fue que el cuerpo tardaba de tres a seis meses en acostumbrarse y que todo mejoraría. No fue así, seguí sangrando por meses con breves recesos. Mi vida sexual y autoestima se vio afectada. 

Volví a acudir al año a consulta a pedir que por favor me retiraran el implante, que no quería seguir menstruando el 90% del año. Me canalizaron a trabajo social y consejería, ahí me hicieron un montón de preguntas en tono violento: que ¿qué método usaría si me quitaba ese?, que ¿qué haría en caso de quedar embarazada?, que si abortaria, etcétera.

Después de pasar días en consejerías por fin me canalizaron con la médico, pero las preguntas violentas siguieron. Me hizo sentir tan mal, incómoda y cansada que lo único que quería era salir de consultorio con o sin el retiro del implante.

Le expuse mi caso y pareció no importarle. Su solución fue mandarme más hormonas, ahora inyectables, para desaparecer los sangrados. En ningún momento revisó siquiera si el dichoso implante estaba bien colocado para descartar que ese generaba el desequilibrio hormonal.

Enfatizó fue que el Sector Salud no iba a perder dinero quitándome un método anticonceptivo que dura años -sólo porque mi cuerpo no lo asimilaba- para que después yo volviera con un embarazo no deseado a pedir la interrupción legal o seguimiento en obstetricia. En pocas palabras, que lo que importaba era ahorrar costos, no cómo me sentía.

Decidí irme a casa a seguir resignada, a tener en mi cuerpo un método que no quería y que me estaba dañando física y emocionalmente. Las palabras de la médico resonaban en mi mente una y otra vez. Pensé en pedir segundas opiniones; pero si esto había pasado con todo el personal que me atendió por un año, seguramente en los demás sitios sería igual. 

Coticé el retiro en alguna clínica particular pero al ser estudiante sin ingresos económicos no podía cubrir el costo que implicaba. Así viví tres años, odiándome, odiando mi situación, odiando mi cuerpo, odiando no poder hacer nada, odiando las palabras y actitud de los médicos.

Supe que lo que estaba pasando estaba mal, que me habían violentado de manera institucional y sistemática; que habían tratado de persuadirme para no generar costos al Seguro popular a costa de mi salud. Ahora puedo nombrarlo, sufrí y fui víctima de gaslighting institucional por parte del Sector Salud y sus trabajadores. 

Recuerdo el momento en que por fin pude ir a retirarme el implante; de lo emocionada, nerviosa y ansiosa que estaba porque mi cuerpo regresara a la normalidad ni siquiera me hizo efecto la anestesia. Sentí cada corte de tejido que se había encarnado; pero no importaba porque por fin tendría una menstruación normal y podría empezar a reconciliarme con mi ciclo después de odiarlo durante todo ese tiempo. 

Afortunadamente las médicos que me atendieron para el retiro fueron sororas esta vez, me preocupaba que fuera como las veces pasadas. Les expliqué que no quería renovar el implante; que quería mi  cuerpo sin hormonar y sin la violencia y el gaslighting institucional del que había sido víctima; ellas entendieron y lamentaron todo lo que tuve que pasar durante esos tres años.

Si hay algo que aprendí de esta horrorosa experiencia es que nadie, absolutamente nadie, puede forzarme a hacer algo que no quiera con mi cuerpo o decidir sobre él; no importa quién sea o qué autoridad o puesto ejerza.

A pesar de trabajar el amor propio y el reconocimiento de mi cuerpo siempre es un proceso que lleva altibajos y tiempo. Los métodos anticonceptivos funcionan de manera diferente en cada cuerpo; está bien cambiar de opinión u opción y deben de respetarse nuestras decisiones y no victimizarnos ni violentarnos.

Es importante usar métodos de barrera, hormonar nuestros cuerpos es una gran decisión, así que debe de tomarse  a conciencia y con libertad. Siempre se aprende algo por muy deconstruida y libre que una sea,no estamos exentas de violencias -entre ellas el gaslighting institucional-.

Hoy día gozo de mi cuerpo, ciclo y sexualidad sin métodos hormonales y trabajo hacia la construcción de mi propio deseo y placer, fuera de la sexualidad heteronormativa y falocéntrica, como sujeto y no como objeto. Si de algo sirvió todo esto fue para reconectarme más intensamente conmigo misma.

Oleaje

Colectiva Oleaje es un grupo por y para mujeres cuyo principal objetivo es generar espacios para discutir y compartir ideas y experiencias con el fin de generar estrategias para combatir las violencias de género que vivimos a diario.

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