Testimonio: Mi cuerpo y yo, la relación más complicada

Siempre he sido alta, más que casi todas las mujeres que conozco y más que muchos hombres. Cuando era niña, mi cuerpo era más grande que los de mis compañeros y todos me lo hacían notar. ¡Ah! es que a parte de alta, era gorda.

Desde muy joven, mi padre me contó de los peligros de la gordura: mala salud, problemas en las rodillas, mala condición física, problemas con la presión, la respiración… fealdad e infelicidad, el resultado de todos esos factores. También, desde muy chica, me habló muchísimo de lo importante que era controlarme. Mi altura no se podía controlar, siempre iba a ser más alta que el resto de las mujeres, más grande; pero mi peso, sí.

A los 14 años decidí tomar el control y empecé a vomitar después de mis comidas, desde entonces no he parado. Sin darme cuenta, desarrollé un trastorno alimenticio con el que sigo lidiando. Es como si la bulimia ya fuera parte de mí.

Pasé tres años vomitando de 2 a 3 veces al día, hasta que mis papás me encontraron haciéndolo. Me gritaron y regañaron por ser una tonta, ridícula y malagradecida con ellos. Yo no entendía nada. Por muchos años pareció que el mayor anhelo de mi papá era verme delgada; no entendía su enojo, me estaba esforzando en darles algo de qué estar orgullosos. Algo de lo que yo estuviera orgullosa.

Mis papás me tuvieron muy vigilada los meses siguientes a ese incidente y cuando consideraron que ya lo había superado, las cosas volvieron a la normalidad, como si nada hubiera pasado. Nunca me preguntaron cómo me sentía o qué necesitaba, simplemente me castigaron un rato. A partir de ese momento entré en una depresión muy fuerte, me sentía sola, abandonada y odiaba muchísimo mi cuerpo, me odiaba a mí. Había días en los que no soportaba ver mi cara y me hice daño de muchas formas. Sólo me sentía escuchada y acompañada en los blogs Pro Ana y Mia, que visitaba de forma compulsiva.

No importaba lo bonita que fuera o lo mucho que bajara de peso, la verdad es que mi cuerpo no era uno pequeño, fino y esbelto, y nunca iba a serlo. Hace un par de años, todavía me tenía rencor por eso.

Muy pocas personas saben de mi trastorno alimenticio. La gordofobia que tengo hacia mí, es una de las cosas con las que más me cuesta lidiar. Ni siquiera en terapias trabajé el tema. De hecho, esta es la primera vez que hablo abiertamente al respecto.

Hoy, 10 años después, sigo teniendo recaídas con la bulimia, pero ya no vomito diario, ni si quisiera alguna vez al mes, y ya no odio mi cuerpo. Aprendí a amar todo lo que es, y somos, y a agradecer todas las veces que me obligó a sobrevivir. Pero a la vez, hay una parte de mí que todavía quiere alcanzar ese ideal y la validación que conlleva. Esto, y vivir bombardeada de ideales de belleza inalcanzables e hipersexualizados, me lleva a tener una relación complicada con mi cuerpo. A veces muchísimo, pero ahora tengo herramientas para combatirlo.

Relacionarme con otras mujeres desde el feminismo ha sido vital para sanar mi relación con mi cuerpo. Conocer a mujeres de diferentes contextos, y con cuerpos tan distintos al mío, que tenían los mismos miedos y dolores que yo, me hizo darme cuenta de que la culpa nunca fue nuestra y de que no merecemos vivir odiándonos. Gracias a estas redes, pude perdonarme y empezar a trabajar en un genuino amor propio.

Gracias a estas redes, entendí que lo que de verdad merecemos, es justicia. Y la estamos alcanzando.


Nota editorial:

En Oleaje queremos hacer una gran red de mujeres que se cuiden y apoyen. Si has pasado por una situación similar y no sabes a dónde acudir, te dejamos el número de atención psicológica de la UNAM y el contacto de Sorece atención terapéutica feminista (5161 8600) por si requieres de un apoyo especializado.

Si en algún momento quieres compartir tu testimonio, lo recibimos con todo respeto y sororidad.

Oleaje

Colectiva Oleaje es un grupo por y para mujeres cuyo principal objetivo es generar espacios para discutir y compartir ideas y experiencias con el fin de generar estrategias para combatir las violencias de género que vivimos a diario.

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