Testimonio: mi proceso autocuidado a lo largo de un año

“Lo más importante es el autocuidado, estar bien contigo misma, amarte y comprenderte” son oraciones que están presentes en todos lados, pero ¿qué tan cierto es?

Septiembre 2018

Todo estaba a punto de estallar. Mi plan para titularme, el instituto donde había realizado mi servicio social (en el que, por cierto, yo vi una oportunidad laboral luego de dar más de lo que se debía), mi más amado perro había fallecido, no había encontrado trabajo relacionado con mi licenciatura (soy escritora) y en donde estaba laborando (ventas) todo era cada vez más caótico (por chismes de compañeras en los que yo, inocentemente, me involucré).

Todo iba de mal en peor. Pero lo tenía a él, mi pareja, mi pilar, la base de todo. Cuando lo conocí parecía perfecto. No había duda: él era “el chico”, con quien yo quería pasar el resto de mi vida. Como era mi alma gemela, tenía la obligación de estar conmigo y aguantar todos mis problemas, ¿no? La realidad era que no

Octubre 2018

Se quería ir, pero no lo hacía. Yo lo buscaba, y él me recibía. Las pocas veces que yo decidí dejarlo, él volvía y yo le creía. Dependencia emocional. Yo ya no era feliz, ni con él ni con ningún aspecto de mi vida, pero estaba tan abandonada de mí que no lo sabía.

Noviembre 2018

Perdí cinco kilos en un mes. No comía, no dormía, no me bañaba. A ratos, escribía, pero nunca concluía nada, me ganaba el llanto, la duda y el dolor. No podía más, me pesaba la existencia. Me sentía sola, incapaz, perdida…

Inicié mi terapia. Tuve problemas con el alcohol (mi único consuelo) por lo que en la Línea de Ayuda Psicológica UNAM me canalizaron a un centro de prevención contra las adicciones. Ahí conocí a mi (actual) psicóloga. Inicié mi tratamiento a finales de noviembre y fue lo mejor que hice por mí ese año

Diciembre 2018

Inicié, el que yo creía, mi proceso de autocuidado. Quería estar bien, pero ¿para qué? ¿Para quién? Todo eso salió a la luz en mis primeras sesiones. Yo no quería estar bien por mí, quería estar bien para cuando él volviera. Era adicta a su “amor”. Mi vida “feliz” y tranquila era él. Así no se puede vivir, así no te vas a curar, me decía a mí misma, mientras me veía al espejo

2019

Todo dio un giro. 

Apareció una oferta de trabajo como guionista y la acepté. Conocí personas maravillosas. Y, lo más importante, decidí cerrar mis ciclos y sanarme. Como con toda adicción, tuve recaídas: tanto en el alcohol, como en el amor dependiente que tenía hacia él. 

Seguía con mi terapia, lo que me ayudaba a comprender mis pensamientos. No obstante, el gran punto de quiebre en el que pude mirar al pasado y no llorar más fue cuando, una noche de febrero, luego de una jornada de trabajo muy pesada, me abracé y abracé mi dolor con una canción. En ella la voz lírica daba testimonio del dolor que sintió, de la esperanza que tuvo y de cómo todo acabó. 

Eran las tres de la mañana, y yo estaba abrazando mi almohada, mientras lloraba.  La diferencia entre ese momento y los otros de meses anteriores era que ya no sentía lástima, ni pena, ni culpa por mi. Sólo compasión y comprensión.

Sí, ya llevaba cinco meses en terapia y hacía todo lo que se supone que se hace para estar bien (corría en las mañanas, bebía mucha agua, comía bien e incluso había bajado mi consumo de alcohol), pero ¿estaba bien porque quería estarlo o porque es obligatorio estar bien? ¿Hasta qué punto había hecho todo eso por mí y no porque todo el mundo dice que así debe ser? 

¿Cuándo, de verdad, me senté y me comprendí? 

Tenía unas hermosas amigas que me ayudaron durante todo mi proceso, y no me juzgaban, pero yo ¿de verdad no emitía juicios sobre mi?

“Debes ser fuerte, eres feminista, viva el autocuidado, abajo el amor romántico…” Stop.

Todo eso era cierto, y es lo ideal para un mundo mejor. Pero la triste realidad es no nos enseñan a cuidarnos, ni a amarnos de verdad. Nos dicen que merecemos ser felices, pero ¿cómo es la felicidad? ¿Es una meta o es un estado que cambia constantemente?

Me costó mucho, pero entendí que el autocuidado no sólo es mimarte; también es comprenderte, ser compasiva contigo misma y con tus procesos. En mi caso, mi autocuidado fue reconocer que todos los errores que había cometido en el año pasado eran eso: errores, que todos los cometemos, y que lo que importa es aprender de ellos. No había dañado a nadie más que a mí, con mi indiferencia a mi duelo y a mis dolores. Ya no más.

Me aprendí a amar, y aprendí a amar a los demás.

A lo largo de este año no me he relacionado con alguien de nuevo, sólo he salido y conocido. Mi prioridad han sido mis proyectos, mis sueños, mis compañeras, amigas y hermanas.

El amor romántico es un mal grave, ha dañado la sociedad durante siglos; a las mujeres, nos somete, nos lastima. La única salida es el autocuidado, el amor propio, que, creo yo, tiene un noble y bello potencial revolucionario.

“Lo más importante es el autocuidado, estar bien contigo misma, amarte y comprenderte” son oraciones que están presentes en todos lados, pero ¿qué tan cierto es? Bueno, es completamente cierto.

Oleaje

Colectiva Oleaje es un grupo por y para mujeres cuyo principal objetivo es generar espacios para discutir y compartir ideas y experiencias con el fin de generar estrategias para combatir las violencias de género que vivimos a diario.

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