Testimonio: Mientras intentaba encajar en la prepa, abusaron de mí

Hace 8 años, fui víctima de la violencia machista más difícil que he tenido que afrontar. Estaba en la prepa, iniciando el 2o año, cuando conocí a un grupo de amigos “populares” que extrañamente me hablaron.

Digo extrañamente porque siempre he sido una mujer a la que le cuesta trabajo relacionarse con otras personas. Cuando alguien llega y me habla por supuesto que me suelto a platicar, pero no suelo ser quien inicie el contacto.

Después de años de ser una persona que pasaba desapercibida, el hecho de que me hablaran dos compañeros “populares”, a inicios del ciclo escolar, fue impactante.

Me quedé deslumbrada y decidí hacerme su amiga al precio que fuera. En esa época no sabía lo que hoy sí: las relaciones entre mujeres y redes de ayuda son necesarias para no caer en esta clase de violencia.

Era un grupo de tres amigos y la novia de uno de ellos, quien parecía no conocer a nadie más fuera de esos tres hombres. Por supuesto que eran unos machitos violentos. Se la pasaban haciendo chistes y comentarios, sobresexualizando a las mujeres de su alrededor. Y yo quería estar en esos comentarios. Yo necesitaba su aprobación.

Nunca había sido reconocida como una mujer deseada bajo los estándares de belleza prototípicos; cuando lo fuí, en este grupo de amigos, sentí que había cumplido una meta que la sociedad te impone. 

El año escolar avanzó y me junté muchísimo con ellos. Empecé a fumar, a pesar de tener asma y de que me lo hubieran prohibido. Le mentí a mi madre muchas veces para quedarme tarde con ellos “platicando”; en realidad yo no hablaba, sólo oía sus tonterías y “aventuras” de hombres conquistadores, las cuales celebraba.

Hablé mal de muchas mujeres para caerles bien, pues se reían de lo que decía. A este grupo de “amigos cool” entré con una compañera de clases y poco a poco empecé a entablar una verdadera amistad con ella: comíamos juntas, compartíamos nuestras historias personales y platicábamos mucho. Nuestra amistad se volvió real para mí.

Conforme el tiempo pasó, ella se convirtió en una buena amiga, pero en mi interior, yo no dejaba de comparar mi físico con el suyo. Ella siempre me ha parecido una mujer hermosa, y yo todo el tiempo sentía que tenía que ser igual de bella para poder seguir en el mismo grupo de amigos.

Unos de los chicos “cool”, al cual nombraré Pepe, comenzó a coquetearme; obviamente, me empezó a gustar demasiado. Pensé, en aquel momento: “Por dios yo le gusto, no puedo darme el lujo de rechazarlo”.

Así que empecé a ser más linda con él. Me la vivía poniéndole atención, arreglándome todo lo que podía antes de verlo y, por supuesto, accediendo a todas sus propuestas.

Fuí a varias “fiestas” con ellos, donde sólo había alcohol a morir, ni siquiera música, y yo me aburría, ya que siempre he amado bailar en las reuniones. Pero no decía nada y tampoco me iba, aguantaba el aburrimiento y bebía alcohol.

En una de esas fiestas, él me besó. Por lógica, yo sentí que lo estaba logrando. Conseguí que un “chavo cool” me besara, por supuesto que era una gran avance. 

Esa noche no pude dormir y le conté todo a mi amiga, ella se alegró y me dijo que seguro andaríamos pronto. Sin embargo, al otro día él me ignoró por completo. Y así pasaron varios días. El sólo me saludaba de vez en cuando, y de repente se alejó de mí por completo.

Yo estaba confundida. Ni siquiera le escribí para no verme “desesperada”, y aún así me ignoraba. Pasaron los días y decidí fingir que no había ocurrido nada. 

Además, empezó a coquetear frente a mí con mi amiga. Por ello asumí que le daba pena admitir que yo le gustaba, al menos lo suficiente para haberme besado, pues no era la chica prototípicamente bella.

Sin embargo, un día que tuvimos que ir a un museo como actividad escolar, nos juntamos todos y nos vimos. Él me saludó y hablamos, me dijo que no se sentía listo para una relación formal y que lamentaba no haberme explicado eso.

Yo entendí que era normal y pasé por alto que me hubiera ignorado. Por lo menos seguíamos siendo amigos.

Saliendo del museo me invitaron a una de sus fiestas. Mi amiga no quiso ir, así que me fui sola con ellos. Ahora que lo pienso, me doy cuenta de que él me habló ese día específicamente para que yo fuera a la fiesta, pues habían pasado semanas y ni me saludaba.

Pero en ese momento me sentí con la confianza de ir con mi grupo de amigos, de todo un año escolar, a una fiesta más. Cuando llegamos, la casa se veía vacía. 

El dueño nos explicó el lugar era de sus papás y que lo estaban remodelando. Por eso se veía así de vacío, había pocos muebles y, en efecto, noté cubetas de pintura y materiales de construcción, así que no me pareció extraño.

Pasaron las horas, oímos música y tomamos mucho. Fue la primera vez que me puse ebria y aún tengo muchas lagunas mentales. Normalmente me tomaba una o dos copas y listo, pero ese día bebí en exceso.

Él me servía los tragos y yo confiaba en él. Para mí era un amigo con quien había hablado sinceramente, y estábamos intentando llevarnos bien después de ser honestos sobre nuestros sentimientos. Eso era para mí en ese momento. Sin embargo, empezó a coquetearme mucho y volví a confundirme.

Le atribuí mi confusión al alcohol y así lo creí por muchos años. Pero llegó un momento en el que ya no pude seguir despierta. Me quedé dormida en un sillón y desperté cuando él me estaba intentando bajar el pantalón. En la sala donde estábamos no había nadie.

Una parte de mí, en el fondo, sabía que eso no debía ocurrir así. Yo estaba ebria y él me había dicho que no quería una relación formal, pero eso era lo que yo deseaba. Entonces tener sexo no estaba bien, sólo me confundiría más.

Pero él no paraba. No recuerdo si le dije esto o no, pero sé que pasaba una y otra vez por mi cabeza. De pronto yo ya no tenía mi ropa inferior. Me sentía expuesta, en cualquier momento alguien vendría a la sala. Eso sí se lo le dije, pero él no me hizo caso.

Sé que forcejeé para pararme y ponerme mi ropa. No tenía el equilibrio para irme, así que él me “ayudó” a llegar a la puerta. Ahí me desnudó mientras yo estaba casi inconsciente por el alcohol. Aunque quería irme y decir que no, no pude.

Nunca supe si puso algo más en mi bebida o sólo tomé demasiado. Pero sí sé que él me violó, pues nunca di mi consentimiento. Cuando desperté, me vestí y él me llevó en carro al metro más cercano a mi casa. Yo arriesgué mi vida, todavía más, porque manejó ebrio.

Cuando llegué a casa aún estaba ebria, me tiré en mi cama a llorar por horas. Al día siguiente seguí con mi vida y me dije que yo había estado de acuerdo con eso, que sólo estaba confundida por el alcohol. Esto me lo he repetido por años. Hoy sé que no estuve de acuerdo y que él es un violador. 

En realidad nunca he hablado esto con nadie más. Poco a poco me alejé de ellos. Me sentía sucia cuando me veían y en el fondo sabía que todos sus amigos supieron lo que pasó en esa casa. Nunca lo confronté. Por semanas deseé que acabara el año escolar y no volver a verlo. 

Hoy, después de años de preguntarme qué debí haber hecho, si tenía que hablarlo o confrontarlo, callarme y fingir que no pasó nada, denunciarlo… Me doy cuenta de que no fue mi culpa nada de lo que pasó y por fin elegí contarlo.

El simple hecho de poder hablar de algo que me dolió por años y me apenó, es sanador.

Hay un camino largo para sanar esta herida, pero he aprendido que es un gran paso poder contarlo y sentirme en paz conmigo. Librarme de la responsabilidad que sentí de lo que me pasó ese día me ha ayudado a expresarlo.

Hoy sé que compartir mi testimonio puede ayudar, pues si una mujer logra frenar estas violencias y no llegar a sufrir lo que yo, porque encontró mi historia y se sintió identificada, habrá valido la pena hablar de esto.

Quiero ayudar a que otras mujeres puedan entender que los estándares de belleza son dañinos y las presiones sociales para ser aceptada son peligrosas. A veces nos orillan a aceptar situaciones que nos ponen en peligro.

Oleaje

Colectiva Oleaje es un grupo por y para mujeres cuyo principal objetivo es generar espacios para discutir y compartir ideas y experiencias con el fin de generar estrategias para combatir las violencias de género que vivimos a diario.

5 Comments

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