Testimonio: Pedí fuerza a las estrellas y me alejé de la violencia de pareja

Cuando tenía 17 años conocí “al vato” que ejerció violencia sobre mí, sin que pudiera entenderlo en ese momento. Como cualquier hombre, cuando buscó “conquistar”  se comportó como un amor de persona. Me mandaba recados con sus amigos diciendo: “me gustas” y “que bonitos ojos tienes, chinita”, me invitaba a cenar e incluso se inscribió a un curso de teatro que impartía mi primo para verme ahí.

Después de tres meses de “lindos detalles”, me atreví a darle una oportunidad. Jamás había perdido tanto la cabeza por un amor. O al menos en ese momento creí que eso era lo que él estaba aportando a mi vida: amor.

Después de unos meses noté situaciones muy raras, detalles que yo nunca viví en mi entorno familiar. Por ejemplo, cuando él, sus hermanos o su papá llegaban de trabajar en la noche y se sentaban a esperar que su madre les sirviera la cena. Al terminar se disponían a ver la televisión y mandaban a la señora a la tienda por sus “encargos”, sin que ella pudiera opinar. Obviamente era impensable que le dieran gracias.

En ocasiones prefería estar con ella, haciéndole compañía, platicando o escuchándola, mientras planchaba la ropa de su marido y sus tres hijos. Ella lloraba cuando me contaba lo violento que era el señor con ella.

No sólo la insultaba y menospreciaba constantemente, también le pegaba, llegando al extremo de ahorcarla. Nunca me imaginé que mi ex pareja podría ser igual a su papá. Pero poco después entendí que crecer en un ambiente así, donde la violencia es admirada y forma parte de la figura paterna, provocaría que este hombre terminara siendo igual.

De pronto yo me encontré peleando igual con él, por las acciones que tomaba para controlarme, celarme y violentarme; rayando en un exceso que me comenzaba a asustar. Me exigía tener fotos con él, estados de WhatsApp que demostraran lo mucho que lo amaba, etc. Yo no me la acababa si mi última conexión era dos minutos después de haber hablado con él.

Llegué al punto de cerrar todas mis redes sociales y alejarme de muchas amistades, sólo para no pelear más. Sin importar eso, las discusiones fueron cada vez más fuertes.

Al principio nos insultábamos, él me decía comentarios hirientes. En ocasiones, azotaba su cabeza contra la pared. Incluso, intentando golpearme, atravesó una puerta con su puño.

¿Cómo es que alguien a quien amas puede intimidarte tanto? ¿Cómo es posible que esa persona logra hacerte cambiar y perder tu esencia, con tal “demostrarle” cuánto la amas y que eres capaz de hacer cualquier cosa por su compañía?

No logramos darnos cuenta. Es fácil caer en esas relaciones, pues sin querer dejas de pensar en lo que quieres y necesitas. Solamente buscas tener su aprobación, ya que tu mundo gira alrededor del supuesto amor que te dan.

En una ocasión, él terminó conmigo porque estaba saliendo con otra mujer. Yo me sumergí en una depresión que no le deseo a nadie. Estando sola sentí que me derrumbaba, la oscuridad me abrumada hasta convertirme en un mar de lágrimas, provocándome dificultades al respirar.

El hecho de pensar que sin él yo ya no era nada fue lo peor que pude hacerme. Estaba ejerciendo violencia sobre mí al exigirme soportar esa idea. Después de unas semanas terminé volviendo con él. A pesar de que sabía que era dañino, no podía dejarlo, porque tenía miedo de sentir esa soledad y tristeza otra vez. Así pasaron dos años.

Yo sabía que no debía estar con él, pero no tenía la fuerza ni el coraje para dejarlo. Ya no era para nada la misma persona, me sentía tan poco, tal y como él me lo decía cada que se enojaba. Constantemente tenía miedo de él, ya no sabía qué hacer o qué evitar, ni qué decir o callar para evitar una pelea.

Ya no tenía control sobre mi vida ni sobre lo que sentía. En los momentos de intimidad, veía el techo mientras pensaba: “que ya acabe, por favor”. Lo hacía y en seguida me vestía, fingiendo que todo había estado bien. Lo más duro de estas situaciones es no poder hablarlas con alguien. No tener el coraje o las fuerzas de contar lo mal que la estás pasando, pues no lo puedes aceptar.

Siempre buscamos tener la aprobación de la sociedad sin importar cuánta violencia debamos aceptar. Deseamos que piensen que tenemos una relación color de rosa y que todo marcha bien. El simple hecho de que, al estar con tu familia, esa persona te trate tan bien es brutal, cuando sabes que a solas te insulta y te hace sentir tan poco.

Después de unos meses, cuando llegué a casa mientras intentaba dormir, llorando por no poder salir de esa situación, miré el cielo y le pedí a las estrellas que lo alejaran de mi vida. Que si yo no tenía la fuerza para dejarlo que él se alejara. Que se cansara de mí o que conociera a alguien más y así me dejara.

Lo que yo no sabía era que también necesitaba fuerza para no buscarlo. Y sin saberlo comencé a encontrarla. Poco tiempo pasó y las cosas sucedieron de ese modo, supe que salía con otra chica, y pensé: “esta es mi salida”.

Días después de haber terminado, él me llamo y me pidió vernos. Yo accedí, pero en cuanto entré a su casa noté que estaba borracho y solo. Me pidió que me sentara, se colocó frente a mí y me explicó por qué salía con alguien más.

Dijo cosas como: “ve cómo estás tú y comparada con ella”, “es más que tú”, entre muchos comentarios hirientes. En ese momento le dije que me iba, sin embargo, sonó mi celular porque me había llegado un mensaje. Él se levantó de un salto y me arrebato el teléfono. Gritó que era una puta e intentó pegarme, yo corrí a su recamara y me encerré.

Él golpeaba la puerta mientras yo sólo podía detenerla con mis pies. Me encontré  llorando y gritándole que se tranquilizara. Pero eso no sirvió de nada, pues cuando logró entrar, me pego y me tiró a la cama gritándome: “te voy a coger tan duro para que ya no te queden ganas de andar de puta con nadie más”. La violencia con que me trató había llegado a un grave extremo.

Después del forcejeo, pude zafarme y corrí de nuevo, en la sala me alcanzó, me jaló del cabello y golpeó mi cara. Me tiró y empezó a patearme. Como pude me levanté y lo alejé, abrí la puerta y salí corriendo. Llegué a mi casa y lloré hasta quedarme dormida.

Alejarme de la violencia para sanar y reconciliarme con la soledad

Lo siguiente fue alejarme, me fui a vivir a Querétaro, alrededor de tres meses. Poco a poco logré sacarlo de mi vida y agradecí tener cerca a mi familia en este proceso. Pude volver a sentir amor real. No tenía miedo y el ambiente sin violencia me ayudó a sanarme

Viví en casa de mi prima, con quien pude hablar de lo que me había pasado durante el tiempo que estuve con él. Fue la primera vez que me atreví a contarlo. Ella me escuchó y habló mucho conmigo, me ayudó a ver cuanto valgo y me enseñó a ser fuerte, amarme y a aprender a cuidarme.

Gracias a esas charlas entendí qué si yo no me valoraba y cuidaba, nadie más lo haría. Siempre me decía que era hora de aprender a ser fuerte para tener voluntad y así ya no volver con él. De ese modo logré reencontrarme con mi fortaleza y pude dejar a ese hombre por completo. Esta vez fue distinto, no sentía tristeza, depresión ni miedo a estar sola.

Me sentía feliz,  tranquila y muy afortunada al darme cuenta de que el estar sola no es malo. Pasar tiempo conmigo misma es un gran regalo y ahora sé que fue lo mejor que pude hacer por mí. Por supuesto, que me costó mucho trabajo salir de la costumbre y quitarme el apego a esa persona. Sin embargo, cuando comprendí lo mucho que valgo y reaprendí a amarme, me sentí muy afortunada de estar sola, de tenerme a mí, no aceptaría violencia así en mi vida nunca más.

Mi mayor miedo fue la soledad en algún momento de mi vida, pero ahora la veo como mi salvación, mi respiro y una de las cosas más maravillosas que puedo tener.

Oleaje

Colectiva Oleaje es un grupo por y para mujeres cuyo principal objetivo es generar espacios para discutir y compartir ideas y experiencias con el fin de generar estrategias para combatir las violencias de género que vivimos a diario.

5 Comments

  1. Pamela

    Estoy orgullosa de que hayas encontrado la salida a esa situación, y la entrada al camino del amor propio, sobre todo que tengas el valor de contar tu historia para ayudar a qué otras mujeres sepan que no es el único camino vivir en violencia. Te quiero prim

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